Viviendo entre muertos

Capítulo VIII: Mensajes. Día 31.

Me he robado un cargador para mi celular al verlo encontré unos mensajes de voz de mis padres. 
-(Primer mensaje de voz). Espérame en el liceo...-Extrañaba la voz de mi madre-. Estaré con tu hermana. 
-(Segundo mensaje de voz). ¿Dónde estás hija?. -Dijo ella-. Estamos en el súper mercado (...) No podemos salir.
-(Tercer mensaje de voz) Si estas escuchando esto, por favor sálvate, estamos escondidos en el supermercado, hemos perdido a tu padre...-Escuchaba sus sollozos-. ¿Dónde estás?. (Se ha cortado la señal). 
-(Último mensaje de voz) ¿Hannah? ¿Estás ahí?. -Era mi hermana pequeña-. Ella está muerta, mi mamá esta puerta, estoy escondida en el sótano, ellos estas golpeando la puerta.
La gente dice que cuando una puerta se cierra, otra se abre. La gente tiende a decir muchas cosas sin sentidos. Frases de fantasía para cuando estés mal, tu animo mejore. Palabras que te ayudan a seguir adelante. Pero, en estos casos ¿quieres escuchar a alguien decirte eso? Yo no. Quiero hacerlo mejor. 
Hace 31 días perdí a mi familia. Hace dos, a mi novio y el enfermero me entregó una carta cual la escribió Leo junto con su anillo de calaveras para los nervios que colgué a mi cuello. Aquella aún seguía doblada en mis manos. Sentía el papel y podía ver la transparencia de las letras. La guardé en mi parte trasera de mi pantalón. Fui donde la puerta principal. 
-Lo mismo de siempre, los mismos de siempre. -Dijo José saliendo por la puerta-. 
Me subí en la camioneta a un lado de Benjamin. Pocas veces me dirigía la palabra como yo a él. La camioneta daba muchos brincos más de lo normal y podía ver a los infectados corriendo tras ellas como perros con la diferencia que ellos si sabían que hacer al llegar a la presa. Estaba afilando mi hacha cuando él tocó mi hombro. 
-Voy a unas clases de pelea. Aunque no lo creas me relajan. -Dijo Benjamin curveando su sonrisa-. Son después de esto. 
-Tengo algo que hacer después de esto. 
-Están todo el día. 
Aun había personas que me miraban raro por lo sucedido en el hospital. Al llegar al bosque me baje rápidamente para caminar entre los árboles. Mi secreto era ir lejos, pero siempre derecho. Fui sola, o eso creía porque sabía que Benjamin me seguía "escondiéndose" entre los árboles y arbustos. Comencé a correr y me tapé en un árbol. Él también empezó a correr, pero siguió de largo mirando a todas partes por si me encontraba, pero fue a otra dirección. 
Comencé a agacharme y sentarme apoyándome del tronco. Cerré mis ojos. Las imágenes de mil infectados y de personas normales pasaban frente a mis ojos. Rápidas proyecciones en mi cabeza seguían con gritos de fondo. Mis manos comenzaron a moverse extraño y con mis pies hacia un molesto ruido.
-Ya basta. -Me dije a mi misma-. Ya basta.
Al llegar solo tenía un destino que era ir donde Claudia. Ninguno de ellos pudo detenerme. Iba pisando fuerte formando puños en mis manos. Golpeé la puerta muy enojada y entré sin esperar una respuesta. Me acerqué a su mesa y me apoyé en ella. La miré directamente a sus ojos desconcertantes. Dejo todo a un lado. 
-Dios, ¿A que va esa actitud? 
-Lo vi, vi lo que hacen con ellos...-Comenzó a dar vueltas por la habitación-…los tiran como sí. ¡Ugh!
-¿Que viste exactamente?. 
-Tiran los cuerpos de los muertos para atraerlos y matarlos. 
-Inteligente. ¿O no?
Golpeé su mesa y llevé una mano a mi frente. Se levantó de su silla. 
-Le preguntamos a las personas si permiten hacerlo o no con los cadáveres de sus familiares. 
-Karen y Leonidas fueron los únicos que murieron aquí estos días, vi los brazos de cada uno. ¡Nadie preguntó por él!. -Dije y ella se hizo atrás-. ¿Creían que iba a decir que sí? ¿Porque lo haría? 
-Lamento esto, Hannah. -Solté una risa-. Podemos arreglarlo. 
