Viviendo entre muertos

Capítulo XII: la triste soledad. Día 45.

-...Se llevaron a nuestra familia. -Dijo aquel hombre-. Soy Sergio, ella Margarita, Tamara y esta pequeña es Fernanda.
-Lamento lo del cuello. -Le dije a Tamara y ella asintió sobando su cuello-.
-¿Saben quiénes eran esos?. -Pregunté afirmando el hacha-. 
-No, solo sé que están refugiados en un hospital. -Dijo-. Pero sé que no les dan miedo esas cosas, se pasean día y noche para encontrar a cualquier intruso.
-¿Por qué?. -Dije-. Los veo caminar como si fueran los reyes. Esos hijos de puta...
-Será mejor que nos escondamos, no es bueno estar aquí parados como si nada. -Habló su esposa-.
-No puedo parar, tengo que encontrar a mis amigos, tengo que volver a casa. -Dije firme-. 
-No podemos dejarte aquí, eres una simple niña. -Parloteó nuevamente su esposa-.
-Gracias por no matarme, pero...adiós. -Dije y caminé a la dirección correcta-. 
Sentí unos pasos tras de mí, giré sin parar y vi como ellos venían conmigo. 
-Estas muy confiada para no tener ningún arma. -Dijo Sergio-.
Dejé caer mis hombros. Por primera vez me sentía segura. 
-¿Cuánto crees que falta?. -Pregunté-. 
-Unos 30 minutos. -Dijo-. Bueno, eso me demoraba lo normal al caminar. 
-¿Cómo han capturado a su familia?. -Pregunté-. 
-Estábamos en casa. Ellos un día fueron a buscar comida, los padres de las niñas, cuando los vi caminando a lo lejos noté que les seguía un auto y al alcanzarlos los obligaron, y tenemos que encontrarlos. Son nuestra familia... ¿Y tú?.
-Me escondí, que cobarde. -Me encogí de hombros-.
-No cualquier cobarde busca a sus amigos. -Dijo Tamara-. Al menos sirvió. ¿Quién iría por ellos?
Mientras caminábamos comenzamos a escuchar disparos cada vez más cerca, venían a nosotros. Pudimos ver dos camionetas. Se quedaron al final de la calle y vi a unos cuantos de ellos bajarse. Había hombres y mujeres armadas.
-Vengan. -Dijo Sergio y nos apoyamos en una pared oscura-. 
El camión comenzó a andar de apoco y los demás caminaban a su alrededor. Podía ver como estaban acompañados de dos perros. 
-Los perros sienten algo. -Dijo uno encapuchado sosteniendo a los animales de dos correas-.
Tenía uno rottweiler negro y otro marrón que corría espuma por sus bocas. Ellos comenzaron a olfatear a nuestro lado. Me quedé lo más quieta posible, ni siquiera respiraba. Eché mi cabeza hacia atrás mientras sentía como pasaban cerca. Sergio hizo un mal movimiento, su pie doblo y cayó al piso llamando la atención de todo el mundo. Solté mi aliento. Lo miré y vi miedo en su cara. 
-¡Los veo!. -Dijo uno de ellos y comenzaron a correr a nosotros-. 
Corrimos por el callejón. Me adelanté a todos, vi unas escaleras por las cuales subí al llegar que dejaban en la ventana de un dormitorio, dejé atrás a esa familia. Miré hacia abajo y los otros estaban muy cerca de la familia. Rompí la ventana al entrar de una patada y rasgué mi pantalón haciéndome en leve tajo largo en la pierna izquierda. Cuando entré a la habitación vi a un hombre y dos niños rodeado de sus brazos que me apuntaba con un arma
-No nos hagas daño. -Los niños estaban aterrados-. 
-Si vas a disparar esa cosa primero tienes que sacarle el seguro. -Me acerqué a él con el ardor en mi pierna-. Tienen que esconderse.
Me alejé de ellos para ir a la puerta.  En una de las habitaciones del pasillo la rompí con mi hacha y en ella manché solo la puerta con sangre de mi pierna para que crean que entre ahí. 
Limpié mi mano y bajé las escaleras hasta encontrarme en el segundo piso. 
