En la habitación del hotel de Singapur, Adriana dejó que el teléfono sonara cuatro veces antes de atreverse a pulsar el botón verde. Afuera, el jardín tropical del hotel brillaba bajo la luz artificial, las plantas dispuestas en patrones geométricos que imitaban el orden de la selva pero sin su caos.
- “Arquitecta Vargas”, dijo Echeverría al otro lado,
- “Qué hace en Singapur y porqué me busca”, cuestionó Adriana.
- “Chen Holdings”, dijo Echevarría, “¿Sabía que intentaron contratarla hace tres años a través de un intermediario?”
- “¿Cómo?”, replicó Adriana.
- “En 2017, Chen Holdings Asia estaba buscando arquitectos para una torre residencial. Pero eso era solo la superficie. Bajo el agua, operaban de otra manera”, comentó Echevarría.
- “¿De qué manera?”, preguntó Adriana.
- “Chen Holdings no es solo una inmobiliaria. Es una estructura para mover capital entre jurisdicciones. Proyectos legítimos en la superficie, flujos de dinero que desaparecen en capas de sociedades pantalla debajo. Yo lo descubrí cuando revisé los expedientes del polideportivo de Menorca”, expresó Echevarría. “Los planos y detalles arquitectónicos fueron elaborados supuestamente por Jaime Moris; pero la ejecución del polideportivo fue adjudicado a Construcciones Hermanos Rodríguez, en una asociación pública-privada, parte del dinero para construirlo venía de otro lado. Una fundación llamada Memoria y Futuro de Menorca. Esa fundación recibió una transferencia de Chen Holdings Asia el 14 de marzo de 2017. Tres millones de dólares. El mismo día que yo supuestamente recibí cuatrocientos cincuenta mil en una cuenta que supuestamente abrí con pasaporte falso en un banco de Orchard Road”.
Adriana sintió que necesitaba sentarse, pero no lo hizo. Se quedó de pie frente a la ventana, viendo cómo una planta tropical movía sus hojas en un patrón que parecía aleatorio pero que seguramente había sido calculado por algún diseñador paisajista.
- “Usted recibió dinero de Chen Holdings”, dijo Adriana.
- “No (la voz de Echeverría adquirió una urgencia que antes no tenía) Recibí dinero de la misma operación, pero no de ellos. Del otro lado. Yo pensaba que estaba investigando una irregularidad administrativa. Cuando descubrí la conexión con Chen Holdings, intenté documentarlo todo. Pero alguien más estaba haciendo lo mismo, desde dentro. Alguien que sabía que yo estaba cerca, que necesitaba que yo recibiera esa información sin que pareciera que venía de ello”, expresó Echevarría.
Adriana intentó seguir el hilo, pero la geografía de la conspiración se extendía en demasiadas direcciones. Menorca, Singapur, Chen Holdings, el polideportivo, el dinero que aparecía y desaparecía en cuentas bancarias.
- “¿Por qué yo?”, preguntó Adriana. “¿Qué tiene que ver mi trabajo con todo esto?”
- “En 2015”, dijo Echeverría, “usted diseñó un edificio multifuncional comunitario para un concurso en Menorca. No ganó, pero su propuesta quedó archivada. Una estructura modular, espacios flexibles, una fachada que respondía a la orientación solar. Ese diseño fue revisado en 2017 por alguien que trabajaba para Chen Holdings. No para construirlo. Para usarlo como plantilla. La misma estructura modular, pero adaptada a un propósito diferente. Un centro de procesamiento de datos camuflado como edificio comunitario. En Menorca, cerca del polideportivo, donde la fundación Memoria y Futuro había comprado terrenos con el dinero de Singapur”, manifestó Echevarría.
Adriana sintió que el suelo de la habitación del hotel se inclinaba ligeramente, esa sensación de desequilibrio que precede al vértigo. Recordaba ese concurso. Había trabajado durante meses, obsesionada con la idea de un espacio que pudiera transformarse, que respondiera a las necesidades de un barrio que estaba cambiando.
- “Usaron mi diseño”, dijo ella, y su voz sonó extraña, como si viniera de muy lejos.
- “Usaron la estructura”, corrigió Echeverría. “La fachada, la distribución de espacios, la lógica constructiva. Pero el propósito era diferente. Necesitaban un edificio que pareciera legítimo, que tuviera la aprobación del ayuntamiento, que respondiera a las necesidades reales del barrio. Pero en el interior, espacios diseñados para albergar servidores, sistemas de refrigeración masivos, conexiones de fibra óptica que no aparecían en los planos presentados a Urbanismo. Su diseño les daba la cobertura perfecta. Un centro comunitario que nadie cuestionaría”.
Adriana se sentó finalmente, en el borde de la cama, con la espalda recta y las manos sobre las rodillas. La habitación del hotel parecía haberse vuelto más pequeña, las paredes blancas más cercanas.
- “¿Por qué necesitaban que yo viniera a Singapur?”, preguntó Adriana. “Si ya tenían el diseño, si ya habían construido... ¿qué más querían de mí?”
- “Porque el edificio no funciona”, dijo Echeverría. “O más bien, funciona demasiado bien. La refrigeración que diseñaron para los servidores está fallando. La estructura modular que usted ideó, pensada para espacios flexibles con ventilación natural, no soporta la carga térmica de un centro de datos. Hay grietas en las losas. Humedad en los muros que no deberían estar ahí. Chen Holdings necesita a alguien que entienda ese diseño, que pueda explicar por qué está fallando sin revelar que el edificio nunca fue lo que parecía. Necesitan a la arquitecta original para que elabore un informe técnico que justifique una remodelación urgente, que permita entrar en el edificio con equipos de construcción sin levantar sospechas. Necesitan su nombre, su credibilidad, su firma en un documento que explique por qué una estructura que debería funcionar perfectamente está mostrando signos de estrés estructural; lo del puente era un pretexto para darle el otro proyecto”.
Adriana cerró los ojos. Entendía ahora por qué Chen Holdings insistían en su presencia física durante los primeros seis meses, querían que arreglara algo que ya habían construido sobre sus planos, que limpiara el desastre que habían creado al usar su trabajo para propósitos que nunca había imaginado.