Vive, igual te van a juzgar

Capítulo 3

Adriana observó su reflejo unos segundos más de lo habitual mientras terminaba de colocarse los pendientes frente al espejo.

Llevaba el cabello cuidadosamente peinado, un maquillaje discreto y un conjunto elegante que había elegido la noche anterior sin necesidad de pensarlo demasiado. Después de tantos años de reuniones, presentaciones y jornadas interminables, escoger qué ponerse para trabajar se había convertido en una rutina casi automática, pero aun así siguió mirándose un instante más.

Detrás de ella, la puerta del baño se abrió.

- “Te quedaste mirando el espejo demasiado tiempo”, comentó Gabriel mientras se acercaba. Adriana giró la cabeza.

- “Buenos días para ti también”, expresó Adriana.

“Buenos días”, dijo Gabriel, quien se inclinó y le dejó un beso en la mejilla, y luego otro. Adriana levantó una ceja.

- “¿Y ahora qué fue eso?”, cuestionó Adriana.

- “Nada”, respondió Gabriel. Ella entrecerró los ojos.

- “Gabriel”, dijo Adriana. Él sonrió con una expresión demasiado inocente para ser completamente creíble.

- “Estoy invirtiendo en mi matrimonio”, manifestó Gabriel. Adriana soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.

- “Qué frase tan terrible”, comentó Adriana.

- “¿Terrible? Me esforcé mucho pensando en ella”, dijo Gabriel, y pasó un brazo alrededor de su cintura y apoyó el mentón sobre su hombro mientras ambos miraban el reflejo frente al espejo. “Aunque hablando en serio, esa cara significa algo”.

- “¿Qué cara?”, preguntó Adriana mirándolo por el espejo.

- “La de estoy pensando demasiado", respondió Gabriel.

- “No tengo una cara para eso”, replicó Adriana. Gabriel sonrió.

- “Claro que sí”, dijo él, le apartó un mechón de cabello detrás de la oreja con suavidad. “Llevamos casi tres años casados, Adriana. Ya aprendí algunas cosas”.

Ella suspiró, odiaba un poco que tuviera razón, no porque estuviera preocupada, no realmente.

Adriana nunca había sido el tipo de persona que dejaba cosas importantes al azar.

Desde joven había tenido planes para estudiar, trabajar, crecer profesionalmente, viajar y construir la vida que quería. Algunas cosas habían salido exactamente como las imaginó y otras habían tomado caminos distintos, pero incluso cuando algo cambiaba ella encontraba una manera de reorganizarlo.

Y la maternidad nunca había estado ausente de esos planes. Nunca había sido un sueño abandonado; solo tenía otro lugar. Era un sueño programado y había pensado en ello mucho antes de necesitar hacerlo, porque Adriana planificaba y siempre lo hacía.

El problema era que había algo que ningún calendario podía organizar las opiniones de otras personas que solían decir "¿Y ustedes para cuándo?", "No deberías esperar demasiado", "Después será más complicado", "Ya tienes estabilidad, ¿qué más estás esperando?"

Lo curioso era que tal vez no lo decían con mala intención y aun así terminaban cansándola.

Bajaron juntos a la cocina y el aroma del café recién hecho ya llenaba el ambiente. Gabriel comenzó a servir dos tazas mientras Adriana tomó el teléfono por costumbre.

Había correos del trabajo, mensajes pendientes, una invitación para una reunión y una nueva notificación del grupo “Promoción San Gabriel - Reencuentro”.

Frunció ligeramente el ceño y abrió el grupo. Había demasiados mensajes, fotografías, emojis y nombres que no veía desde hacía años.

Comenzó a bajar distraídamente por la conversación hasta detenerse en una imagen conocida.

Cuatro chicas con uniforme escolar estaban sentadas bajo un árbol. Daniela hacía una mueca hacia la cámara, Teresa sonreía abrazando una carpeta contra el pecho, Valeria se estaba riendo de algo y ella aparecía levantando una mano mientras hablaba con una expresión completamente seria.

Adriana soltó una pequeña risa, Gabriel dejó una taza frente a ella y, antes de sentarse, se inclinó para besarle la cabeza distraídamente.

- “¿Qué pasó?”, preguntó Gabriel. Ella levantó la vista.

- “Van a hacer una reunión del colegio”, respondió Adriana.

- “¿En serio?”, dijo Gabriel.

Adriana volvió a mirar la fotografía. Ya habían pasado veinticuatro años y era extraño porque sonaba a muchísimo tiempo y, al mismo tiempo, no se sentía así.

Todavía podía recordar a Daniela hablando incluso cuando nadie le había preguntado nada, a Teresa preocupándose por todos y a Valeria riéndose hasta quedarse sin aire.

Abajo apareció un nuevo mensaje de Daniela que decía "Necesitamos vernos las cuatro o voy a perseguirlas una por una".

Adriana sonrió otra vez. Gabriel la observó unos segundos.

- “¿Vas a ir?”, preguntó Gabriel. Ella levantó un hombro.

- “No lo sé”, respondió Adriana. Él arqueó una ceja.

- “¿No lo sabes o ya estás organizando horarios mentalmente?”, consultó Gabriel.

Adriana lo miró en silencio unos segundos. Luego tomó un sorbo de café.

- “Ya estoy organizando horarios mentalmente”, dijo Adriana. Gabriel soltó una pequeña risa.

Y Adriana volvió a mirar la fotografía una vez más. Era extraño pensar cuánto había cambiado todo y más extraño todavía pensar cuánto seguía exactamente igual.




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