Me metí a una habitación hasta que algo tocó mi espalda al cerrar la puerta. Un infectado tiró de mi pelo. Me tenía sujeta, pero lo alejaba con mi pierna buena. Le di un hachazo en su brazo cortándoselo y empapando la alfombra de sangre. Le di un empujón y le di nuevamente un golpe hasta acabar con su segunda vida. Lancé su brazo a un lado. 
Me senté en unos sillones polvorientos llena de sangre en mi manga y pantalón tratando de recuperar mi respiración. Revisé mi mochila y de ahí saqué las tijeras. Me quité mi zapato y comencé a cortar el elástico de mi calcetín. Volví a colocarme mi zapato y guardar las tijeras. Fui al baño y encontré a un infectado atravesado por el fierro de la cortina de baño. Estaba atorado en la ducha. Lo dejé ahí y me miré por el roto espejo. Me hice un chongo con el elástico del calcetín, noté como mi cabello estaba pegajoso y lleno de sangre. Abrí la llave y aun salía un poco de agua de a chorros. Volví a Living para buscar el hacha y traerla al baño, al infectado en la tina le di un hachazo en la cabeza, esto se volvía costumbre. 
Me limpié con unas sábanas de la cama. Dejé mi chaqueta y me senté en el sillón para analizar toda esta situación. 
El lugar era tan silencioso que inclusive sentía como ellos caminaban en el piso de arriba abriendo cada una de las puertas, y no me refería a los infectados. Me asomé a la puerta y vi una sombra. Metí mi cabeza lo más rápido que pude. No podía trabar la puerta ya que ellos de darían cuenta de que hay alguien aquí. Tomé mis cosas y las escondí bajo la cama. La puerta se abrió y me apoye en la pared. Él intentaba estar silencioso, pero aun notaba su posición por su sombra. Sentía su respiración más cerca. No me ha dado tiempo de esconderme en un mejor lugar.
Me asomé y vi que estaba de espalda. Me agaché silenciosamente y me escondí bajo una mesa. Él se giró y entró en donde yo me encontraba. 
-¡Está limpio!. -Dijo y bajo el arma-. 
Salió de la habitación y escuché nuevamente uno de sus gritos. Sentí disparos y luego gritos aun estando escondida. Podía oler esa putrefacción y corrí de mi escondite a la puerta principal para cerrarla. Un infectado metió su mano para no dejarme cerrarla. Eran muy fuertes como siempre. Seguía empujando hasta cerrar la puerta, coloqué un leve pestillo. Arrastré el sillón a la puerta y luego muchos mueblen encima de otros, pero ellos aún sabían que yo estaba aquí.
Me senté en el piso frente a la puerta y dejó mi cuerpo caer en el frio piso. Respiré ya un poco más tranquila. Eso estuvo cerca. 
Sentí un sonido dentro de uno de los muebles de la cocina. Me paré lentamente y seguí el sonido. Volví a sentir como trataban de botar la puerta, pero no podían. Dirigí la mirada al mueble, tomé el hacha de un lado y abrí la repisa. Saltó un inmenso ratón de aquella y me hice a un lado con asco. Salté y sacudí todo mi cuerpo por un escalofrío. Dejé que se fuera y volví a dirigir la mirada a la repisa. Había gasolina y un reloj trisado «¿cómo llegó esto aquí?», marcaban las 12 p.m. del día 8 de octubre. Aún era muy temprano. Guardé el reloj y se me ocurrió una idea. 
Me acerqué a la ventana y tuve suerte que en esta también hubiera una escala de emergencia, si bajaba debía de seguir derecho. Fui a la cocina y di vuelta todo el lugar para al fin encontrar unos fósforos. Bañé metafóricamente la casa con gasolina y abrí la ventana. 
-Uno...-Dije y afirmé uno de los muebles más pesado-. Dos...-Lo afirmé con más fuerza-. Tres.
Los tiré todos abajo y encendí el fosforo, salí por la ventana caminando por el pequeño camino limpio y lo tiré al piso donde todo se encendió justo al cerrar la ventana, y la puerta se abriera. Eso no los mataría, pero sería una distracción, para los infectados y para los que estaban rondando en el lugar. 
Baje rápidamente por dos escalones. Salté y corría cojeando sin mirar atrás por lo malo que se pondría todo. 
