Vive, igual te van a juzgar

Capítulo 34

Daniela se apoyó contra la pared del pasillo del ayuntamiento. A las diez y cuarenta y tres, según el reloj de pared, el edificio bullía de funcionarios que entraban y salían de salas de reuniones, portando carpetas de color caqui y expresiones de urgencia administrativa. Había elegido ese punto estratégico, junto a la escalera principal, desde donde podía observar el flujo de personas sin parecer que esperaba a nadie.

Daniela había memorizado el itinerario de Marta. La asistente de Echeverría cubría una baja en la delegación de Economía, lo que significaba que debía presentarse en la sala de juntas del ala este a las once en punto. La reunión era pública y masiva, en ese caos organizado, Daniela confiaba en poder cruzarse con Marta sin levantar sospechas.

Su pulso se aceleró levemente cuando vio aparecer a un grupo de técnicos de Economía por el pasillo lateral. Entre ellos, reconoció a un hombre que había visto en la oficina de Echeverría semanas atrás, antes de la desaparición. No recordaba su nombre, pero sí su manera de sostener las carpetas contra el pecho, como escudos. El hombre no la miró. Siguió hablando con una compañera sobre plazos de ejecución y transferencias presupuestarias.

Daniela escuchó los pasos antes de verlo, que se detuvjeron a su izquierda. Ella giró la cabeza lentamente, manteniendo la expresión de alguien que consulta un mensaje en su teléfono.

El hombre llevaba un traje de corte impecable, sus gafas de sol, oscuras y con montura metálica delgada, resultaban incongruentes en el interior del edificio. Daniela calculó que tendría unos cuarenta y cinco años, aunque la ausencia de expresión en su rostro dificultaba la estimación. Su postura era la de quien ha sido entrenado para ocupar espacio sin parecer amenazante, una habilidad que Daniela asociaba con ciertos tipos de seguridad, ciertos tipos de policía, ciertos tipos de gente que trabaja en los intersticios del poder.

- “Perdone que la interrumpa”, dijo el hombre, con voz grave, modulada, diseñada para proyectar autoridad sin volumen. “Soy de la oficina de coordinación de proyectos urbanísticos. He notado que ha estado consultando material sobre Menorca en nuestros archivos digitales”.

Daniela sintió que el aire se condensaba en su garganta. Mantuvo la mirada fija en la pantalla de su teléfono durante dos segundos más de los necesarios, tiempo suficiente para recomponer su expresión antes de alzar los ojos.

- “Soy periodista”, respondió Daniela. “Los archivos públicos son, precisamente, públicos”.

El hombre sonrió. El gesto no modificó la tensión de sus pómulos, ni la inmovilidad de su mandíbula. Era una sonrisa funcional, como las que Daniela había visto en diplomáticos y abogados defensores, diseñada para ocupar el espacio que una respuesta real debería llenar.

- “Por supuesto. No pretendía sugerir lo contrario”, dijo el hombre. “Solo me preguntaba qué interés específico tiene una periodista de su... reputación, en los proyectos de Menorca. El centro cultural, en particular, ha generado cierta... expectación”.

Daniela notó entonces el auricular. Una pequeña protuberancia negra en su oreja izquierda, casi invisible bajo el cabello canoso y corto, pero visible desde el ángulo en que ella se encontraba. No era el modelo estándar de funcionario. Era más pequeño, más discreto, del tipo que utilizaban quienes necesitaban comunicación constante sin ser identificados.

- “La expectación es noticia”, dijo Daniela, deslizando el teléfono en su bolsillo. “Y la noticia es mi trabajo”.

El hombre inclinó la cabeza, un gesto que podía interpretarse como reconocimiento o como advertencia. Sus gafas reflejaron las luces del pasillo, ocultando sus ojos durante un instante que a Daniela le pareció deliberadamente prolongado.

- “Menorca es un barrio en transformación”, continuó el hombre, como si ella no hubiera hablado. “Muchos intereses convergen allí. Intereses legítimos, por supuesto, pero también... otros. En mi experiencia, quienes investigan demasiado pronto a veces se encuentran con información que no saben cómo procesar”.

La amenaza, si era que lo era, llegaba envuelta en una cortesía tan pulida que Daniela tardó un segundo en reconocerla. Cuando lo hizo, sintió un escalofrío, pero mantuvo la postura relajada, la distribución del peso equilibrado entre ambos pies, lista para moverse en cualquier dirección.

- “Yo tengo buena capacidad de procesamiento”, respondió Daniela. “Es parte de mi formación”.

El hombre volvió a sonreír, y esta vez algo cambió en su rostro, una contracción muscular casi imperceptible alrededor de los párpados que Daniela interpretó como frustración contenida. Antes de que pudiera responder, un grupo de funcionarios pasó entre ellos, arrastrando una conversación sobre índices de precios de consumo, y el hombre retrocedió medio paso, permitiendo que el flujo de gente los separara momentáneamente.

Daniela aprovechó el intervalo para escanear el pasillo en busca de Marta. No la veía. El reloj marcaba diez y cuarenta y siete. La reunión de Economía comenzaría en trece minutos, y Marta debía estar ya en el edificio, preparando documentación, distribuyendo carpetas, realizando las tareas invisibles que hacían funcionar la maquinaria administrativa.

- “Disculpe la interrupción”, dijo el hombre, reapareciendo a su lado con una fluidez que sugería práctica en el movimiento entre multitudes. “Solo quería ofrecerle mi tarjeta, por si necesita... orientación sobre los proyectos de Menorca. A veces la información oficial no cuenta toda la historia”.

Extendió una tarjeta de cartulina blanca, sin logotipo, sin nombre, solo un número de teléfono impreso en tipografía sencilla. Daniela la aceptó con dos dedos, sin mirarla, y la deslizó en el bolsillo de su blazer.

- “Gracias por su... orientación”, dijo Daniela.

- “Un placer, señorita Ruíz”, dijo el hombre, y el uso de su apellido, que ella no había mencionado, cayó entre ellos como una losa. “Que tenga un buen día”.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.