Vitali: Un acuerdo para amarnos

CAPÍTULO 14: AURORA

El tiramisú está quedando espectacular.

El café molido huele genial.

Amo el café.

Sobre todo, mi latte macchiato de Starbucks.

Soy muy feliz.

—Hay que ponerlo en la refrigeradora —dice Lorenzo al terminar.

—Sí, así estará listo para la cena de hoy.

—Mamá me ha llamado. Están haciendo fettuccine alla puttanesca.

—Qué rico, amo la pasta.

—Y también me dijo que está haciendo chinotto como bebida.

—Alguna vez lo he probado. El sabor a cítrico es bastante bueno.

—Todavía faltan seis horas para la cena. ¿Quieres mirar alguna película?

Se me vino una película a la cabeza.

—Hay que mirar la primera película de *Harry Potter*.

—¿Quién?

—Ya sabes, el niño con la cicatriz en la frente, el que derrotó a Lord Voldemort.

—Creo que nunca lo he visto.

—¿Cómo es posible? Todos los hemos visto alguna vez en nuestras vidas.

—Papá nunca fue de ver películas; él prefería explorar que quedarse mirando una pantalla.

—¿Lo extrañas?

—Cada día. ¿Y tú, a tus padres?

—También, cada día.

Nos quedamos en silencio.

—Pues eso va a cambiar. Ahora mismo te voy a enseñar a ver la mejor saga de la historia.

—De acuerdo, vamos.

Voy jalando de la manga de su suéter.

—¿Listo?

—Listo.

Dos horas y media después…

—Quiero ir a Hogwarts.

—Lo sé, yo también. Hay un sitio tipo Disney, pero de Harry Potter, aquí. Si quieres, podemos ir.

—Sí, podemos ir el viernes que viene.

—De acuerdo, compraré las entradas entonces. ¿Tus hermanas querrán ir?

—No lo sé. Hoy, en la cena, les preguntamos.

— Hay que cambiarnos

Los subimos corriendo

Más tarde, a las siete y cincuenta.

—Aurora, ¿estás lista? —pregunta Lorenzo detrás de la puerta.

—Lista —me miro al espejo.

Llevo un vestido celeste, con escote en V y falda en A. Se acomoda perfectamente a mi cuerpo. Llevo unos zapatos plateados a juego con mis pendientes y mi collar.

—¿Cómo me veo? —pregunto al salir.

Lorenzo abre la boca y la cierra muchas veces.

—Te ves muy hermosa.

—Gracias. Tú también te ves muy apuesto.

Tiene un traje gris oscuro, una camisa blanca y su Rolex.

—Tengo una corbata del mismo color que tu vestido. Voy a traerla.

Se va y, unos segundos después, trae consigo la corbata.

—Yo te la pongo.

Me pongo de puntillas para ajustarle la corbata.

—Gracias —lo dice muy cerca de mi rostro.

Ya estoy colorada otra vez. Menos mal que llevo maquillaje.

—Vámonos.

Maneja por menos de ocho minutos y ya estamos en casa de sus padres.

—Madame —me ofrece su brazo después de abrir mi puerta.

—Caballero —entrelazo nuestros brazos.

Unos reímos.

—Señor, señorita, adelante, pasen —nos recibe el mayordomo.

—Gracias, Dimitri —decimos al mismo tiempo.

—Lleva el tiramisú a la mesa, por favor —dice Lorenzo.

—Desde luego, señor —se gira junto con el tiramisú.

Entramos en la casa.

—Hijo, Aurora, qué bueno que ya llegaron —nos dice su mamá—. Ay, Aurora, lamento haberte mentido, pero mi hijo me hizo hacerlo.

—No se preocupe, señora Beatrice, lo entiendo. Además, ya perdoné a su hijo y a ustedes no les guardo ningún rencor.

—Gracias, hija, pero no me llames señora; solo Betty. Ya después me llamarás mamá cuando te cases con mi hijo.

—¡Mamá!

—Yo solo decía —gira la cabeza hacia su hijo—. Te va a encantar el fettuccine —dice mientras entrelaza nuestros brazos.

—Me lo imagino. Lorenzo siempre habla de su comida.

—Te voy a dar la receta.

—Muchas gracias.

—¡Aurora! —me dicen las gemelas.

Me abrazan.

—¡Clones! —dice Lorenzo, abriendo los brazos.

—¡Lorenzo! —me suelta para ir con su hermano.

—La cena está servida —nos avisa el mayordomo.

Nos sentamos: las gemelas, en el lado derecho; la señora Beatrice, en la cabecera; y Lorenzo y yo, en el lado izquierdo.

Todos están mirándome.

—El fettuccine está delicioso —digo después del primer bocado.

—¿Verdad? Creo que esta vez mamá se ha superado —dice Kate, la gemela mayor.

—Gracias, linda. Lo hice con carne picada, como le gusta a mi pequeño Lorenzo.

—Ay, mamá.

Nos echamos a reír.

Hablamos durante toda la cena sobre el tercer año de universidad de las gemelas, los proyectos de Lorenzo y mi pastelería online. La cena fue muy amena.

—Este tiramisú es increíble, Aurora.

—Le echo un poco de cacao al final.

—Ah, pero ese sabor a dulce…

—Kate y Penelope, Aurora y yo queremos invitarlas a una excursión.

—¿A dónde? —pregunta Penelope.

Ya sé diferenciarlas. Penelope tiene los ojos verdes, igual que su hermana, pero los tiene un poco más claros.

—A los estudios de Harry Potter.

—Nos encanta Harry Potter.

—¿Desde cuándo?

—La vimos con unos amigos.

—Creo que eres el único que no la había visto —me dirijo a Lorenzo.

—No es cierto. ¿Tú tampoco, verdad, mamá?

—No, bebé, yo también las había visto —nos reímos todas, menos Lorenzo.

Lorenzo se hace el molesto, pero se ríe con nosotras.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.