Solo caminé por muchos minutos derecho y pude visualizar como un pequeño grupo de ellos se subían a unas camionetas, obligaban a subir a más personas con ellos que pedían ayuda. Crucé antes de que ellos se dieran vuelta, me apoyé en la pared y vi como la camioneta pasó por donde yo venía. 
Esperé hasta no sentir ni un sonido de ellos. Salí de apoco y seguí caminando sola. Al girar en una esquina vi a muchos de ellos caminando por toda la calle, nuevamente volví a apoyarme a la pared.
-Mierda...-Balbucee-. 
Me devolví, pero al girarme visualicé que unas sombras aparecían de la neblina.
Asomé mi cabeza y vi un vidrio a unos metros trizado de una tienda. Tomé una roca y la tiré logrando que dirigieran su mirada ahí. Me quede pegada a la pared y entre a un negocio en el que su puerta estaba rota en la manilla. Cerré la puerta lentamente y dejé una silla para que no se abriera con el viento. 
Me senté en un mueble y quité la venda de mi tobillo que me dejo Benjamin hace dos días, vi mi tobillo morado, me sentía incomoda al caminar, pero me ayudaba bastante. 
Dejé caer mi cuerpo a un lado y respiré hondamente. No podía detenerme, aun había tiempo de encontrarlas. 
El lugar estaba saqueado, solo quedaban pocas cosas, incluso revise bajo cada estantería y metía mi mano sin miedo en lo más oscuro sin poder omitir un escalofrió al sentir telarañas. Guardé algo de comida en mi mochila de Hannah Montana. Me senté en el piso para comer un tarro de durazno, no tenía más que mis manos para sujetarlos y llevarlos a mi boca, aunque ellas estuvieran sucias. El hambre pasaba sobre mi civismo. Odiaba esta soledad. 
Me levanté para buscar alguna puerta trasera y en eso, encontré una que estaba trabada. Comencé a empujarla una y otra vez, hasta hartarme y romperla con el hacha. Hacia tanta cuya. Cuando al fin pude romperla noté más de tres pestillos. Me quedé quieta y aguanté la respiración. No escuchaba ni un susurro ni nada. Miré hacia adentro y vi una angosta escalera en la que veía una pared al final. A la puerta principal le dieron un empujón, pero no fue nada grave, como si un ave hubiese chocado con ella. Entré por las escaleras, cerré la puerta a mi espalda sin antes seguir subiendo por esos pequeños escalones. 
Giré a la izquierda y pasé una cortina a un living instalado sobre el negocio. La cortina flameaba por una ventana abierta y había una mano formada de sangre marcada en el vidrio. Me asomé a ella y vi un cadáver tirado en la calle con la cabeza rota. Cerré la ventana para evitar la corriente de aire y me dirigí a una de las habitaciones, abrí la puerta y encontré un putrefacto olor que venia del cuerpo de un hombre que se disparó a sí mismo en la cien. Me acerque a él y tenía su brazo la mordida. Tomé su arma de la mano que aún le quedaban cinco balas. La guardé en mi bolsillo y salí de ahí. 
Me senté en el sillón y realicé una escena de todo lo que ocurrió. El hombre de la habitación debió de luchar con un infectado hasta que lo mordió y lo empujó por la ventana, luego fue a su habitación para suicidarse. 
Deje mi mochila a un lado. Estaba muy cansada. Luchaba para mantener mis ojos abiertos. 
Sentí cuando mi cuerpo cayó a un lado, pero no pude reaccionar.
________________________________________
Desperté asustada, estaba toda doblada sobre mi nueva mochila. Mi cuello me dolía con cualquier movimiento que hacía. Estaba oscuro, solo podía ver por la luz de la luna que entraba reflejada por la ventana. Miré la hora en el reloj y marcaban las 01:56 a.m. he dormido tanto, tanto desperdicio de tiempo. Busqué unas velas en los cajones y las encendió con un fósforo. Comencé a revisar los muebles y llevarme lo que me sirviera, pero no suficiente para ir tan cargada. Fue tan mala idea abrir el refrigerador. La carne ya tenía gusanos. En los cajones encontré más mas fósforos y una linterna sin baterías, así que, encontrar batería buena fue otra lucha en esta casa. Fui a la habitación para cambiarme de ropa a una más "limpia" y oscura. Ya lista busqué mi mochila para acomodarla en mi espalda y sentí unos disparos de afuera que me hicieron girar mirando por la ventana, pero no podía ver a nadie.
