El último día de clases nunca se sintió como el último día de nada. El salón estaba lleno de ruido, sillas arrastrándose por el piso y grupos de compañeros corriendo de un lado a otro para pedir firmas en los anuarios. Algunos lloraban como si el mundo estuviera terminando y otros ya hacían planes para la tarde, para la universidad, para la vida entera.
Las cuatro estaban sentadas en el rincón del patio que habían convertido en suyo desde hacía años. El viejo árbol seguía regalando la misma sombra de siempre y, por un momento, parecía imposible imaginar que algo pudiera cambiar.
- “¿Y ahora qué?”, preguntó Daniela, estirándose sobre el césped.
- “¿Cómo que ahora qué?”, cuestionó Adriana mirándola como si hubiera hecho la pregunta más absurda del mundo. “Ahora empieza la vida de verdad”.
- “Qué miedo hablas”, comentó Daniela soltando una risa.
Adriana le quitó una hoja del cuaderno a Teresa y tomó un bolígrafo.
- “A ver, respondan algo”, dijo Adriana y escribió unas palabras y dejó el cuaderno en medio. “¿Cómo te ves a los cuarenta?”
- “Yo quiero una casa grande”, respondió Teresa con una sonrisa. Daniela levantó una ceja.
- “¿Grande? ¿Como mansión?”, cuestionó Daniela.
- “No. Grande porque quiero una familia grande”, respondió Teresa.
- “Lo sabía, desde ahora eres una señora atrapada en el cuerpo de una adolescente”, comentó Daniela. Teresa le lanzó una mirada fingidamente ofendida.
- “¿Y tú qué quieres?”, preguntó Teresa. Daniela se quedó pensándolo unos segundos.
- “No sé. Quiero viajar, hacer cosas, vivir tranquila, solo quiero una vida que se sienta mía”, manifestó Daniela. Adriana tomó el bolígrafo.
-“Yo sí sé lo que quiero”, dijo Adriana.
Las otras tres la miraron atentamente, esperando su respuesta.
- “Tener éxito”, afirmó Adriana.
- “Eso fue demasiado general”, dijo Valeria.
- “No, no lo es. Quiero trabajar muchísimo, tener una buena vida, cumplir mis metas y mirar atrás pensando que lo logré", expresó Adriana.
Entonces las tres voltearon hacia Valeria. Ella las miró un instante.
- “¿Qué?”, preguntó Valeria.
- “Faltas tú”, dijo Teresa.
Valeria bajó la vista hacia el cuaderno y sonrió apenas.
- “Quiero estudiar, trabajar,hacer muchas cosas”, manifestó Valeria.
- “Eso también fue general”, protestó Daniela.
- “Bueno, todavía tengo tiempo para decidir”, dijo Valeria.
Las cuatro rieron. En ese momento ninguna imaginó cuánto tardarían algunas cosas, cuánto costarían otras o cuántas veces la vida les pediría paciencia, pero tampoco imaginaban algo más importante, que muchos años después volverían a sentarse juntas y descubrirían que los sueños no siempre cambian, aunque el camino para llegar a ellos sí.