《Chantaje》Pensé.
-No. No podemos. -Repliqué-. 
-Si le dices a alguien juró que lo lamentaras. 
-¿O qué? Vas a matarme. -Formó una línea con sus labios-.
Ella fue a la puerta y la abrió por mí. Me obligó a salir de esa habitación. 
-Haría lo que fuera para proteger a mi gente. -Replicó-.
-¿Proteger de qué?. 
-Del miedo.
Guarde silencio. Fruncí el ceño.
-Solo tendrían miedo de ti si conocieran al monstruo que hay debajo de esa piel. -Dije al salir de la sala-.
-Y también de lo que esconde esa mente retorcida detrás de esos ojos marrones. -Soltó antes de que me fuera-. Se qué clase de persona eres. Las niñas soñadoras creen que podrán llegar lejos pero no saben que los adultos cortamos alas. 
-Las mías son de titanio. Adiós, señora miedo. -Hice una reverencia antes de irme-. 
Volví a mi cuarto más enojada que nunca. Me encontré a Benjamin en los pasillos.  
-Estas muy roja. -Ignore su comentario-. Yo...
-Espérame. Iré contigo. -Aseveré-. 
Me cambié rápidamente en la habitación vacía. Él trató de darme la mano, pero lo negó haciendo un delicado movimiento hacia atrás. Se adelantó en mi camino. Lo miré con confusión. 
Al llegar a la sala estire mis músculos imitando a los demás del grupo. Cuando llegó el maestro tuvimos que quedarnos uno junto al otro inmóviles con los brazos hacia atrás. 
-Bueno mujercitas…-Dijo el maestro hasta que llego a mí-…y tú. Hoy jugaremos con unas varillas cuales ustedes ya conocen. Benjamin, podrías darnos una demostración. -Manifestó el maestro abreviando su nombre llevándolo al centro con otro chico-. Tres golpes y fuera. Inicien. 
Con cara serio, Benjamin, hizo unos movimientos muy rápidos hasta casi golpear mi cuello.
-Uno...
La idea es solo casi golpear una parte física de en este caso el enemigo. Era muy sencillo. Con cada movimiento hacían un sonido. 
-Dos...-Volvió a ser parte de Benjamin-.
Y acabó con el casi golpeándolo en la cabeza. Benjamin era muy rápido.
-Tres...-Dijo el maestro con las manos atrás-. Ahora elijan un compañero.
Un chico se me acercó de manera coqueta y me entrego una varilla.
-Hola. -Dijo sonriéndome-. 
Le sonreí falsamente y con la varilla le di en la entre pierna dejándolo caer a un lado. Basta de chacoteos.
-Ella es mía. -Dijo apareciendo Benjamin llevándome más lejos-.
Corregiría el comentario de Benjamin, pero solo sería una pérdida de tiempo. Nos posicionamos frente a frente. Me aferré al palo separando las piernas a la altura de mis hombros. 
-Ya sabes cómo funciona...-Dijo y apreté la varilla-. ¿Lista?.
Asentí lentamente con la cabeza y empezamos. Intentó darme en el brazo, pero lo esquivé, aunque aun así me dio en las piernas.
-1-0...-Dijo sonriendo volviendo a las posiciones de inició-. 
Yo empecé y lo engañé dándole a su brazo.
-1-1...-Recité-.
Nuevamente empecé yo y le di rápidamente a su cuello. Esto me ayudaba a distraerme. 
-1-2...-Dije y el rodeó los ojos con una sonrisa-. 
Yo empecé, pero esta vez él me derribó y me dio en el estómago al estar en el piso. Trataba de recuperar mi respiración. Extendió su mano para ayudarme a levantarme.
-2-2...-Dijo ayudándome a levantarme-. 
Posición y pelea. El empezó con el primer golpe y me tiró nuevamente al piso, aunque yo también lo derribe rápidamente para subirme sobre él de pie. Tiró de mi pie logrando que también me cayera, pero nos levantamos rápidamente un poco distanciados. Volví a lanzarle un golpe y él lo esquivo tan rápido como yo a él. Tiró de mi brazo jalándome a él y deja la varilla dándome en la espalda. 
-Eso es trampa, no puedes jalarme. -Dije mientras nuestros cuerpos estaban lo suficientemente juntos-. 
-3-2...-Susurró-.