Tomé todas mis cosas y bajé las escaleras. Me dirigí a la puerta e hice un espacio entre ella. Solo miré por un ojo.
El camión se movía de apoco mientras los otros le disparaban a más infectados limpiando el camino, de apoco salían más infectados de cada rincón. Cerré la puerta y me busqué en la tienda algún mapa de turista. Aun me faltaban 7 kilómetros para llegar al hospital. Si no hubiera dormido demás hubiese llegado ya. 
Deje el mapa sujetado en mi mano mientras nuevamente abría de forma lenta la puerta. Ya no estaban.
Salí de apoco. El lugar estaba completamente limpio con muchos cuerpos en el piso. Escuché un grito a lo lejos. Seguí caminando aun a oscuras. 
Iba pegada a las tiendas sobre la vereda, eran las partes más oscuras de la calle. A unos minutos pude ver salir los rayos de luz junto con el lugar en donde iba, podía ver los carros estacionados. Comencé a acelerar mi pasó, pero sentí como alguien me tapó la boca tirándome hacia atrás, me rodeó con su brazo afirmándome, pero yo no me quedaba quieta. Le di un golpe en el estómago, pero aun así no me soltaba. 
-Hey, niña, soy yo...-Dijo una voz familiar-. Soy yo. Cálmate.
Comencé a calmarme y dejar de luchar. Él me soltó lentamente. Me di la vuelta y pude notar que aun traía sus pantalones de militar. Era él, era nuestro mandamás. 
-Sobreviviste. -Susurré.
-¿Porque estás sola?. -Dijo quitando toda alegría de su rostro-.
-Los estoy buscando, a mis amigos, ellos se los llevaron. -Dije-. Necesitó que me acompañes, solo tengo un arma con cinco balas.
-¿Fueron las personas que andan en todos lados?. -Asentí con la cabeza-. Ven. 
No sabía qué hacer. Seguir mi camino o ir con él. Pensé que serié mejor ir con más personas así que...
Me llevó al callejón de ahí mismo y me hizo entrar a una recóndita casa al final. Al entrar un hombre me apuntó con un arma, hizo que levantara ambas manos y abriera mis ojos. Ya no tenía sueño. 
-Bájala. -Dijo el mandamás-. Está conmigo. Es buena.
Aquel hombre le tiritaba ambas manos, ni siquiera sabía tomar un arma bien, quizás nunca ha matado a uno de ellos. Le obedeció al mandamás. Miré al alrededor y vi a una mujer embarazada durmiendo junto con Sinaí. 
-¿Ella ha estado con ustedes todo el tiempo?. -Él asintió-.
Miré al otro lado y había dos hombres tomados de las manos. El más alto estaba escondido detrás del otro rubio. Me miraba un poco asustado.
-Ellos son Edgar y Rodrigo...-Dijo él mandamás apuntándolos-…y ellos son Bárbara y Alfredo, mañana cumplirá los ocho meses. -Susurró a mi oído-. Mira a ese rincón, lo recuerdas. ¿No?.
¿Cómo sobrevivió? Era nuestro borracho favorito. Estaba durmiendo boca arriba en el piso pegado a la pared apoyando su cabeza en una almohada.
-¿Cómo han salido?. -Dije dirigiendo mi mirada a él al igual que todo mi cuerpo-.
-Luego de que se fueran los empujamos por la ventana a algunos, cruzamos el lugar hasta hallar la salida, y como ves, casi ninguno sobrevivió, solo tres... ¿Se han llevado a Henri?. -Asentí con la cabeza-. Ese maldito nos debe una replicación... ¿Cómo esta Justys? Luego de aquel empujón no debe haber caído bien.
-Ella...está muerta. -Dije, sentía un nudo en la garganta. Miré a otro lado para que esas feas imágenes no se cruzaran por mis ojos. Reaccioné de golpe y arrugué entre mis cejas-. ¿Empujón?.
-Lo siento, no debí de haber dicho nada. -Dijo tratando de callarse-.
-Al caer se rompió la pierna. -Me coloqué al frente de él, pero trató de no mirarme-. No podía moverse y, y…no pudimos hacer nada...-Mis ojos se cristalizaron y sentí como mi cara se ruborizaba-. ¿¡Quién la empujo!?. 
