Vivencias de una anciana

Capítulo VI

Era un día soleado y tranquilo, rodeada de mis plantas que cuidaba con tanto esmero, sobre todo desde que mi esposo ya no estaba. En esta ocasión estaba con Princesa y mi esposo tranquilamente tomando agua fresca, mientras reíamos y conversamos alegremente.

De pronto, me di cuenta que estaban ahí Irene y Axel, en otras sillas que hasta hace unos instantes no había notado y fue entonces que me detuve a pensar un poco al respecto a pesar de verlos interactuar como si se conocieran de toda la vida.

Estaba soñando.

Haber confirmado aquello mentalmente me hizo ser un poco consciente de la posición en la que me encontraba; estaba dormida sobre mi lado derecho en posición fetal, aunque no pude razonarlo por tanto tiempo porque el cansancio aún me ganaba.

Mi cuerpo se sentía pesado y un par de susurros hicieron que abriera mis ojos con pesadez; me senté en la cama y los vi entrar con una bandeja en mano y no pude evitar sonreír al verlos tan preocupados por mi estado.

“¿Qué hace aquí?”— pregunté, pero aún seguía sonriente.

“Princesa y yo cuidaremos de ti, amor”— me responde devolviéndome la sonrisa.

“No es necesario que se preocupen, yo estoy bien”— no quería ser una molestia en lo absoluto.

“No es una molestia, es nuestro deber como familia”— incluso Princesa soltó un graznido como respuesta.

“Aún no entiendo en qué momento se volvieron tan cercanos”— vi a mi bella ave sobre la cabeza de mi esposo; la cual ella decidió despeinarse aún más.

“Hemos hablado más últimamente”— se limitó a responder y dejó la bandeja sobre mis piernas, entonces vi el caldo de pollo— “Sé que no eres partidaria del caldo de pollo, pero te ayudará ahora que te sientes mal”.

“Solo es un poco de fiebre”— negué minimizandolo— “No deben de preocuparse”.

“Déjanos consentirte”— su voz dejaba ver que no aceptaría ninguna negativa al respecto.

“Solo por esta ocasión”— respondí y mi esposo se acercó para ayudarme a comer.

Era un recuerdo que me generaba cierta nostalgia que trataba de evadir con los años, pero a su vez me llenaba de una felicidad indescriptible. Mi mente viajó hasta otro momento importante en mi vida.

Me había quedado dormida en una silla reclinable del jardín y la luz del sol comenzaba a molestarme en el rostro, lo que me hizo despertar. Entonces la puerta se abrió y mi esposo entró con mucha cautela, al menos hasta que me vió.

“Ah, hola, amor”— se escuchaba sorprendido—. “No esperaba que estuvieras aquí”.

“Hola, amor”— respondí por inercia y me fijé que escondía algo a sus espaldas—. “¿Qué traes ahí?”— no pude evitar preguntar.

“Me atrapaste”— alza las manos y deja ver un pequeño ramo de margaritas—. “Son para ti”— se acerca y me las entrega dándome un suave beso.

“Pero…”— observé el ramo de flores y después a él y aunque me provocaba alegría también me desconcertaba— “hoy no es nuestro aniversario”.

“¿Y eso qué tiene que ver?”— toma mi mano y depositó un casto beso en el dorso— .“Yo te elegí para toda la vida, no solo para nuestros aniversarios”.

“Pero… yo no tengo nada para ti”— respondí aún sintiendo que le debía algo.

“No te las regalo para que me des algo a cambió; además… tú haces mucho más por mí de lo que crees, chula”— sentí que unas lágrimas se escurren en mis mejillas y se acercó a secarlas suavemente— “Mereces todo lo bueno de éste mundo”.

“Te amo muchísimo”— le di un beso y vi que se perfilaba para entrar a la casa— “Corazón”— lo llamé con una voz suave deteniendo su caminar.

“¿Si, chula?”— me miraba con una sonrisa que le devolví.

“Limpia tus zapatos antes de entrar”— mi voz fue firme y demandante—. “Acabo de limpiar y no quiero que se ensucie”.

“Sí, amor”— bajo la mirada como un chiquillo regañado y limpió religiosamente la tierra de sus botas antes de entrar.

Me quedé afuera con una enorme sonrisa en el rostro, mientras sabía que esa fue la mejor decisión de mi vida, estaba viviendo una vida que amaba y no cambiaría por nada. Me brindaba una felicidad que tuve muchos años anhelando en mi juventud. Unos pasos apresurados me hicieron girar hasta encontrarme con su rostro molesto y señalaba un objeto que traía entre manos.

“P-Princesa… volvió a jugar con mi cepillo de dientes”— me mostraba molesto el cepillo ya desechó por mi linda avecita— “¿Por qué te causa tanta gracia?”— más que reproché parecía que él también quería reírse a pesar de que notaba su pequeña frustración— “Es el quinto en esta semana, creo que me detesta”.

“Yo creo que te ama tanto que siempre colecciona y juega con tus cosas”— me hizo un gesto para que explicará mi punto— “Los suele guardar como a un tesoro en su nido”.

“¿Enserio?”— parecía asombrado así que solo asentí— “No puedo creer que me adore tanto”— se reía ante la idea, mientras Princesa se acercaba a reclamar su adorado objeto y se lo arrebató con rapidez— “Vaya que es hábil”.



#5376 en Novela romántica

En el texto hay: romace, familia, drama

Editado: 09.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.