Vive, igual te van a juzgar

Capítulo 63

Andrés abrió sin saludar, simplemente se hizo a un lado para dejarla pasar. Era extraño recibirla en la madrugada, pero cuando Daniela empezó a contarle lo que había pasado con Adriana, él supo que no podían esperar por más tiempo, el testigo estaba vivo y esa pieza era importante.

- “¿Adriana está bien?”, preguntó Andrés, cerrando la puerta con tres cerrojos que accionó en secuencia.

- “Físicamente, sí. Chen no firmó con ella. Pero Echeverría la está siguiendo, o protegiendo, o las dos cosas. No está claro”, respondió Daniela.

Andrés se dirigió a la mesa del centro de la habitación, donde tres pantallas mostraban líneas de código que Daniela no intentó descifrar.

- “Marta Díaz”, dijo Andrés. “La asistente del concejal. La que desapareció”.

- “¿Qué tienes de ella?”, cuestionó Daniela.

- “Anoche revisé los servidores del ayuntamiento. No debería haber podido, pero dejaron una puerta abierta que no sabían que tenían. Un error de configuración en el backup de 2019. Marta tenía acceso a los sistemas de archivo del concejal. No solo como asistente administrativa, tenía permisos de nivel tres, los que se dan a personal de confianza con información sensible”.

Daniela se acercó a la pantalla. Andrés había abierto un directorio.

- “Esto es una carpeta de preparación”, continuó Andrés. “Marta la creó manualmente, no fue un backup automático. La nombró con un código que parece aleatorio, pero que tiene su fecha de nacimiento invertida. Si alguien buscaba archivos del concejal, nunca encontraría esto. Pero si Marta quería recuperarlo, sabía exactamente dónde mirar”.

- “¿Qué contiene?”, preguntó Daniela.

Andrés abrió el archivo. No era un documento de texto, ni una hoja de cálculo, ni nada que Daniela reconociera inmediatamente. Era una lista de nombres en una columna, fechas en otra, cifras en una tercera, y en la última, abreviaturas que parecían referencias a empresas.

- “No es una confesión”, dijo Andrés, anticipando la pregunta. “Marta no explica nada, no acusa a nadie, no dice por qué hizo esto. Solo... lista. Como quien prepara un paquete de documentos para alguien que vendrá después”.

Daniela leyó los nombres en voz baja, sintiendo cómo cada uno resonaba de manera diferente en su memoria. Algunos eran desconocidos, funcionarios de rango medio que aparecían en actas municipales que ella había revisado docenas de veces. Otros eran empresarios locales, dueños de constructoras que habían ganado licitaciones en los últimos años. Y luego, en la mitad de la lista, reconoció uno que la hizo detenerse:

- “Aguirre”, murmuró Daniela. “El inspector de Urbanismo. El que está presionando a Valeria”.

- “Aparece tres veces”, confirmó Andrés. “Fechas de 2016, 2018 y 2019. Siempre con la misma empresa, Construcciones Hermanos Rodríguez. Siempre con cantidades que no coinciden con ningún contrato público registrado”.

Aguirre, el hombre que había aparecido en el estudio Moris exigiendo resultados, que había visitado a Pilar para advertirle sobre colaborar con el proyecto de Menorca. Aguirre, que ahora aparecía en una lista de pagos ocultos preparada por la asistente de un concejal desaparecido.

- “Esto no demuestra nada por sí solo”, dijo, más para sí misma que para Andrés. “Podría ser sobornos, podría ser algo legal mal documentado, podría ser…”

- “Hay más”, interrumpió Andrés. “Mira el último nombre de la lista. El que añadió tres días antes de desaparecer Echeverría”.

Daniela desplazó la pantalla hacia abajo. Los nombres seguían, una secuencia que parecía no tener fin, hasta que llegó al final. Y allí, en letras que Marta había escrito con un cuidado que contrastaba con el resto del documento, leyó:

Tomás Echeverría. 11/03/20XX. Chen Holdings Asia Pte. Ltd. S$ 450.000.

El concejal. Su propio nombre en la lista de pagos. La fecha tres días antes de que desapareciera.

- “Esto no tiene sentido”, dijo Daniela, y notó que sus dedos habían empezado a temblar, lo que la obligó a cruzar los brazos para ocultarlo. “Echeverría estaba investigando irregularidades. ¿Por qué aparecería recibiendo dinero de Chen Holdings?”

- “Hay tres explicaciones”, respondió Andrés, contando con los dedos de una mano. “Una: Echeverría estaba corrupto, descubrió que lo iban a expulsar, y huyó antes de que lo pillaran. Dos: alguien falsificó su nombre para incriminarlo, y Marta lo descubrió, por eso lo añadió. Tres…”

Se detuvo, como si la tercera opción fuera demasiado peligrosa para pronunciar en voz alta.

- “Echeverría recibió ese dinero por algo que no era corrupción. Por información, quizás. O por protección. O porque estaba haciendo algo que requería recursos que el ayuntamiento no le daba”, completó Daniela.

Andrés asintió lentamente.

- “La fecha coincide con algo más. Ese mismo 11 de marzo, Chen Holdings transfirió fondos desde Singapur a una cuenta en Luxemburgo. La misma cantidad, en dólares singapurenses convertidos a euros. La cuenta destinatario está a nombre de una fundación sin ánimo de lucro registrada en nuestro país hace seis meses”, expresó Andrés.

- “¿Qué fundación?”, preguntó Daniela.

- “Memoria y Futuro de Menorca, que es el proyecto de participación ciudadana que supervisa Aguirre”, respondió Andrés.

Daniela sintió que las piezas empezaban a girar, no para encajar, sino para formar una configuración que no había previsto. Chen Holdings, el mismo conglomerado que había intentado contratar a Adriana en Singapur, financiando indirectamente el proyecto de Menorca. Aguirre, el inspector presionando para acelerar ese proyecto, apareciendo en una lista de pagos de Marta Díaz. Y Echeverría, el concejal desaparecido, con su nombre en la misma lista, tres días antes de que dejara de existir como persona pública.

- “Necesito hablar con Marta”, dijo Daniela, y la determinación en su voz la sorprendió incluso a ella misma. “Si huyó, si la obligaron, si está colaborando con alguien... necesito saber qué vio, qué preparó, por qué dejó esto para que lo encontráramos, por qué me está entregando todo a medias”.




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