Viviendo entre muertos

Capítulo IX: Ojos rojos. Día 33.

Quizás no haya tenido las mejores ideas hasta aquí. Cometemos errores porque no somos perfectos. Perdí más de lo que gané. Tuve una vida buena antes de esto. Era una adolescente ingrata sin preocupaciones. Salía sin pensar que algo podía matarme. Podía sentarme y observar la vista tranquilamente. Salía con mis amigas a ver películas o vitrinear, en vez de ahora ir a una tienda, armada y desconfiada de todo lo que se mueva. Podía suspiras tranquila en vez de rezar por nuestras vidas. 
Tuve una buena vida. Pero debí de imaginarme que todo lo bueno termina. Pero la opción de que acabara con un apocalipsis de personas infectadas con un virus era la última de la lista.
Sigo entrenándome junto a Benjamin con un nuevo maestro. Aun aquella escena traumática aparecía en mis pesadillas y me hacía pensar en la desesperación.
He estado cambiando, he sido un poco más cortante con ciertas personas, solo con las chicas sigo de manera unida más que nunca, o las que quedamos cercas. Rocco ha estado creciendo muy rápido y cada vez más deja su huella de pelo en todas partes. 
-Hay que hacerlas delgadas ¿okay?. -Me dijo una señora que me dejó sola junto a Francisca-. 
-Nunca he sido fan de las ensaladas. -Hablé.
-Yo tampoco. Tanto. -Ya me veía un dedo menos de la mano-. ¿Como has estado?. 
-Bien, supongo. ¿Y tú?. 
Ella lanzó una mirada con una sonrisa. Rodeé los ojos y seguí en lo que estaba. Las cosas permanecen como siempre han estado, casi rotas. 
Eran como las 4 de la tarde cuando Claudia me llamó a su oficina, dijo que al ir me pidió que no dijera a nadie a donde iba. Dos militares se hicieron a un lado para dejarme pasar. Ella estaba con unos anteojos leyendo uno de muchos documentos que tenía en su escritorio, me senté frente a ella. 
-Hola, Hannah. -Dijo ella dejando las cosas a un lado-. Mucho tiempo sin verte.
Asentí. Quería que hubiese más tiempo sin vernos. Nunca ocurría nada bueno cuando estaba sentada en esta silla.
-Siempre que vengo aquí es por algo malo...-Dije cruzándome de brazos-. ¿Qué tienes hecho para mi hoy?.
-Quería disculparme por la escena de...ya sabes. Perdí la razón. El cambio de mando y todo eso. Fue algo traumante.
《Pasado pisado, dicen》.
-Eres el diablo.
Ella soltó una risa y llamó a José que venía acompañado de una chica común y corriente. 
-Su nombre es Arlette...-Dijo y ella se sentó junto a Claudia-. Hannah, necesito que vayas a una misión mucho más importante que las anteriores. Esto mucho más peligroso, pero podría traernos buenas consecuencias. 
《Al igual que malas》Pensé.
-¿Qué tan importantes?. -Dije cruzándome de brazos-. 
-Salvarnos a todos...-Dijo atrapando mi atención-. Incluyendo a tus amigas. 
Hice un gesto para que siguiera hablando. Le indicó a Arlette y ella levantó la mancha de su polera y me muestra la mordedura. Di un brinco hacia atrás casi cayendo de la silla. No quería ver otra mordedura nunca más. Miré fijamente a Claudia de pie.
-¿Qué tiene que ver eso?. -Dije ya de pie apuntando su brazo. Me alejé de aquella chica-.
-Tienes que ayudarnos, Hannah. -Dijo Claudia parándose quedando de pie en su lugar-. Ella fue mordida el día que fuimos al hospital...no sé ha convertido desde entonces, quizás...sea inmune. 
-Eso es ridículo. -Manifesté-.
-También pensar que el apocalipsis era ridículo. -Ella tenía algo de razón-.
-¿Y qué quieren que hagan?. -Pregunté sin dejar de mirar a Claudia-. 
-Nos comunicamos con la universidad prodigio de Santiago. -Replicó levantándose de su asiento-. Es el lugar más científico del país...quieren que llevemos a Arlette ahí. Van a analizarla y…tratar de buscar una cura.
Comencé a negar con la cabeza. No lo harían. No hay cura.
-No, no, no…-Exprese soltando una risa nerviosa-. Es un viaje de dos horas...prefiero tirarme a un precipicio. Es más rápido. ¿Porque yo?.
-Es un milagro que tus amigas y tú sobrevivieran a tanto. -Dije-. Solo son unas niñas...esto quería hacerlo realmente algo voluntario porque es muy complicado, pero si no acceden tendré que volver hacer las elecciones del supermercado. 
