Viernes, 2 de junio de 2028
Patricia y yo hemos estado conociéndonos y ahora somos amigas.
Nunca había visto Barbie: La princesa y la plebeya. Le encantó.
Nos pusimos a cantar I’m Just Like You:
I'm just like you (I think that's true)
You're just like me (yes, I can see)
Soy como tú, eso es verdad
Tú eres igual, lo puedo ver.
Después de eso, empezó a contarme sobre su familia para evitar malentendidos.
Me explicó cómo tenía que hablarle a su tío, quien es su tutor desde la muerte de sus padres. Guillermo es un hombre de cincuenta y cinco años, muy arrogante y antipático, pero se hace la mosquita muerta.
De los peores.
Dicen las malas lenguas que el tío Guillermo quiere hacerse con la compañía de la familia DiLaurantis. En el pasado, los padres de Patricia siempre consideraron a Guillermo parte de la familia, a pesar de que no tenían ningún vínculo sanguíneo.
Era el mejor amigo de Enrique, el papá de Paty, por lo que ella lo llamaba «tío Guillermo» con cariño.
Y, así como él, hay mucha gente alrededor de Paty. Yo no sé cómo se mantiene tan tranquila. Siempre les decía a sus padres que ese hombre no le daba buena espina. Por suerte, ellos siempre estaban viajando y no tenía que verlo seguido.
Guillermo es el único que se opone al matrimonio entre Lorenzo y ella.
Aquí algo huele mal.
Como Patricia tiene muchas dudas sobre el alcance del poder de ese señor, además de aceptar solo para llevarle la contraria, está enamorada de Julián Ortega.
Es el abogado de la familia. Lo conoció justo el día de la muerte de sus padres.
Es un buen hombre y la quiere con locura.
Voy caminando hacia el restaurante del hotel Star. Ahí es donde me encontraré con Lorenzo.
De él no me dijo casi nada. Han hablado únicamente por mensajes y solo han tenido un encuentro cara a cara.
Es un hombre reservado, arquitecto, recatado, elegante…
Me puse mi mejor atuendo para esta velada. No todos los días una chica conoce a su futuro esposo en estas circunstancias.
—Buenas noches —digo al entrar en la recepción—. Tengo una cita con el señor Lorenzo Vitali, a nombre de Patricia.
—Sí, señorita. Ahora un compañero la dirigirá al restaurante —dice mientras llama por el telefonillo—. Señor Smith, diríjase a recepción.
Espero unos minutos.
—El señor Smith la escoltará hasta la mesa 507. Que tenga una buena velada —dice mientras sonríe.
—Acompáñeme, por favor.
—Gracias.
No tardamos más de cinco minutos. El trayecto consiste en ir hasta el ascensor y luego acercarnos al restaurante. Smith habla con uno de los meseros y se retira.
—Señorita, aquí está su mesa.
—Muchas gracias.
La mesa está vacía.
El mesero trae el mejor vino, o eso dice, junto con dos copas.
Supongo que Lorenzo pidió que me atendieran así.
A los pocos segundos, aparece un hombre.
Grande. Muy grande.
De espalda ancha, cabello negro y corto, y vestido con un traje de tres piezas negro, con toques azul marino. Debe de medir casi dos metros de altura.
Guapo. Es como un dios griego.
—Buenas noches, señorita Patricia.