Viviendo entre muertos

Capítulo III: No es otra madre dulce. Día 4.

-Levántate para desayunar. –Me dijo mi madre al salir de la habitación-.

- ¿Mamá?. –Dije extrañada-.

¿Todo lo que vivimos fue una pesadilla?.

Las cosas de mi cuarto estaban cambiadas de lado, incluso la puerta. La seguí hasta la cocina. Esta mi hermana y mi padre desayunando huevos revueltos.

-Están vivos. –Balbucee aliviada-.

-¿A qué te refieres?. –Dijo mi padre dándole un sorbo a su taza de café-.

Y desperté.

Tuvimos un largo viaje, Martin estuvo callado todo el viaje, estaba muy dolido, no es fácil perder a tu hijo y esposa sin poder hacer nada. Encontramos el arma de Marina y se la entregamos a Martin para que luego de que nos separemos estuvieran seguros.

Ed dijo que podíamos ir a una pequeña tienda llena de variedades de cosas en una plaza que siempre estaba desierta, de ahí podíamos sacar ropa y alimento. Estoy tan hambrienta como todos los demás. Martin nos llevó hasta allí, era una gran persona, espero que no pase por más dolor. No podía mirarlo en todo el camino. Solo lo evadía mirando las calles, el desastre que había no era tanto como lo que corría en mi mente.

Él se detuvo y apreté la mano de Justys. Comencé a mover las piernas de un lado a otro cuando las chicas comenzaron a bajarse. Dábamos pasos lentos para no meter ruido, aunque en nuestro alrededor no viéramos a nadie ni nada. Me traje a escondida un cuchillo carnicero de la casa de Marina. No creo que alguien lo necesite.

-Gracias...–Le dijo a Ed a Martin-. Lo siento, por todo lo que sucedió. Nos has hecho un gran favor.

-No debes de disculparte, no fue tu culpa. –Dijo Martin. Desvié la mirada. Nos despedimos de Elizabeth y se largaron echando dióxido de carbono por el aire-.

-Estaremos bien. –Le dije a las chicas al dirigirme a ellas-.

En estos momentos necesitamos motivación y creo que soy una de las personas menos inesperadas para decir cosas así. Leonidas me sonrió. Estaba aterrada. No sabía que decir o hacer. Estábamos expuestos al peligro de ahora en adelante.

El lugar estaba cerrado con una cortina metálica, pero en medio una puerta igual de metálica. Mirábamos a todos lados por si aparecía algo. No teníamos un plan B.

-Si tuviéramos algo con que trabarla y forzarla hasta que se abriera seria genial. –Habló Leo-.

-Buscare algo. –Dije Eduardo-.

-También nosotras. -Francisca tomó la mano de Justys para alejarse-.

Intento empujar la puerta, pero hacía mucho ruido la cortina. Me detuve de inmediato para mirar a ambos lados.

- ¿No crees que deberíamos ir a otro lugar?. –Comentó Sigrid-.

-Luego de aquí tenemos que hallar a más personas que podrían ayudarnos. –Dije-.

-¿A más personas?. –Dijo Sigrid-. ¿Qué sucede si solo nos topamos con personas malas?.

-Qué pasaría si más de una de nosotras está herida y no tenemos a un médico, o quedamos sin armas para protegernos ¿Quién podría ayudarnos?. –Dije, Conny solo miraba junto a Ingrid-. La idea de estar con más personas no me agrada, pero tenemos que hacer, trato de no pensar solo en mí.

-¡Esto creo que sirve!. –Escuché a Justys que venía gritando de muy lejos-.

-Baja la voz. –Le dijo Francisca-.

Era una palanca negra. Leonidas intentó abrirla, cada uno aportó de su fuerza. Empujaban la puerta y escuche un “clack” que me advirtió que la puerta estaba casi abierta.

-Necesito ayuda. –Dije-.

Todas afirmamos la palanca y empujamos con fuerza. Sonó un “¡CLAK!” mucho más fuerte que el anterior y nos dimos cuenta que la puerta ya estaba abierta. Eduardo comenzó a empujarnos hacia dentro sin mirar su alrededor.

-Entren ¡Ya!. –Dijo sin explicación-.

Al entrar todas, Ed cerró fuertemente la puerta trancando la puerta con la misma palanca. A su derecha había un mueble gigante lleno de decoraciones de Halloween. Los empujamos para tapar la puerta completamente y asegurarnos que nada entrara o salir.

-¿Por qué tan exasperado?. –Dijo Conny-,

-No querían ver lo que se acercaba. –Replicó él-.

Era una de esas cosas, espero que no nos hayan visto entrar. El lugar estaba muy silencioso, para ser una tienda.

-¿Crees que haya cuerpos?. –Le susurré a Francisca-.

-El caos fue hace cuatro días, y los lunes está cerrado. –Me aclaró mi duda-. Pero no bajemos la guardia.

Juntas dimos una vuelta por todo el lugar. Encontramos unos atuendos que nos acomodarían mucho, la mayoría eran sudaderas y unos jeans, pero tratamos de caer en ellos.

-Revisare el lugar. –Hablé dejando atrás a Leo-.

-Iré contigo. –Dijo Ingrid-.

Las demás se quedaron en medio del lugar platicando y descansando un poco. Encontramos unas escaleras que llegaban al segundo piso donde siempre se ponían los guardias a vigilar. Podríamos encontrar algo bueno.

-¿Crees que esto acabara?. –Me preguntó Ingrid mientras se sujetaba de mi brazo-.

-Creo que todo se pondrá peor. –Dije borrando la sonrisa en su rostro-. Si esto acabara y fuéramos un poco de lo que queda de humanidad en la tierra ¿Qué haríamos?, no sabemos cómo hacer que haya nuevamente luz en una habitación o cocinar algo sin sus útiles herramientas de siempre…




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