[Hace tiempo atrás]
Mi relación con él no fue la más larga que tuve, sin embargo duramos casi dos años de no ser porque hubo un importante suceso que dió fin a nuestra relación. De hecho, hubo alguien importante que fracturó aún más la relación que mi propia madre, la cual cada vez que nos llegaba a ver juntos soltaba un par de comentarios malintencionados.
-¿Otra vez vas a salir con ese pusilánime?— escupió con molestia una vez que me vio lista para salir.
-Sí, madre y él no es un pusilánime. Deja de decirle así— traté de no hablar de manera tan brusca porque sería una falta de respeto; no obstante, detestaba que se refiriera así a mi novio.
-Es la verdad— se encogió de hombros sin retractarse en lo más mínimo—. Es un inútil muerto de hambre y es un pusilánime porque se le ve de lejos que le falta convicción.
-Por favor no digas eso. Ramiro ha sido muy respetuoso contigo, sería amable que lo fueras de vuelta— traté de argumentar con timidez.
-Ese chico es pura apariencia, además no le he faltado al respeto es solo la verdad— ni siquiera terminamos la conversación porque regresó a la cocina.
Suspiraba resignada a quizás jamás tener su aprobación, ya había desistido con el matrimonio porque ese hombre se retractó después de un tiempo y no le quedó más remedio. Además su actual novio había dejado de mirarme tan descaradamente lo que la mantuvo mucho más tranquila. Por otra parte, existía una persona que era incluso peor de intrigosa y malintencionada que mi madre en cuanto a esta relación— aunque jamás creí eso posible—, y esa era la madre de Ramiro, mi novio.
-Hola, cariño— saludó dulcemente la señora González una vez que la encontramos en nuestra cita al parque— ¿Llegarás muy tarde a casa?— me ignoraba “olímpicamente”.
-Mamá— Ramiro le realizó un gesto para que me saludará.
-Ah…— una sonrisa carente de alegría, se formó en su rostro— Daría, no sabía que estabas aquí— su sonrisa se borró automáticamente—. Debí suponerlo— murmuró resentida—. Dime, ¿cómo has estado?
-Ah, bien gracias, señora González— mi sonrisa algo incómoda me delataba.
-Cariño…— cuando escuché ese tono de voz me dió nauseas, no se refería a su hijo; me hablaba con evidente sarcasmo a mí— ¿no crees que ese vestido es demasiado vulgar?
Miré aquel vestido que conseguí en descuento después de hacer varias tareas en el pueblo y conseguir un par de centavos por ellos. Me parecía lindo y casual con ese estampado floreado a juego con la estación primaveral; además era de corte cocktail por lo que era bastante cómodo con el calor que comenzaba y no se ceñía demasiado a mi figura.
-Es de mal gusto utilizar algo arriba de la rodilla— señaló con disgusto y era verdad, el vestido quedaba exactamente arriba de la rodilla, ni un centímetro más ni uno menos—. Deberías vestirte con mayor cuidado; aunque sé que tu madre no es el mejor ejemplo porque es una mujer divorciada.
-¿Qué tiene de malo que sea una mujer divorciada?— no pude “morderme la lengua”.
-El matrimonio no es cualquier cosa— explicó con superioridad—. Tu madre se lo tomó muy a la ligera. Un matrimonio es para toda la vida.
-¿Incluso si ya no hay amor?— cuestioné a la defensiva, quizás mi madre no sea la mejor, pero no tenía por qué escuchar esa clase de cosas—, ¿o si hay dolor y golpes?— no pude evitar señalarla con molestia; oficialmente le acababa de faltar al respeto a la señora González—. Dígame, ¿hasta dónde mi madre tenía que soportar a mi padre para que fuera válida su decisión?, ¿o lo mejor sería que muriera así?
-¡Yo no he dicho eso!— gritó completamente ofendida— ¿por qué él la mataría? ¡Es su esposo!
-Lo era— recalqué aún molesta—. En cuanto a mi padre… era muy violento— concluí el tema, pero ella no cedería con tanta facilidad.
-No, solo la golpeaba un poco y eso no es la gran cosa— estaba completamente segura de lo que decía—. Eso suele pasar cuando uno es algo torpe y hace enojar a su esposo.
Asentí sin remedio, no porque estuviera de acuerdo; más bien quería dejar esa platica y simplemente irme a otro lado para calmar mis molestias y parecía que ella también. Ramiro se fue con su madre y yo regresé sola a mi casa, tres días después sería ese fatigo día en el que terminamos.
-Daría— comenzó marcando su distancia, ya no había rastros de ese amor que tanto profeso y desbordó en su mirada—, ya no quiero salir más contigo.
-¿Qué?— atiné a decir sorprendida.
-No es la primera discusión que tienes con mi madre y honestamente no quiero que siga siendo algo recurrente en esto— hizo una pausa y me miró fijamente a los ojos, carentes de emoción, más bien parecían vacíos o ausentes—. Mi madre es sagrada y no estaría jamás con alguien que siempre le cause tales disgustos.
-Pero…
-No tiene sentido; además… quizás todos tengan razón— su comentario me dejó expectante y aunque no tenía la certeza, algo en mí sabía bien lo que diría— tú eres… una mujer… no lo suficientemente recatada o agradable. Tu mala fama te precede y… no quiero algo así en mi familia, tampoco tus raras y vulgares ideas que hacen que parezca que te insinuas con esa ropa y tu carácter que a veces tienes… creí que era algo de solo “esos” días, pero no puedo lidiar con ello. No puedo lidiar contigo y tampoco quiero intentarlo. Adiós, Daría.