Él me miro mordiendo su labio inferior. Me separé de él con el ceño fruncido. No sé a dónde estaba yendo esta pelea. 
-No tienes ni un respeto. -Dije alejándome de Benjamin. Él solo sonrió-.
La puerta la tenía tras mi espalda, pero no sabía cuál decisión tomar. Si irme o seguir aquí con él. Debía de ser profesional, debía de superar el dolor y dejar de llorar. Quería ser fuerte. La más fuerte de todas. 
Corrí a él con la varilla y comencé a lanzar golpes. Él lograba esquivar mis golpes, pero yo no me detenía. Se hacia atrás y rápidamente llamamos la atención de los demás. Hubo un momento que él se cansó e hizo la varilla a un lado. Le golpeé las piernas e hice que se cayera y recibiera un duro golpe contra el suelo.
-Bravísimo. -Habló el maestro y comenzó a aplaudir-. ¿Cómo aprendiste todo eso?.
Recuperé la respiración.
-De mi novio. -Tiré la varilla a un lado y salí de esa sala-. 
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Alguien sacudía mi cuerpo recostado en mi cama. Era una cierta molestia. No pude evitar los pensamientos de odio a quien me despertara a esta hora. Abrí un ojo primero que el otro. Vi la cara de Francisca sobre mí. Llevé mi mano a mi cara para sobarla y abrí rápidamente los ojos, y sentarme en mi colchón. Puedo asegurar que me veía todo lo contrario a una princesa Disney al despertar.
-Hola, ¿Como es que duermes hasta tan tarde? -Preguntó-. 
-Es un don. 
-Esta aquel niño, Benjamin, en la puerta. Te buscaba hace un buen rato. 
Me quedé de pie tambaleante un buen rato para pescar mis pantalones y acomodármelos, me coloqué mi zapato y tomé mi cepillo de dientes para ir con él. Lo miré y sonreí. Seguí de largo y comenzó a caminar conmigo a un lado mientras iba al baño. 
-¿Que te trae por aquí?. -Pregunté-. 
-Vamos a salir de excursión. Quería saber si querías venir. -Replicó mientras-. 
Formé una línea en mis labios. Suspiré y me iré a verlo en la puerta del baño. 
-Si, solo déjame arreglarme. ¿Okay?. -Dije y él sonrió-. 
Cuando se giró borre toda sonrisa de mi rostro para echar la pasta en mi cepillo. Casi terminando escuche un grito. Lavé mi boca para salir rápidamente del baño y encontrar un gigantesco ratón corriendo por los pasillos del mall. Di un salto atrás cuando un hombre lo golpeó con una escoba y una mancha de sangre cubrió parte del piso, podía ver sus entrañas. 
Quité la mirada rápidamente de él para subir a mi habitación. Le informé a Francisca que me ausentaría una hora y en donde estaría. Al estar lista baje para ir con Benjamin. Como hacía calor fui con ropa ligera. 
Tomamos el camino que atravesaba toda la cuidad. Daba miedo ver a todos ellos en conjunto corriendo detrás de nosotros. 
-...Escuche a uno que lo mato con 14 en su pecho. -Dijeron uno de los que iban en la camioneta atrayendo mi atención-.
-¿Porque desperdiciarías 14 balas si puedes matarlo con una en su cabeza?. -Manifesté-.
-Él era ciego. También se dieron cuenta que cuando recién se transforman saben esquivar las balas. Son más inteligentes al principio.
-Solo son mitos. -Dije-. Solo disparen en la cabeza.  
Guarde silencio al igual que el resto. 
-Bueno, eso venimos a verificar. -Uno sonrió de oreja a oreja- a experimentar con ellos-.  
Arqué ambas cejas y junté las palmas de mis manos. Fui callada el resto del viaje. 
Conocía este lugar. Sabía a quién tenía a muchos más metros de aquí. Era el bosque cerca del cementerio y la cárcel. Sentíamos cuya. La camioneta comenzó a detenerse. 
-Sera mejor bajarnos aquí. -Habló el profesor de Benjamin-. No se ven personas razonables. 
Benjamin me ayudo a bajar. 
-¿Porque eligieron este lugar?. -Pregunté-. Tan alejado y peligroso.
-Aquí hay más infectados. -Replicó Benjamin entregándome un arma cargada seguido de un cuchillo. Lo coloqué en mi muslo sujetado de la correa-.
-Vamos. 
