Irene y Axel estaban bastante emocionados por tener alguna ocupación en la cocina, al parecer ser de ayuda les generaba suma satisfacción por lo que aquello solo me generaba una especie de calidez en el pecho porque al fin alguien después de algunos años me acompañaría a cocinar y comer. Al menos ya no vería solo mi plato en la mesa y me consumiría el silencio inicial que llenaría con el sonido de la música que había en la radio.
Como me parecía un día especial quise que elaboráramos, dado el clima, un buen pozole que tenía años que no hacía o que mucho menos tenía ganas de volver a cocinar si era simplemente para mí nada más. Por suerte, era un plan que tenía desde el día anterior y por ello había lavado correctamente mi maíz anoche y solamente los puse a ayudarme a picar la verdura mientras me encargaba de la cocción de la carne y preparación del caldo que rigurosamente aprendí a hacerlo rojo porque era el favorito de mi esposo.
-¿Nos contará ahora cómo se ganó la confianza de Princesa?— parecía que Axel no podía esperar más por la continuación de mi anécdota.
-Claro— me reí sonoramente.
[Veintiún años antes]
Llevaba un año yendo— tan constante como mi trabajo me lo permitía— a visitar a Princesa y así poder mejorar mi relación con ella y me centré tanto como pude; por ello fue el ave que más visité mientras que al restó saludaba y ayudaba rápidamente para luego enfocar mi resto del día en Princesa. Al inicio su mirada altiva no cambiaba en lo más mínimo por más que le mostrará algunas cosas que podían capturar su atención, como piedras, ramas, pequeñas pelotas y otros tantos objetos que ella pudiera tomar con facilidad.
Así que algunas semanas de intentarlo y no obtener el más mínimo avance me tomé un tiempo y me senté en el suelo, mientras ella me observaba desde la rama de un árbol. Así que empecé a hablar aún más con ella de lo que lo había intentado anteriormente.
-Sabes…. he intentado aprender cómo acercarme a ti, pero aún no sé cómo— me giré a verla y le sonreí—. No es reclamo ni nada por el estilo, supongo que es molesto que una humana venga a invadir constantemente tu espacio, ¿así se sentirá mi esposo cuando lo presiono por ir al médico?— sentí que mis ojos querían aguarse—. Te aseguró que solo deseo lo mejor para ti…
Me miraba fijamente y aunque no lo sabía de manera certera tenía la sensación que ya no le irritaba tanto mi presencia y más bien me veía con algo de curiosidad y pensar en que ya no estaba tan a la defensiva me hizo feliz.
-¿Te molesta si canto?— le pregunté y obtuvo un pequeño graznido como respuesta.
Al menos esa fue la primera interacción que recibí de su parte. Así que me quedé pensando un poco en qué quería cantar exactamente. Fue entonces que me acordé de una canción que me gustaba bastante de Lola Beltrán dado que su rango vocal me parecía bastante comódo, además de su interpretación específicamente en la canción “Paloma negra”. Así que me dispuse tranquilamente a cantarle dicha canción e interpretarla tal cual como si yo estuviese atravesando aquello todavía y estuviese así de dolida.
-¿Qué te pareció?— le pregunté, pero ya no la vi donde estaba anteriormente posada— ¿Princesa?
Me giré a buscarla y es cuando noté que se posó aún más cerca de mí; aunque ahora estaba a mi lado derecho a escasos centímetros de posarse sobre mí. Así que decidí tomar aquello como un halago y pensar que le agradaba oirme cantar.
-¿Quieres que canté otra?— obtuve un graznido más sonoro como respuesta— De acuerdo, ¿quieres cantar conmigo?
En esta ocasión decidí cantar “La basurita” de Beatriz Adriana, mientras Princesa graznaba acompañándome en las partes más altas de la canción. Fue el momento más ameno de mi día hasta que una bella risa familiar se escuchó detrás de nosotras.
-Parece que ya se llevan mucho mejor— me giré a verle con una sonrisa—. Sabía que lo lograrías, mi cielo.
-También me alegro— le sonreí a mi esposo cálidamente.
[Presente]
-Bueno, así comenzamos a llevarnos mejor— señalé mientras comíamos el pozole.
-¿Y cómo es que comenzó a vivir con ella?— cuestionó Irene antes de llevarse un enorme bocado de carne a la boca.
-¡Irene!— la regañó su hermano—. Come despacio o te hará daño— le extendió una servilleta para que se limpiara.
Fue entonces que decidí fantasear por tan solo un par de segundos cómo se sentiría tener un hermano mayor que te quiera y te cuide tanto o incluso simplemente alguien que siempre esté ahí para ti cuando más lo necesites. Sentí una opresión en el pecho y deseché a un lado dcha idea para concentrarme en platicar con ellos.
-Bueno, no hay tanta historia detrás de eso— desvié la mirada hasta Princesa que estaba entretenida jugando un poco—. Ambas comenzamos a ser tan apegadas que en dicho refugio decidieron que lo mejor sería que la adoptará porque solo se comenzó a adaptar a mi presencia y ocasionalmente a la de mi esposo.
-¿Entonces sí tuvo un esposo?— Axel le extendió una tortilla como si quisiera que se distrajera y no hiciera preguntas incómodas.
-Ten— lo hizo al notar algo en mi rostro..