Miré a la derecha y vi como Bárbara despertó. Me calmé para no sentirme incomoda luego con todos ellos. 
-Fue...Benjamin. -Dijo-. Comenzó a desesperarse, era todo un bebé llorón...Justys les tenía miedo a las alturas y miró hacia atrás cuando Benjamin la empujó, luego se tiró él y no vimos nada más. 
-Él...él, si no hubiese sido por el estaría viva...por su culpa no pude regresar, lo hubiese logrado, Os me hubiese protegido. -Dije y miré a todos lados, sentía como si el piso se moviera y las paredes se achicaban. Llevé mi mano a mi boca-.  
-Para...-Sentí unos cálidos brazos rodeándome, escondí mi cabeza en el cuello de Sinaí-. 
No llore porque tenía mucha, pero mucha rabia, Benjamin me alejó para que nadie se enterara de que la empujo, todo el mundo se enteraría de esto y pagara por lo que hizo. Pagaría por todo lo que ha hecho.
Me quedé con ellos hasta que salió completamente el sol. El borracho despertó y lo primero que hizo al abrir sus ojos fue decir: "Estoy viendo a un fantasma", y yo le conteste con un: "¿lo dices por mi palidez o porque me tenías poca fé?". 
El mandamás se sentó junto a nosotros mientras comíamos. Al parecer en donde estábamos refugiados era la casa de Bárbara con Alfredo, ambos tendrían a un pequeño niño al que le nombrarían Damian. Edgar y Rodrigo era una pareja homosexual que antes de esto ya estaban en guerra, sus padres los discriminaron bastante. Me decían que las personas nunca comprenderían lo que ellos sienten, solo lo denomina en diferente categorías cono si fuese una enfermedad o trauma, y que se creerían lo que quieren. Cualquier influencia para el futuro de una mente abierta.
-Sabía que ustedes estaban vivos...-Dijo el mandamás-. Sé que no podías morir sin saber mi nombre-.
Solté una carcajada. 
-¿Cuál es tu nombre?. -Dije volviendo al tema-.
Borró toda sonrisa de su cara con cara de haber metido la pata.
-Nunca se lo digo a alguien, siempre dejo que me pongan apodos como quinceañeras. 
-¿Porque no te gusta?. 
-Porque también es el nombre de mi padre. -Dijo-. Jonathan...-quitó la mirada de mi para dirigirla al frente mientras aun comía-. Mi padre golpeó a mi madre durante 25 años. 
- ¿Qué paso después?. -Pregunté inconsciente-. 
Él tragó saliva. 
-Ya no importa mi respuesta ¿no? O sea, no me va a pasar nada. -Negué con la cabeza-. Yo…lo maté...La señora que era mi madre estuvo 20 años diciéndome que era igual a él, física y psicológica. Por eso nunca ocupo mi nombre, me recuerda a él. 
Todos tenemos un animal interior que un día despertará y arrasará con nuestro civilismo. En el día del apocalipsis.
-No te dejes llevar por lo que ella te dijo, tu padre, "Jonathan” era un hombre abusador, tú, Jonathan eres completamente lo contrario, no te avergüences, solo es un nombre, una nominación. -Sonrió-. Cuando lo mataste... ¿fue después de esto?. -Pregunté llevando comida a mi boca-.
-Antes. Nunca nadie se enteró que fui yo...-Volvió a mirarme-…luego fui al ejército. Al comenzar este apocalipsis me llevaron a encontrar a Fox, cuando salieron miles de ellos en el hospital muchos huyeron, pero mi objetivo era encontrarlo, al entrar comencé a limpiar el lugar y encontré a Karen con Claudia en una tienda, más soldados llegaban acompañados de personas innumerables, luego iniciando la comunidad al centro comercial. 
-Suena agotador.
-Cuando alguien moría dejábamos los cuerpos de comida para los infectados...había algo horrible de ese lugar. 
-Ya lo sabía. -Dije-.
-¿Y porque no hicieron nada?. 
-¿Que podíamos hacer?. Todo era una completa locura. -Apoyé mi cabeza contra la pared atrás-. Nunca les dije a ellas, el secreto queda entre Claudia y yo...no quería problemas, no tenía opción, solo quería una respuesta. -Agachó la cabeza y pienso en Leonidas-. Cuando inicio esto nunca había tenido tanto miedo, nunca había corrido tan rápido...todo lo hacía para no estar sola y ahora, estoy sola.