《"Y porque las odio"》 Le faltó añadir.
-Quizás hay tenga suerte. -Dije-. No seré voluntaria esta vez. Hace unos días perdí a alguien muy importante. No quiero volver a perder a otro. 
-Hannah...-Ella se acercó a mí-. Si no lo haces, seré la persona más despiadada contra ti, y contra tu grupo. Lo prometo. Yo sé quién eres, y sé que eres un peligro aquí. Para la gente, todos te tienen miedo...
-Cállate. 
-...Harías lo que fuera para sobrevivir. Lo que fueras. ¿O me equivoco?
Vi la mirada de la chica inmune. Esta perdida y sola.
-Harás esto o te iras de este lugar. -Sentía su respiración sobre mi-.
Tragué saliva y formé los puños. Di media vuelta sin dar respuesta y salí por la puerta hasta llegar a la habitación apretando mi mano cada vez más. Al llegar llamé la atención de todos. 
Esta maldita. No dejaría que ganara pisoteándonos. 
-¿Que te ocurre?. -Apreté los dientes-. ¿Ahora que hay que hacer?. 
Eduardo dejó caer sus brazos. Hice que todos se acercaran y les conté cada palabra y a lo que nos quería hacer Claudia si nos oponíamos. Me lamenté cuando vi como la madre de Francisca, Rosa, llevaba su mano a su boca y cuando Oswald sobaba su cabeza. Eduardo salió por la habitación. 
-¿Esta loca?. -Dijo Oswald-. No puedo. Tengo que cuidar a Norman, digo, Batman. -Retractó. Eduardo volvió a entrar-. 
-Es un viaje muy largo y peligroso, quizás las carreteras estén llenas de infectados.
-Quizás ahí es más seguro que aquí. -Dije mordiendo mi dedo-. 
-No vamos a ir. Es mejor ir a otro lugar. -Dijo Rosa-. No podemos quedarnos. 
-¿Para qué huir?. -Habló Eduardo-. Digo, ¿Para pasar frio, hambre, sed? Aquí hay corriente, luz, agua. Todo lo que necesitamos. 
-¿Estás dispuesto a hacer esto por eso?.
-¿No es obvia la respuesta?. -Formó una sonrisa falsa-. 
-No haremos eso.
-Niñas. Aun no entienden el peligro que hay afuera. No es algo fácil de manejar. -Formé un puño a penas Eduardo comenzó a hablar-. Tienen que hacerlo. Tenemos que hacerlo. Vamos a hacerlo. 
-No.
-Dije que sí. Basta de inmadurez. -Nadie dijo nada frente a las palabras de Ed-. Iré a hablar con Claudia ahora. 
Salió rápidamente de la habitación. 
-Cobarde. -Balbuceé y me senté en mi cama-.
Mi problema no era en si el viajar. Si no, el: ¿Por qué?. Quería quitarme todas estas locas ideas de la cabeza haciéndome creer que no iba a pasar. Que no permitiría hacernos esto. Ya no quería ser la chica asustada. La que les teme a ellos, y no hablo de los infectados. 
Deben de haber sido las cinco de la tarde cuando Claudia llamó a todo el mundo, nuevamente nombrar su nombre no era algo buena. Nunca lo era ni nunca lo será. No tenía la moral de amenazarme con que las personas me tienen miedo. ¿Cree que los demás a ella no? Por favor. Estaba completamente loca. ¿Porque haríamos algo así? Qué clase de mujer envía a unas puertas a tal clase de responsabilidad. No, a ella no le importaba esto. Ella nos quería lejos. Fuera de su palacio.
-Lamento venir con algo nuevamente repelente para muchos...-Dijo ella-. Pero esto, podría ser nuestra salvación...es un viaje sumamente largo y un tanto peligroso. -Me apoyé en una pared y me crucé de brazos-. Hay alguien muy importante aquí que debemos de trasladar, como no hubo voluntarios tendríamos que proceder como la última vez.
Ella trajo la pizarra y muchos cerraron los ojos cruzando los dedos. La comunidad cada vez se hace más pequeña. 
-Pero, esta vez -Siguió con sus malas noticias-. Tengo el poder a concederles este honor a seis personas especiales...-Dijo y me miro directamente entre la multitud-. Francisca G., Sigrid B., Ingrid P., Oswald M., "Batman". -Hizo comilla en el aire-...Eduardo B. y…Hannah.
Comenzamos a alejarnos de la multitud. Debía de desaparecer de aquí. Ahora. 
-Me imagino que esto debe de ser una broma…-Dijo Ingrid, pero en realidad no lo era-.
