Jamás creí experimentar nuevamente ese sabor a pertenencia; sin embargo, esta familia me volvió a llenar de vida a pesar de que yo creí que estaba a la deriva. Más que nada porque a esta edad no creí volver a sentir tanto cariño, sobre todo después de cada capítulo en mi vida que me hizo creer que ya no recibiría cariño nuevamente.
Fue la mejor sensación que se me ha permitido, así que si el Todopoderoso me dió éste último regalo antes de mi partida, le estaré eternamente agradecida porque una vez más esa sensación cálida ante las relaciones humanas había vuelto a mí. Además debía admitir que el poder contar mi vida de forma tan abierta me ha ayudado a darle un cierre a los malos episodios, pero también podía honrar los mejores años de mi vida ahora que al menos alguien conocía lo que pasé.
En algún momento esos jóvenes crecerán y seguirán su vida dejándome atrás como mis niños lo hicieron y quizás en un par de años sea un recuerdo difuso en su memorias, pero me basta saber que en mi historia son el mejor capítulo final que jamás pude haber imaginado.
-Muchas gracias— lágrimas salían de mis ojos, mientras admiraba con devoción el dije—. Lamento no poder darles un regalo también.
-Está bien, no se preocupe— me calmó la señora posando afectuosamente su mano sobre la mía—. Lo mejor que nos puede regalar es su pronta recuperación, señora Daría.
-Además de sus anécdotas— agregó el señor animado bajo la mirada molesta de su esposa— lo siento... espero que mejoré, por favor.
Sabía que ellos tenían la esperanza, pero algo en mí me decía que no sería así y eso no significaba algo negativo porque yo ya estaba completamente feliz con todo esto y no le pedía más a Dios o a la vida.