Viviendo entre muertos

Capítulo IV: Un nuevo día. Día 10.

-Entonces debemos de ser mejores amigas hasta que tengamos 100 años. –Dijo Justys-.

-¿Y que pasara cuando tengamos 101?. –Pregunté-.

-Aguafiestas. –Dijo Ingrid y todas reímos-.

Estábamos sentadas en un círculo jugando a las cartas.

-Gané. –Dijo Francisca, ella muestras sus cartas y estaba en lo cierto-.

-No puede ser. –Dije rodeando los ojos-. Es quinta vez y llevamos cinco partidas.

Francisca rio como una ganadora. Acercó sus ganancias y cuando digo ganancias me refiero a nuestro dulce. Maldita suertuda.

-Espero que te dé un gran problema de caries. –Dije al levantarme del piso-.

Desperté de golpe apretando la mano que me sujetaba. Me quede sentada un momento en mi lugar, observo donde estaba. Todos se encontraban en mí alrededor llamándome la atención la presencia de Ed aun lado.

-Hola. -Dije entre risas-.

-Al fin has despertado. –Habló Francisca-.

-Creí que estabas muerto. -Replicó dirigiéndome a Eduardo-.

-Eso lo he escuchado bastante. -Dijo recorriendo su mirada en todas las chicas. Aun traía la misma ropa-.

-Ha despertado unas horas luego de que te desmayaras. -Dijo Conny-.

-¿Cuánto llevo así?. -Pregunté-.

-Solo un día. -Dijo Ingrid. Ella me abrazo-. Me asusté mucho. –Susurró a mi oído-.

-Íbamos a matarte si no despertaba pensando que eras una de esas cosas. -Dijo Sigrid y Justys le da una palmada en el brazo-. Pero no lo hicimos porque pasante el primer día siento normal.

Vi a Leonidas en frente de mi apoyado en el sillón con la mano en la boca. Se acercó a mí y me agarro de la nuca para besar mi frente. Las chicas comenzaron a irse abriendo camino y vi a Norman que estaba sentado en el suelo jugando con unos autos de juguetes oxidados. Leo se sentó junto a mi entregándome un vaso de agua.

-Lamento lo de la pelea. No era mi intención.

-No era mi forma de párala. Pero lo hice. ¿Eh?. –Solté una risa. Él permaneció serio-.

Tocó mi cabeza y me quejé. Se alejó un poco de mí.

-Lo siento. -Habló con un nudo en la garganta-. No volverá a pasar. No podía controlarme.

Cambié la mirada de él. Vi a Norman.

-Los ha encontrado mientras cavábamos un agujero para sus padres. -Me susurró Leo-.

-Puedo oírlas y me gustaría que ocuparan el nombre tumba. -Dijo el pequeño haciendo chocar sus autos-.

Eso causo un gran silencio incomodo entre nosotros. Me acerqué a él agachándome para quedar en su altura. Estaba mareada así que Leonidas me ayudo. Note como sus nudillos permanecían de un color morado.

-Lamento lo de tus padres. -Dije mirándole a los ojos-.

-¿También has perdido a los tuyos?.

-Si los perdí, pero no creo que estén muertos. Deben de estar buscándome. Por todas partes.

- ¿Por qué no fuiste con ellos?.

-No hubo tiempo.

-Yo odiaba a mi madre. Pero ahora que está muerta, es diferente. Es como si fuese una necesidad tenerla conmigo, solo soy un niño. –Sus ojos se cristalizaron-.

-Hey, hey, hey…no hay nada a que sacarle provecho a esta terrible situación. Mucho menos a lo que acabas de ver y a lo que estabas involucrado.

-Quizás…sí. –Respiró hondamente-. Mi nombre viene por un psicópata ficticio.

-¿Por qué crees eso?. –Pregunté. Estaba siendo un poco más intrusa y empática de lo normal.

-Porque ella quería niñas. Y lo leí en su diario. –Agachó la mirada-.

-Entonces hazlo ahora, tienes la oportunidad. Escoge algo original. –Le estaba saliendo humo de la cabeza ya- algo que te represente-.

Él quedo pensativo sin contestar nada. No tenía cara de que me respondería nada, siguió jugando con sus autos. Me levante con la ayuda de Leonidas para alejarme, pero su dulce voz me detiene antes de salir de la sala.

-Batman. -Dijo él-. Mi nuevo nombre será...Batman.

Intentaba no reírme. Miré a Leo y mordí mi labio inferior.

-¿Batman?. -Di media vuelta para dirigirme a él. Sin querer solté una risa-.

-Es tonto. -Él agacha su cabeza-. Nadie me llamara así.

-A mí me gusta, es mi superhéroe favorito. Déjalo, todos te llamaremos así. –Dije y Leo asintió con la cabeza-. Si quieres que el mundo lo haga, lo hará. ¿Tú crees que mi nombre es Hannah?. También me aproveché de una situación. -Él me sonrió-. Adiós. Batman.

Desaparecí de la habitación alejándome de Leonidas para ir con Ingrid. Ella me llevó al patio trasero donde había dos grandes rocas con unas flores que deben de haberlas dejado sus hijos sobre la tierra que se notaban que había algo debajo de ese túmulo. Me crucé de brazos mientras miraba el alrededor. No podía mantenerme bien aun así que ella me sujetó del brazo.

-Luego de que paso el día Manuel fue el primero en despertar. -Suspiró Ingrid-. Ed se encargó. Oswald se encargó de su madre. A ambos le dispararon en la cabeza, quizás todo esto comienza por algo cerebral. Leo y Ed cavaron ambos agujeros -se giró a mí mientras yo seguía viendo las tumbas.




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