Era la cruda verdad. Comenzaron los susurros y las miradas a nosotras. Todos nos delataban nuestra posición.
-Deben de haber hecho algo muy malo...-Escuche entremedio-. 
-Después de elegirán diez elegidos más...-Destapó la pizarra y la ruleta-. 
Eran personas que no conocía hasta que nombró a Benjamin. Me imaginó lo irritado que debe de estar Oswald, esos chicos se odiaban mutuamente a muerte. Unos militares comenzaron a rodearnos. Comenzamos a escabullirnos entre las personas. Ellos nos seguían y me alcanzaron tomándome del brazo. 
-No, ¡No! -Dije-. ¡Suéltenme!
La gente solo miraba y se alejaba de nosotras para darle paso a eso gorilas para poder alcanzarnos. Pataleaba como nunca igual que mis amigas, pero ellos eran más fuertes. Nos tenían a todos, pero Ed venia caminando con los brazos cruzados tranquilamente. Nos llevaron a la sala a las que nos trajeron la primera vez, solo que esta vez estaba vacío, me tiraron a dentro.
-¡Déjenos salir!. -Grité golpeando la puerta cuando ellos salieron-. No quiero estar aquí. -Susurre agobiada-. No me vuelvan a encerrar.
¿Porque nos sucedían estas cosas? ¿No basta con lo que hacemos? ¿Sigue sin ser suficiente? ¿no basta por lo que hemos pasado? Me senté frente la puerta y escondí mi cara en mis piernas. Solo quería morir. Quiero que ir con mi familia y Leonidas. Quiero que todo vuelva a la normalidad. Quiero estar afuera de mi casa y mirar el hermoso paisaje de toda la cuidad. Cuando anochecía podía ver esas amarillas luces parpadear y al subir la cabeza, ver las estrellas en el cielo. Era como si esos días nunca fuesen a terminar. 
-¿Ahora que vamos a hacer? -Dijo Sigrid-.
-No voy a prestarme para estas cosas. -Repliqué yendo de lado a lado en la sala-. Vamos a escaparnos. A penas tengamos la oportunidad. 
Eduardo pateaba el piso provocando un irritante sonido. Oswald mordía su dedo y las demás miraban la vacía sala tratando de buscar alguna solución. 
¿Salvar la humanidad? No, se tardarán año, si es que ocurre. Pero, ya hay una inmune. ¿cómo eso era posible? Pues claro, forma más micro cuerpos que los normales. Ella nació para sobrevivir a todo esto. Y pensando yendo de aquí para haya le encontré razón a Eduardo. Sacrificaríamos mucho al no hacerlo. Pero aun lo veo como un bien propio.
Pasaron muchos minutos hasta que alguien volviera a abrir aquella puerta que nos llevaría a lo peor. Era José, nos pidió amablemente que nos apoyáramos en pared de al final. Él se coloca en la puerta con sus manos atrás. Entró Benjamin, Justys, Sinaí y otros más. Justys corrió a abrazar abrazarme. Sus ojos demostraban temor.
-Se les ha informado que mañana iremos a dejar a Arlette. -Habló él colocando sus brazos atrás, dos hombres dejaron almohadas y frazadas en orden en la entrada-. Deben de dormir aquí, algunos se podrán despedir si quieren ahora...-Francisca pasó al frente-. Podrá salir un momento. -Dijo y salió volviendo a dejarnos a dentro-. 
-¡No voy a ir a ninguna mierda de lugar! -Grité-. ¡Ni por el bien de la humanidad, ni de nadie! 
Sonó la puerta y José volvió a colocarse como dominante.
-¡Si no está desacuerdo señorita tendrá que irse del refugio junto con todo su grupo! -Dijo-.
No respondí. Miré a las chicas de reojos y solo vi cabezas agachadas. 
Él se largó dejándonos nuevamente solos. Comencé a chispear los nudillos con rabia, estaban como tomates. 
-Basta. -Dijo Ingrid tirándome para que parara de hacerme daño-. ¡Basta!
Me alejé y me senté, nuevamente estando mal, Benjamin se sentó junto a mí y tengo que admitir que no es una de las presencias que quiero cerca de mi ahora. 
-¿Porque haces eso? -Hablé dirigiéndole toda mi atención. Él me miró desconcertado-. Se me haces una distracción.
Él solo me miró sin decir nada. Cualquier cosa que se me acercara la destruiría al abrir mi boca. Suspiré y cerré mis ojos, sacudí lentamente mi cabeza.
-Lo siento. -Dije girándome a él-. Pero se me hace tan difícil mantenernos todas a salvo.
-Ellas no son tus mascotas. -Dijo él-.
