La respuesta de Echeverría llegó después de una pausa tan larga que Adriana pensó que la llamada se había cortado. Cuando habló, su voz sonaba más cercana, más íntima, como si se hubiera acercado físicamente al teléfono.
- “No era solo el polideportivo”, dijo Echeverría. “Eso era solo la punta visible. Lo que descubrí, lo que intenté documentar antes de que me encontraran, era un sistema. Una arquitectura de corrupción que conectaba contratos municipales, fundaciones benéficas, empresas inmobiliarias y estructuras offshore. Chen Holdings era solo una pieza, aunque importante. El dinero que venía de Singapur no se quedaba en nuestro país. Circulaba. Se lavaba a través de fundaciones, se reinvertía en otros proyectos, se distribuía entre personas que nunca aparecían en los papeles oficiales”.
- “¿Y qué tenía que ver mi diseño con todo esto?”, cuestionó Adriana.
- “Su diseño era la prueba”, dijo Echeverría. “La prueba de que el sistema había evolucionado. En 2015, usted propuso un edificio multifuncional comunitario para Menorca. Esa propuesta quedó archivada, pero no olvidada. En 2017, alguien la rescató. No para construir lo que usted había diseñado, sino para usar la estructura, la lógica constructiva, la apariencia de un proyecto legítimo. Construyeron algo que parecía un centro comunitario pero que en realidad era una infraestructura técnica. Un nodo en una red que no tenía nada que ver con el barrio, con la gente, con las necesidades reales de Menorca”.
Adriana sintió que algo se cerraba en su pecho, una comprensión que llegaba demasiado tarde pero con toda su fuerza.
- “¿Ahora que decidí no trabajar con ellos qué pasará?”, preguntó Adriana.
- “Chen Holdings copió la estructura pero no entendió el alma. Usaron la forma pero vaciaron el contenido. Y ahora, cuando ese edificio falsificado finalmente colapse, cuando la estructura que nunca debió soportar esa carga termine por rendirse, va a haber un vacío en Menorca. Un espacio donde algo debería existir. Y ahí es donde entra su diseño original. No como copia, no como adaptación. Como lo que siempre debió ser, la investigación llevará a eso y a la punta del Iceberg y lo que tiene que venir después”, respondió Echevarría.
Adriana sintió que algo se movía en su pecho, una mezcla de terror y esperanza que no sabía cómo nombrar.
- “Estoy en Singapur porque no puedo volver.. Porque hay personas que me buscan, que tienen recursos que no puedo imaginar. Cada día que paso aquí es un día que gano, un día que pierden ellos. Pero también es un día que pierdo yo, que pierde la posibilidad de que esto termine, de que la verdad salga a la luz, de que las personas responsables paguen por lo que han hecho”, continuó Echevarría
Adriana permaneció en silencio, mirando el jardín tropical donde el agua seguía su movimiento circular, perfecto, interminable, ella suspiró, como si necesitara la determinación que la envolvía cada vez que tenía que hacer algo que era lo correcto, pero que no siempre era algo sencillo.
Adriana, pensó en la vida que había dejado atrás para venir a Singapur pensando que estaba aceptando una oportunidad profesional, un desafío creativo, un salto en su carrera. Pensó en el concurso de 2015, en los meses de trabajo, en la ilusión de crear algo que mejorara la vida de las personas, en la derrota y el olvido.
- “Dejará el hotel, tomará un vuelo que no está en ninguna reserva oficial, volverá a casa. Y cuando esté a salvo, y piense en lo que realmente debe hacer, decir la verdad o vivir como si nunca lo hubiera sabido. Ahora igual ellos seguirán con su plan B, construirán en Menorca una nueva edificación para reemplazar a ese edificio que nunca debió existir. Un centro cultural que no tiene realmente ese fin”, dijo Echevarría.
- “¿Cómo sé que esto no es otra trampa?”, preguntó Adriana. “¿Cómo sé que usted no está intentando usarme de la misma manera que Chen Holdings, solo con fines diferentes?”
- “No puede saberlo”, dijo Echeverría. “Y eso es lo más honesto que puedo decirle. No puede saber si estoy diciendo la verdad, si al final de todo esto no resultará que yo también soy parte del problema. Lo único que puede saber es lo que usted misma decida hacer. Si el riesgo de ser utilizada, de ser traicionada, de ser otra víctima de este sistema, compensa la posibilidad, remota, de que esto termine de otra manera".
La línea se cortó sin despedida, como si Echeverría hubiera estado hablando contra un tiempo límite que solo él conocía. Adriana dejó el teléfono sobre la mesa de noche, se sentó en el borde de la cama.
Dejaría el hotel, tomaría cualquier transporte que la alejara de allí, volvería a su país. Y entonces, finalmente, después de todo, recibiría la explicación que Echeverría no le había dado. La que la haría entender qué había estado protegiendo, qué había valido la pena todo esto, qué se construiría realmente en Menorca cuando todo terminara.