Su profesor nos puso en fila. Crucé los brazos sobre mi pecho. Él caminaba de un lado a otro esperando a un infectado. 
-¿Que se supone que hacemos aquí?. -Hablé dejando caer mis brazos-. 
-Vamos a ver si los mitos son ciertos. 
-Somos como los del programa de televisión. -Me susurró Benjamin-.
-Yo soy Rick. -Dijo uno de sus compañeros-. 
-¿Sabes cómo termina Rick?. -Él negó lentamente con la cabeza-. No quieres ser Rick.
Sentí los quejidos de uno acercándose a nuestra espalda. Venia lento hasta que nos vio cual comenzó a alargar sus pasos. El profesor empezó a levantar su arma y la sujetó con ambas manos. Él corrió hacia el infectado y se colocó lo suficientemente cerca de él. Yo comencé a retroceder.
Su profesor le puso su brazo sobre los dientes de aquel infectado haciendo que lo mordiera. Él gritó de dolor mientras mi pulsó se comenzó a acelerar. 
-¿¡Que mierda!?. -Dijo uno de sus estudiantes-. 
Mientras la bestia lo seguía mordiendo él le disparó 14 veces en su abdomen, pero el infectado no cayó. Uno al fin se le ocurrió disparar a su cabeza. 
-¿¡Que acabas de hacer!?. -Manifesté hacia el maestro-. 
-Mi familia, esposa e hijos murieron el primer día y todos los que quería. -Comenzó a llorar-. Wow, es rápido. Ya me siento...mareado. solo…háganlo. -Nos miró directamente a los ojos-. Aceleraré el proceso. 
Nadie disparó y cuando alcé mi arma Benjamin la bajo. Su maestro tomó un cuchillo de su bolsillo y se cortó la garganta en cuestión de segundos. Llevé mis manos tiritonas a mi boca. Benjamin colocó su brazo ante mí para alejarme. La sangre atestaba el lugar. Su cuerpo cayó a un lado. Miré a los demás que estaban boquiabiertos. 
《Basta de pruebas》Pensé y tome mi hacha. Benjamin me tomó del brazo cuando di un paso. 
-¿Qué piensas hacer?. -Dije y él tenía la mirada perdida al frente-. 
Sentí quejidos. Él comenzó a retorcerse en el piso haciendo sonar sus huesos y alertándonos a todos. De un segundo se levantó y se lanzó sobre uno de sus ex estudiantes. Él pegó un grito y con mi hacha le partí la cabeza a su profesor. Lanzó el cuerpo a un lado y comenzó a escupir. 
-Me cayó su sangre a la boca. 
De repente una flecha rozó mi brazo sin hacerme daño. Me giré y vi a dos hombres, uno con un arco y el otro con un arma apuntándome. Me agaché cuando él disparo. Los sentía corriendo a nosotros. Aparecieron más y comenzaron a rodearnos. Benjamin jaló de mi mano y comenzamos a correr. Estábamos todos tan distanciados. 
Me escondí tras los árboles y me cruzaba entre ellos para que no pudieran dispararme. Vi como Benjamin comenzaba a alejarse de mí. Susurraba su nombre, pero él no me miraba, se adelantó. Comenzaba a acercarme, pero ellos tenían más facilidad de que me dispararan. Así que fui al lado contrario. Había una delgada reja que comencé a trepar, me tiré al otro lado. Miré a todos lados y sentí pasos. Mi grupo ya no estaba. Estaba en el cementerio corriendo entre las tumbas hasta que casi caí a un hoyo rectangular. Frené antes y me giré. Vi a un hombre con una malvada sonrisa y disparó una de sus flechas a mí en cuestión de segundos. Perdí el equilibrio y antes de caer al hoyo vi mi flecha atascada en mi hombro. Me golpeé la cabeza y caí tendida en el piso. Lo veía borroso, noté como volvió a apuntarme con su arco, pero escuché disparos y él se giró para desaparecer como el resto a mi alrededor.
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Hacia frio. Era de noche. No sentía pasos al rededor. Tiritaba. Veía el vapor al respirar por mi nariz. No podía hablar ni moverme, me dolía toda extremidad. Tenía una pierna doblada sobre la otra y mi mano sobre mi cabeza. Deben de estar así desde que caí. Tenía la mirada perdida en las estrellas. 
-Ayuda...-Susurraba. No podía alzar la voz-.