-No es así, si no, que ellas son lo único que tengo...-Dije-…y que llegara alguien más, como lo que tú quieres ser en mi vida...no puedo permitirlo. No tienes respeto, solo una actitud de superioridad. Perdí a mi novio. Alguien que ves contigo el resto de tu vida, como a tu familia. Sabes que cruzando esta puerta está el peligro, al frente de nuestras narices. 
-No te presionare a nada...-Dijo-.
Sacudí la cabeza y la apoyé en la pared.  
Tenía que decirlo. No pretendo mantenerlos a ellos alejados, si no, mantenerme a mí misma alejada. Él era una buena persona, igual que Os, aquel que nos miraba con furia en frente. Francisca entró llorando directo a los brazos de Ingrid. Fuimos con ella a tratar de consolarla. Pero volví a sentir el sentimiento de perder algo tan rápido como chasquear los dedos. 
Pasaron las horas y nos tenían aun de reclusos, sin más explicaciones me dormí en los brazos de Ingrid, todas acurrucadas una apoyada junto a la otra. 
Tuve un sueño muy raro. Estaba en una carrera desierta y sola, sin armas. No había ninguno de ellos, pero sentía que me perseguían. Escuchaba disparos cada vez más cerca, corría y corría sin saber de qué ocurría, pero no tenía donde esconderme y aun así los tipos no aparecían. 
Sin motivos desperté. Me dolía mucho el cuello, dormí muy mal esta noche. Comencé a levantar mi cuerpo quejándome y masajeando mi cuello. 
-Es la hora...-Me susurró Ingrid mientras nuestros ojos estaban medio abiertos-. 
Me levanté con ayuda de Sigrid y me quedé quieta en el mismo lugar. Eran de esas mañanas que no querías levantarte, ni hacer nada ni ver a nadie.
Unos militares entraron con lo necesario y lo lanzaron al piso. Éramos como perros que estaban amarrados tratando de correr, pero cuando se soltara la cadena, sabíamos que en el fondo no sabemos cómo correr.  
-Mochila para guardar cualquiera armamento. -Era un militar nuevo. Traía lentes oscuros y dejaba crecer su barba-. Ahora irán más armados que antes, es un viaje mínimo de dos horas...cuando lleguemos haya nos quedaremos las noches necesarias para saber que ocurre, pero solo en la mañana.
-¿Porque en la mañana? -Preguntó una señora que estaba elegida al azar-. 
-Porque en la mañana aquellos no salen como después del mediodía. 
Recuerdo la vez que veníamos por la tiendo a la cual encontramos comida y ropa. 
-...y llevaron esto con nosotros. -Dijo él entrando al animal-.
Era Rocco. Comenzó a llorar en los brazos de aquel hombre y a aullar. 
-Servirá como alerta.
Él estaba en una correa que lo retenía para venir a mí. Me acerqué y forcejeé con el hombre para que me lo entregara. Con Rocco en los brazos fui donde el militar que nos hablaba. Estaba muy pesado. 
-Si le pasa algo a mi perro…-Le susurré en frente-. No te darás cuenta cuando tengas una bala entre las cejas.
Giré y me quedé junta a las chicas. Bajé a Rocco y lo sujeté de la correa. Él nos entregó unos abrigos y nos preguntó su estábamos cómoda. 
«¿Cómoda? ¿Es enserio?» Pensé. 
Salimos del lugar para subirnos en una de dos camionetas que había. Cuando estuvimos fuera, mucha gente estaba enfrente paradas lamentándose por nosotros, también algunos lloraban que me imaginaba que eran familiares de otro, entre la gente pude ver a Conny y Karin. Forme una línea en mis labios. 
 Fui la primera en subirse, no me iré a ver a los demás. Íngrid se sentó junto a mí y Francisca enfrente. Escuché a Justys que los padres de Conny hicieron un trato para que ella no participara en esto. Justys no tuvo la misma suerte.
Aun un poco dormida me apoyé en la cabeza de Ingrid. 
-Será mejor que estés bien despierta...-Dijo un hombre que teníamos de acompañante. Lo observe un momento para luego cerrar los ojos-. 
Lo diré con toda franqueza, tenía pinta de ser un hijo de puta. Era gordo y traía ropa que no debe de haberse cambiado por semanas y una cara de haberse emborrachado mientras todos dormían.
-...Será un viaje muy aterrador. -Dijo entre risas. Abrí los ojos-. 
