Me levanté extraña.
No puedo creer todo lo que pasó este fin de semana.
Creí que sería un fin de semana romántico entre Lorenzo y yo.
Pensé que le contaría toda la verdad y que estaríamos distanciados porque probablemente estaría enojado, pero que, de todos modos, regresaríamos.
Y ahora casi me secuestran, Lorenzo siempre supo la verdad y mi vestido blanco está arruinado.
—Buenos días. Te traje el desayuno —dice Lorenzo mientras abre la puerta de mi recámara.
—Buenos días. Gracias.
Aún estoy un poco molesta porque me ocultó la verdad.
Pero le sigo queriendo. Que sufra un poco más, al menos hasta después del juicio de Guillermo.
—Patricia y Julián vienen para ir con nosotros al juzgado.
—Está bien. Termino y me cambio.
—De acuerdo. Dylan y Dino ya están en el jardín.
—Bien.
¡Qué buena soy fingiendo!
Su carita de perro regañado me parte el corazón.
Pero tiene que entender que las mentiras no son buenas en ninguna relación.
Ya cambiada, llevo unos jeans blancos, una blusa amarilla con el hombro izquierdo descubierto, mis botas beige de tacón, mi bolso blanco y mis gafas de sol blancas.
Perfecta, como siempre.
Bajo las escaleras y encuentro a Lorenzo acariciando las cabezas de los cachorros.
—Su mamá sigue enojada conmigo. Tienen que ayudarme a recuperarla
Los dos inclinan sus cabecitas. Después, ladran y le lamen la cara.
—Ya, ya, tranquilos.
Me aclaro un poco la garganta.
Lorenzo es el primero en ponerse de pie, y los perros vienen corriendo para frotarse contra mis piernas.
—Yo… —estaba a punto de decir algo, pero el timbre sonó—. Deben ser ellos.
—¡Holaaaa! —dicen Patricia y Julián al mismo tiempo—. ¡Qué bueno que ese bueno para nada de Guillermo no te haya hecho nada! —Patricia me frota el hombro.
—Hemos encontrado las pruebas que culpan a Guillermo de la muerte de los padres de Patricia —dice Julián.
—Pero ¿cómo? ¿No se necesita la orden de un juez para revisar una propiedad?
—Tengo algunos contactos. Me consiguieron la orden y encontramos muchas cosas interesantes.
Julián coloca una MacBook frente a nosotros y reproduce un video.
En él, básicamente, se ve un cuarto con fotografías de Patricia por todas partes: desde que era niña hasta su adultez.
También hay videos que parecen mostrar pornografía infantil, ya que él aparece observando esas fotografías y esos videos dandose satisfacción.
Además, hay una carpeta en la que los nombres de los padres de Patricia están tachados con un marcador rojo, junto con otros documentos en los que se indica que contrató a unos matones para que sus muertes parecieran un accidente.
Y todo para quedarse con ella y con el dinero por el que sus padres habían trabajado tanto.
— Por dios, como puede existir personas así
— Siempre me dio una mala espina. Como se acercaba a mi, como me hablaba, por suerte casi nunca lo vi, solo una vez al año y mis padres siempre estaban conmigo. Nunca me dejaron a solas con el, creo que muy en el fondo ellos desconfiaban de el.
— Con estas pruebas ese degenerado estara un buena temporada en la carcel.
Vamos en dos vehiculos al juzgado, Julián junto a Patricia están adelante.
Nostros estamos justo detrás suyo, dandoles apoyo.
— Después de esto, voy a necesitar mirar barbie— le digo a Lorenzo en voz baja
El se empieza a reír
— Ya me apunto— se voltea Patricia
— Perfecto y nos ponemos mascarilllas.
— Y nosotros que— Lorenzo y Julian dicen al mismo tiempo
— Se puden unir o hacer otra cosa
Se miran
— Nos unimos— dice Julian
En ese momento entrar Guillermo, con las manos esposadas y dos guardias en cada lado.
El juez, entra detrás suyo.
— Empiza la sesión...
Después de una hora y media, donde el abogado defensor intento hacer parecer a su cliente como persona no culpable.
El juez dicto sentencia a 420 meses de prisión a Guillermo.
— Me vengaré malditas— nos amenaza a Patricia y a mi.
Llegamos a la casa, nos cambiamos a algo más comodo, nos pusimos mascarillas, Paty y yo tuvimos que ayudar a Julian y Lorenzo a ponerse las suyas.
Hicimos popcorn, servimos dr peper y otras snacks como lays y doritos.
A las seis se fueron, habiamos almorzado filete de pollo con arroz integral y ensalada de pepino.
— Ahora hay que hablar de nosotros