Comencé a llorar, pero aguanté todas mis ganas para tranquilizarme a mí misma. Empecé a mover mi brazo y aunque costo lo pude lograr. Suerte la flecha e inicie en tirándola. Solo se incrusto, no logro atravesar mi hombro. Lo tiré a la cuanta de tres, pero no fui capaz de sacarlo. Volví a intentarlo y lo quité de mi lanzándola a lo lejos. Sentí pasos y vi luces alumbrando a todas partes. Aplaste mi herida con mi mano.
Fue como ver a un ángel aparecer cuando Oswald asomó su cabeza y alumbró mi cara con una linterna. Él gritó alertando a más que vinieran, rodearon el agujero. Sin pensarlo dos veces él se lanzó a mí. Tuvo mucha perseverancia en esperar que me repusiera. Al tocar mi piel se quitó rápidamente su chaqueta para envolverme en ella. Las chicas estaban arriba y me ayudaron a salir. Ingrid me abrazó y comenzó a llorar. Me quejé de mi hombro. Nos fuimos en un auto a casa. Oswald conducía enfadado. 
Francisca sobaba mis brazos para entrar en calor. Me miré al espejo y pude verme con los labios morados, y mi pálido rostro más de lo normal. 
Al llegar caminaba muy lento a la entrada, pero iba juntó a Francisca. Vi a Benjamin acercarse a mí, pero Os se interpuso y le dio un puñetazo.
-Basta. -Balbuceé, pero nadie logro escuchar-.
Benjamin contestó dándole otro y así se llevaron hasta caer al piso en donde José los separó. Oswald se levantó primero.
-La dejaste ahí. Sola. No volviste por ella. -Dijo apuntándolo. 
Benjamin me miró y yo corrí la mirada para que Francisca me llevara a enfermería. Hay me atendió el enfermero y me recomendó pasar la noche ahí, lo cual hice. 
Estaba en shock. No sabía cómo reaccionar a esto, estuve quejándome el tiempo que el enfermero estaba cociéndome la piel en palabras más sencillas antes de sobre colocar un parche.
La cara de ese hombre al lanzarme la flecha no se borraba de mi mente. 
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Eran las tres de las madrugadas cuando él me despertó. Sentía el irritante sonido del tic tac. Me sacudió lentamente y se veía como si hubiese tenido la peor pesadilla de su vida. Sus brillantes ojos estaban saltones y sujetó mi mano. Seguía cansada. 
-Lo siento. -Susurró Benjamin-. No quería dejarte. Creí que venias corriendo atrás de mí. Te busque, pero...no estabas. Creí que...ya te las habías arreglado.
-Me dejaste con una flecha clavada en el hombro.
-No quería que pasara eso. 
-Pues paso. Toda la noche. -Comencé a toser-. Con una delgada blusa bajo el cielo oscuro. -Él arrugó entre sus cejas-. No vuelvas a decepcionarme. 
Tragó saliva. 
-Lo siento. -Zafé mi mano y le di la espalda-. 
A veces, hay cosas que es mejor no decir.
-Encontré esto. Es tuyo. -Dejo el papel en mi mesa-. 
Esperé que él se fuera para que levantarme con todas mis fuerzas y acomodarme en la cama y abrir el sobre. Estaba escrito mi nombre con la letra de Leonidas afuera. Desdoble la hoja de papel.
 No puedo decir mucho. Tampoco poco de todo lo que pasamos. Realmente lamento este suceso que te ha marcado la vida. No quería dejarte sola, ni quería verte morir. No sabía qué hacer cuando se ti los dientes mascando mi piel. Creí que, si alejaba, me iba durante la noche dolería menos que verme en estas condiciones. Duele más perder a alguien que estar muriendo. Prométeme que no dejaras de luchar por ellas, porque son lo único que queda. 
¿lo prometes? 
Leonidas.
Y un poco más abajo salía escrita la letra completa de una de las canciones que el me cantaba. Era “Ain't no sunshine” de Bill Withers. 
“Ain't no sunshine when she's gone
It's not warm when she's away
Ain't no sunshine when she's gone
And she's always gone too long
Anytime she goes away…”
No logré terminar de leer la canción sin llorar. 
- Only darkness every day, ain't no sunshine when she's gone, and this house just ain't no home, anytime she goes away…-canté entre sollozos. 
Pegué la carta a mi pecho y me acurruqué a un lado para dormir luego del llanto. 
 




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