Lo ignoré por completo. Dejé mi cuerpo descansar y mirar el "bello" paisaje. Pasamos un poco por la cuidad y los infectados trataban de alcanzarnos, pero ellos conducían tan rápido que solo parecíamos sombras. El lugar estaba deteriorado. Autos chocados, casas destrozadas y esas cosas apareciendo de las sombras. No veía vida humana normal en ninguna parte, pero si escuchaba disparos, y no de nosotros. Sentía como a veces atropellaban alguno de ellos y los veía después como quedaban. Como una bola de puré. Los rayos de sol salían cada vez más de entre las nubes, creo que hoy será un día acalorado. Me quité mi chaqueta quedándome en mi sudadera delgada color ploma. Amarré mi pelo en forma de coleta y acomodé mi hacha a un lado para que no estorbara. Rocco dormía a mis pies. 
Tengo miedo de quedarme sola y perder la cordura, manchar mis manos de sangre de un inocente, perderlos a todos y conocer a otros. Pero sé que sucederá en algún momento, tengo miedo de pensar que será de mí después, ¿podré continuar? O solo me quedare quieta esperando que llegue mi hora. Estaré más atenta y agradecida siempre. Quizás después de esto no volveremos, pero si hemos llegado hasta aquí será por algo, el destino nos tiene un trabajo a todos por eso debo de hacerlo rápido, porque se acaba el tiempo. 
Éramos ocho, luego dos más se unieron a la manada, después en el refugio perdimos a tres, dos por ser felices con su familia y otro por esta maldita enfermedad quedando nuevamente siete. Ahora Benjamin intenta incluirse, pero lo detendré antes de derramar el vaso. Ninguno es remplazable, pero tampoco somos imprescindible.
Se escucharon unos gritos a la derecha de ayuda. Todos miramos y vimos a un grupo de pocas personas aproximándose. Una mujer tenía a un niño en brazos. Pedimos que pararan, pero la camioneta no se detenía por nada, ni por nadie. Vi lentamente como la esperanza de esas personas se acababa al bajar sus brazos. Me las quede observando cuando se hacían más pequeñas. 
No hubo mejor parte en nada de esto. Un día sentado en el sofá de mi casa me puse a pensar en mi futuro. Las cosas no salen como quieres, pero debes de recibirlas con gusto. Aunque, en este caso las cosas no salen como quiero, el gusto se cambia por sangre. 
-La última vez que vi a mi madre fue hace dos meses...-Comenzó a hablar una mujer que estaba con nosotros-. Estábamos enojadas por estupideces, u de casa para quedarme con mi novio, cuando llegué a su casa entre secretamente en la ventana y él estaba con mi ex mejor amiga. -Sonrió falsamente-.
- ¿A dónde fuiste? -Preguntó Justys-. 
-Me quedé en la calle, a la mañana siguiente volví a casa y mi madre no me dejo entrar, tuve que pedirle a mi jefe si podía quedarme en la cafetería en donde trabajaba...y ahora viviendo esto...-Comenzó a llorar-. Que daría por pedirle perdón a mi madre. 
Se apoyó en el hombro del hombre que tenía aun lado. Él comenzó a acariciar su cabello. 
-Días antes me había llegado mi carta de aceptación de la universidad que quería...-Siguió la conversación entre todos por otras personas-. Todo mi esfuerzo se fue a la mierda.
-Yo perdí a mi hija con mi esposa. -Dijo un hombre, podía ver su dolor en sus ojos-. No alcance a llegar al hospital... ¿sabían que fue el primer lugar en donde se convirtieron? -Nosotras asentimos, lo vimos por el televisor-.
-Por Fox...-Dije y todos dirigieron su mirada a mí- yo tenía un una hermana y padres, también muchas amigas fieles...-Dije e Ingrid tomó mi mano-. Ahora solo las tengo a ellas y un maravilloso perro-.
-¿Tuvieron problemas al llegar aquí? -Preguntó el hombre que perdió a su hijo y esposa-. 
-Nada de que me lamenté no haber encontrado -Dije y Batman me sonrió al igual que Os-. 
《Pero si haber perdido》Pensé. 
No dijeron nada luego de eso. La camioneta comenzó hacer sonidos cosas raras y sentí una fuerte explosión. 
-¿Qué sucede? -Dijo Francisca-. 
No tenía ni la menor idea. El conductor paró la camioneta y se bajó para dirigirse a nosotros. Vi como la otra camioneta pasó de largo. 
-Necesito que se bajen todos, un neumático se pinchó. -Habló apoyándose en la camioneta dándole un golpe antes de alejarse-. Solo tomara unos minutos. 
Le obedecimos y nos quedamos lo más cerca posible, especialmente acercando a Arlette. Era el lugar más desierto que había visto, árboles rodean todo el costado. No podía ver nada que viniera de dentro. 
-Pueden aprovechar de ir al baño si quieren...-Sugirió el hombre que sacaba el neumático-. 
