Vivencias de una anciana

Capítulo XVII

[29 de Diciembre]

Cada día amanecía aún más cansada, más débil puesto que mi salud ya estaba cobrando factura al igual que los años. Aún así jamás me negué a continuar platicando con la familia Herson porque de alguna manera mejoraron mis días y sentía como si el dolor se mitigara aunque sea un poco con su visita. Ayer fue el día de los Santos Inocentes y por un momento pensé en comentar lo excelente de mi estado de salud, pero quizás sería una broma un tanto cruel a los ojos de mis visitas y tampoco quería herir el ambiente alegre.

-¿No planeaste decirme que mi salud mejoró?— aún así Valeria no se salvó de mi comentario y me vió molesta.

-No juegue con eso, Daría— me miró mal y reprendió—. No es gracioso.

-¿No tengo derecho a divertirme como desahuciada?— seguía con mi tono mordaz.

-¿Cuándo he dicho que está desahuciada?— me miró con sorpresa.

-¿No es así?— enarqué una ceja—. No me mientas, Valeria; soy una anciana y ya no tengo las posibilidades de salir de esta…— hice un mohín con los labios— ya lo logré una vez como se lo prometí a él… dos ya sería avaricia.

-Daría— me miró haciendo un mohín con los labios, no pudo decirme algo más.

[Hace cincuenta y tres años]

Estaba casi a la mitad de mis treinta años y mi desarrollo como interpreté iba muy bien, lo único que había aprendido es que muchas mujeres dejan cosas a medias por miedo a ser juzgada o ignorada; así que había comenzado a apoyar algunas pequeñas asociaciones que planean ser un sostén para aquellas mujeres que lo necesitan sobre todo si eran víctimas de abusos constantes.

Por otra parte, fui a hablar con María después de unos días con la ausencia de sus hijos para decirme tranquilamente todo lo que había sucedido. Resulta que tuvo que irse debido a discusiones constantes con su progenitores respecto a su falta de matrimonio o noviazgo. Mi querida amiga jamás estuvo particularmente enamorada de nadie, con excepción de su amigo de infancia llamado Miguel; sus padres la señalaron como alguien extraña por el desinterés en un romance y la llevaron con “terapeutas” o “reformadores” para aquella conducta tan desviada. Ahí la trataban mal y la hacían rezar constantemente implorándole a Dios por una cura a su alma pecadora; la dejaban sin comer y sufrió de abusos de los líderes de dicho lugar para “hacerla normal”.

María pasó unos meses que pronto se convirtieron en año y medio. Cuando salió descubrió que sus padres le habían arreglado un matrimonio con un hombre que desconocía, pero prefirió aquello antes que volver a aquel horrible lugar. Aunque en su matrimonio no le fue mucho mejor, su marido la forzó a tener relaciones saliendo así sus pequeños niños, los cuales adoraba a pesar de todo. Sin embargo, eso no se detuvo ahí puesto que la violencia física escaló hasta sus pequeños niños que estaban siendo también víctimas de los abusos de semejante monstruo y fue entonces y después de algunos años que tomó la valentía de dejarlo y volver hasta acá para la demanda de divorcio junto a la custodia absoluta.

A pesar de que aquel hombre parecía tener demasiado dinero, tuvo algunos delitos y problemas para ganar aquella demanda que favoreció a mi amiga. La cual no pudo relajarse del todo porque finalmente me confesó una cosa más que me dejó completamente atónita y es que María tenía cáncer en el hígado y sabía que dejaría a sus niños desprotegidos y era lo que más le asustaba, por lo que quería pedirme que cuidará de ellos.

-Sabes que lo haré— la tomé de las manos y afiance mi agarré—, *ero tú debes de ir con urgencia al hospital, María.

-¿Qué sentido tendría?

-Cualquier cosa puede pasar— me aferré a aquella idea—. Yo pagaré por ello.

-Daría…

-Déjame hacerlo— le supliqué firme—. Eres mi mejor amiga y es en lo mínimo que puedo ayudarte, querida.

-Está bien— me sonrió tratando de calmarme—. Muchas gracias, Daría.

-Es lo mínimo— repetí con tristeza y le di un beso en la frente—. Todo estará bien.

Sabía que la frase era más para mí que para ella, pero igual lo dije en voz alta para después abrazarnos y aferrarse a ella de manera física, pensando en lo injusto que era que Dios la regresara a mi visa para simplemente decirme que el tiempo sería muy limitado. María comenzó a ir a las quimios y poco a poco perdió lo que quedaba de su cabello y segundo a segundo comenzó a verse más demacrada hasta que llegó el punto en que la internaron y sus hijos ya no podían ver su estado y de alguna manera eso se sentía mejor a que la vieran.

Ambos eran bastante sensibles, pero sentía que Sergio lo expresaría mucho más que Victoria, la cual era mucho más retraída y caótica que su hermano. Al inicio nuestra relación fue complicada y era algo obvio, era un lugar nuevo con una desconocida a la que su madre les decía que era su tía, mientras ella estaba internada por cáncer en el hospital. No era de extrañar su evitación a mi persona, pero conformé pasaron los meses logramos mejorar nuestro vínculo hasta volverlo mucho más natural y ameno.

-Buenos días, niños— siempre los saludaba así—, ¿cómo amanecieron?

-Bien gracias, tía Daría, ¿y tú?— Sergio solía ser el primero en acercarse a darme incluso un beso en la mejilla.



#6514 en Novela romántica

En el texto hay: romace, familia, drama

Editado: 30.05.2026

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