Nadie quería ir al baño, en realidad nadie quería separarse, sé que es de gallinas, pero realmente si saliera el animal más grande del mundo no podíamos verle entre los verdes árboles. 
-¿Cómo estás? -Escuché una voz tras de mí, era Oswald quien sujetaba de la mano de Batman.
Formé una línea en mis labios asintiendo lentamente con la cabeza. Batman se fue con Rocco un poco más lejos de nuestro lugar, pero a donde pudiéramos verlo. 
-Solo...mm…lo extraño. -Saqué una lagrima de mi cara sin derramar más-. ¿Y tú? ¿Cómo has estado tú con Batman? 
-Bien. -Asintió-. Se ha acostumbrado a todo esto. Batman, a veces se escabulle y mira a los infectados por la ventana. Dice que son como en sus películas. Al menos está viendo algo positivo en esta situación. 
Soltamos una risa. Las chicas llegaron con nosotros y empezamos a hablar sobre cosas del pasado. Cosas que extraño. 
Faltaba poco para irnos. Comenzaron a hacer una fila atrás de la camioneta para subir. Se demoraban tanto en acomodarse. Comencé a hacer un sonido irritante con mi pie. 
Sentí algo raro, como si nos estuvieran observando. Miré a todas partes hasta que a la derecha pude notar algo moviéndose. Vi a alguien corriendo a nosotros por la carretera. Comencé a acercarme hasta que Benjamin tiró de mi brazo.
-¿Qué es eso? -Pregunté logrando que todos se giraran a mirar-.
Era un gran bulto avanzando a nosotras. Cada vez se veían más aparecer de atrás.
-No puede ser...
Eran muchos de ellos que venían a nosotros, deben ser algunos que se convirtieron hace poco porque eran rápidos. 
-El siguiente…-Dijo el hombre que estaba sin mirar. Su cara se deformo antes de gritarnos-. ¡Suban ya!
La gente comenzó a asustarse y ponerse como loca, y por algún motivo los sentía más lentos. Todos se empujaban para subir. Cuando trate de subir un hombre se cargó en mi para que él subiera y me botó. Me levanté rápidamente cuando ellos ya se estaban acercando. Eduardo tiró de mi mano y me tiró de golpe arriba de la camioneta perdiendo un poco el equilibrio casi cayendo de ella. Quede muy cerca de ellos. 
Pude mirarlo más de cerca y noté algo diferente, dos de muchos tenían los ojos rojos en vez de blancos, eran tan brillantes e hipnotizantes. Podía ver mi reflejo en ellos. El infectado extendió su mano a mí para alcanzarme, pero alguien me jaló hacia atrás, estaba tan cerca de ellos que quería seguir admirándolos, ¿porque eran diferentes? Un escalofrió recorrió mi espalda y un grito me trajo de golpe al mundo real.
-¡Acaso quieres ser uno de ellos! -Me regañó Francisca.
-Yo...-Quedé boquiabierta. Ellos me miraban esperando mi respuesta-. Lo siento.
Tragué saliva y volví a acomodarme entre ellas. Tenía la mirada perdida, y sé que Oswald lo notó. Solo miraba un punto fijo al igual que él. Os me miraba a mí.
Pasan los minutos y cada vez el hombre que teníamos de mandamás decía: "falta poco", escuché un susurro de ellos que decía: "les dije que orinaran antes".
Luego de una hora y treinta minutos cual contaba en el reloj de Eduardo, ya estábamos llegando a la entrada de la cuidad, podría ver los edificios de lejos. 
-¿Han venido aquí alguna vez? -Dijo alguien-. 
Dijeron tantos sí como no. Yo había venido con mi familia al parque temático. Traté de afirmarme de la camioneta porque comenzó a andar muy rápido. El lugar se veía desierto, debe de haber un punto donde debe de estar lleno de ellos. Él no se detenía, pareciera como si nunca quitara el pie del acelerador. La camioneta comenzó hacer sonidos raros. Miré al frente y vi la otra camioneta estacionada a lo largo. Aun este chofer no paraba. Al contrario, iba a la misma velocidad. 
-¡Hey! ¡Te estas acercando mucho! -Dije-.
Él grito cosas, pero no lograba entenderle. 
-¡Sartén!
《¿¡Sartén!?》 Pensé. 《¿Y este que le pasa!?》
-¿¡Que dijiste!?. -Grité al frente-. 
- ¡Que sartén hora!
《No era sartén, si no, salten》《¡Salten! 》.
-¡Salten!. -Dije-. ¡Salten ya!. 
Levanté a Ingrid que tenía a un lado y lancé mi mochila junto a mi hacha. Primero se bajó una de las chicas y lancé a Rocco. Por cosa de inercia y sin pensarla dos veces me lancé. Pero, algunos no fueron capaces. 
Caí como saco de papas al piso y no dejaba de rebotar como si fuese una pelota. Solo cubría mi cabeza, pensaba en protegerme aquella zona colocando mis manos al rededor. Comencé a parar y levanté levemente mi cabeza. Veía todo doble y no sentía más que gritos. Vi como aquella camioneta se estrellaba contra la otra a toda velocidad. Contemplé como los vidrios se rompían y la camioneta caía de lado a lo lejos. Divisé la fuerte explosión y como todo se quemaba.
Lo primero que moví fue mi brazo del cual comencé a quejarme, luego fui con el segundo movimiento para levantar mi tórax, Rocco comenzó a langüetear mi cara. Me coloqué sobre mis rodillas y sentí como crujieron mis huesos. Abrí bien mis ojos y boca. Lentamente moví mi cuello. Logré pararme sobre mis pies tal como pocos lo hacían. Vi a Sigrid, Francisca, Eduardo, Batman y Oswald procesando la situación. Ingrid se levantó y al primer paso su rodilla crujió y cayó al piso. Ella respiró hondamente antes de pegar un grito desgarrador. Caminé a ella, pero luego de unos cuantos pasos caí al piso mareada. Vi a Francisca con otro hombre acercarse. Me arrastré a ella para luego tomar su mano. 
-Se le salió la rodilla. -Dijo él militar-. Esto va a doler, muchacha. 
Sujetó su rodilla para en cuestión de segundos hacer un movimiento bruto y colocarla en su lugar. Ella apretó mi mano y enterró sus uñas en ella junto con un grito. Echó su cabeza hacia atrás y miré a todos lados. Vi a Oswald a un lado de Batman cual tenía en sus brazos. El niño lloraba. 
-¿Dónde...? ¿Dónde está ella? ¿Dónde está Justys?. -Preguntaba sin recibir una aseveración-. 
Me levanté cojeando comencé a andar. No la veía en ninguna parte. Mi cuerpo me dolía entero. Gritaba su nombre, pero no la veía en ninguna parte. De repente vi un pie cerca de una zanja. Fui acelerando mi paso a ella que estaba tirada inconsciente. Caí de rodillas cerca de Justys. Tomé su cara y empecé dándole suaves golpes en ella. Su cabeza sangraba. 
-Oye, hey...-Susurraba-. Despierta, por favor. 
De un segundo a otro ella abrió rápidamente sus ojos como si estuviera en una película de terror. Se quedo inmovilizada. 
-¿Que acabamos de hacer?. -Preguntó y reí-. 
Caí a un lado quejándome del dolor en mi abdomen. Sentía mi cuerpo pesado. Tardamos casi una hora en recuperarnos. 
-¿¡Que acaba de ocurrir!?. -Dijo un hombre acercándose a nuestro jefe-. 
-Se cortaron los frenos. Y.…alguien se le ocurrió dejar aquella camioneta ahí. -Replicó-.
-¡Gente murió! -Gritó el hombre dejando caer sus brazos-. Por un maldito pedal.
Estaba sentada en medio de la calle mientras trataban de sacar los cuerpos de las llamas. Había una mujer que lloraba por ellos. El militar cual nos guiaba se quedó en frente de todos nosotros.
El plan era caminar entre la cuidad hasta llegar a la universidad. Lo más difícil era mantener a alguien a salvo que no sepa defenderse. Arlette ni siquiera sabía manejar un arma, iba más asustada que ninguno de nosotros. 
-Dejaremos que esta destrucción los distraiga. No dejen de moverse si no se los pido. Ella es la prioridad. -Dijo apuntándola-. 
La mayoría caminaba mal y se quejaban de sus dolores. Ingrid iba apoyada en Eduardo y a Justys, Francisca le puso una venda en la cabeza. 
Era la ciudad más poblaba del país. Mi arma cargada, tenía mi vista por todos lados, tiritaba mucho, tenía mucho sueño. Estaba muy poco estable. Nuestro caminar se asimilaba al de los infectados. El hombre borracho de acompañante que teníamos eructó atrás de nosotras. 
-Que cerdo. -Susurré-. 
-Sé que te encanto. -Respondió aquel-. 
De un dos por tres Benjamin coloco un cuchillo sobre su cuello y lo empujó a una pared. El borracho sonrió con sus amarillosos dientes y soltó una risa. 
-Discúlpate con la señorita...-Dijo Benjamin-.
El hombre no contesto. Ambos se miraron con ira e interrumpí.
-Basta...-Dije-. No queremos más problemas de los que tenemos. Ya no son unos bebés.
Sonó un disparo de algunas cuadras colocándonos en la muralla. Ni siquiera quería disparar. Mi respiración comenzó a acelerar.
-No veo a nadie. -Habló el mandamás-. Sigamos. 
Él se guiaba muy bien. Llegando a nuestro destino vimos un cuerpo colgado de un foco, abajo de él había un cartel con pintura que decía: "váyanse de aquí". La persona colgada tenía un arma en su bolsillo y dos parches cubriendo su cara. Dejé que el grupo se adelantaran. Llamé a Oswald y Benjamin. Francisca y Sigrid vinieron también a quienes les dejé a cargo a Rocco.
-Súbanme en sus manos. -Dije-. Podemos sacarlo. 
-No vale la pena. 
-Todos valen la pena. -Dije y me quité todo el peso de encima. Solo sujetaba el hacha-. 
Ellos tomaron distancia y se remangaron las mangas de sus chaquetas. Primero coloqué mi pie en las manos de Oswald sujetada de su espalda y luego de Benjamin. Fue difícil mantener el equilibrio arriba y mis rodillas tiritaban. Pero, me acercaron al foco y me apoyaba en él. Fui de apoco al cuerpo, pero me faltaban unos centímetros para llegar. Extendía más mis dedos, pero no lo alcanzaba. 
-¡No llego!. -Dije-. ¡Tienen que extender más los brazos!.
Ellos estaban cansados. Pero de algo serviría. Sus manos comenzaron a temblar más. Se pusieron de acuerdo para levantarme al mismo tiempo y corté rápidamente la cuerda que rodeaba su cuello. El cuerpo cayó a un lado de Francisca y Sigrid. Os y Benjamin me bajaron. Gateé hacia él y revisé sus bolsillos. Tenía balas en uno de ellos aparte de las que traía el arma. 
-¿Porque alguien lo dejaría con cargamento?. -Habló Sigrid-.
-Debe ser una señal. -Contesté-. Tipo: te ayudo a prepárate a la guerra. 
Los dos parches que tenía en sus mejillas me distraían. Lentamente comencé a soltarlos separándolos de su piel. Los tiré a un lado y pude ver dos gigantes cicatrices en sus mejillas. 
-Son letras. -Manifestó Francisca-. Una "I" y una "C". -apuntó a su cara-. 
-¿Que trataran de decir?. 
-¡Hey!. -Apareció el mandamás a los lejos-. ¿¡Que hacen ahí parados!?. 
Nos levantamos rápidamente para acelerar el paso e ir con ellos. No pude evitar no mirar hacia atrás. Era un poco aterrador estar aquí y encontrar esto. 
Sentimos nuevamente disparos, pero de mucho más cerca, no tuvimos más que escondernos detrás de unos autos. Pude ver cómo eran, estaban conduciendo un camión gigante disparando al aire. Traían literalmente a alguien colgado del cuello con una cuerda arrastrándolo del parachoques, aquellos sólo continuaban con su vida de reyes, quizás para ellos esto era lo mejor que les ha pasado. 
-¿Son los que colgaron a ese hombre?. -Preguntó Arlette-.
-Es lo más probable. -Dijo el mandamás-. Espero que no se topen con alguien como ellos. 
Salimos cuando ya los sentimos lejos. Fui más insegura que antes pensando que gente como ello estaban rodeando el lugar. 
Fuera de los lugares más grandes habían infectados caminando de un lado a otro. Pasamos afuera de tiendas y la mayoría estaba saqueada o con los vidrios rotos. Pasamos afuera de una florería. 
-¿Te gusta?. -Recordé cuando Leonidas me entrego una rosa-. 
Ambos estábamos estirados en un campo de flores. 
-Es hermosa. 
Sonreímos. 
-Esta es mejor. Nos representara. Cuando se marchite, acabara con nuestro amor. 
Era blanca pura.
-¿Lo prometes?. -Pregunté-. 
-Lo prometo. 
Me entregó la rosa blanca plástica. 
-¿Hannah?. -Escuche a Benjamin enfrente de mi-. Despierta. Vamos.
Sacudí mi cabeza y lo seguí. Caminamos tanto. Mis piernas me dolían mucho.
-Ya llegamos. -Dijo el frente al edificio-. 
El lugar era gigante y bonito, o lo era antes. Tuve un pequeño escalofrío al entrar. Estaba lleno de palos bloqueando al sector. ¿También vivirán en una dictadura? Tres hombres armados salieron de la puerta principal. 
-¿Quiénes los mando? ¿Que están buscando?. -Dijo uno de ellos apuntándonos con sus armas-. Levanten las manos.
Le obedecimos y comenzaron a rodearnos. 
-Traemos a la chica. -Habló el mandamás-…La chica.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.