-No estás sola. -Dijo Jonathan-. Te acompañare a buscar a tus amigas, luego nos iremos de aquí todos juntos, volveremos al refugio y Bárbara tendrá a su bebé, y tu volverás a jugar con tu perro. Lo prometo. 
Solté un suspiro seguido de una sonrisa. 
Ya se hacía tarde y Alfredo me entregó su arma, algunos estaban de acuerdo en que fuéramos y otros no. Todo estaba en camino aún. 
Al salir la suerte estaba de nuestro lado, no nos topamos a ninguno de ellos en toda la caminata ni a una ninguna cantidad peligrosa de infectados. 
-...No has pensado en que puede suceder si no las encontramos ahí. 
- ¿Te refieres a si he pensado en que estén muertas?. Claro que sí, todo el tiempo. -Dije-. Pero mientras más lo omita en mi cabeza, mejor. Al menos por unos simples segundos.
Un infectado apareció a la izquierda, Jonathan se acercó a él y le clavó su cuchillo en la cien.
-Entre más silencioso mejor. -Dijo y sentimos mucho ruido-.
Al dar la vuelta en la esquina ya habíamos llegado a aquel lugar. La entrada del hospital era tan verdosa, tenía un gran jardín en el que entraban y salían hombres armados al igual que vehículos. Nos apoyamos en la pared.
-Dame tus armas. -Dijo y le obedecí menos el hacha-. 
Él extendió la mano y se la di rodeando los ojos. Se colocó el gorro que cubría parte de su cara. 
-Date vuelta.
Juntó mis manos y comenzó a amarrarlas.
-¿Qué haces?. -Dije un tanto sospechosa-.
-Si actuó como ellos nos dejaran entrar sin llamar la atención. -Dijo y apuntó su arma en mi parte parietal-. Camina. 
Respiré hondo y comenzamos a caminar. Afirmaba de mis muñecas y me daba leves empujones. 
-Hey... ¿dónde la has encontrado?. -Un gordo que estaba en la puerta de guardia le preguntó a Jonathan mientras abría las rejas-. 
-Merodeando en el lugar. -Dijo y el hombre se hizo a un lado-.
Me empujó, pero me sujeto luego. Intentaba forcejear para que se viera más real. Me daba pequeños golpes. Era una gran comunidad que no paraba de moverse. 
Comenzamos a alejarnos. Jonathan comenzó a cortar la cuerda con su cuchillo. Él me devolvió mi arma, el hacha y el cuchillo. Entramos a la cocina, pero al salir vimos muchas sombras que venían a aquí. Nos escondimos en la bodega en la que hacía mucho frio, pero al entrar había algo muy horrible. Montones de cuerpos estaban marcados unos sobre los otros. 
-¿Qué mierda es esto?. -Se expresó Jonathan-.
-¿Qué clases de personas son estas?. -No pude evitar el deseo de acercarme a unos para notar que tenía un parche pegado a la piel como el que estaba colgado en la entrada-.
Seguimos caminando hasta ver unas clases de celdas en las que algunos estaban heridos y los dejaban dentro como si nada. Nos paseamos por todo el pasillo hasta encontrar a las chicas. Me acerqué a la puerta en donde podía verlos en una pequeña ventana de vidrio.
-¿Cómo llegaste aquí?. -Preguntó Ed con un tono cansado-. 
-Solo seguí los gritos. 
Miramos a todos lados sin encontrarnos a nadie. 
-Abre la puerta, intentaré encontrar armas o cualquier cosa que nos pueda servir. 
Se alejó de apoco mientras intentaba abrir la puerta con mi cuchillo. 
-Por favor no nos dejes aquí. -Escuché junto a las chicas-. 
Era un grupo que traían a niños y ancianos. Rocco ladró junto con los gritos de las chicas y sentí como una mano tomó de mi cabeza, y la empujo para que rebotara en el vidrio. Caí mientras él se sentaba sobre mí, comenzó a estrangularme, sentía como mi garganta se calentaba y tomé el cuchillo de al lado, y se lo enterré en su brazo. Lo tiré a un lado y me senté sobre él, tomé el cuchillo y en cosa de segundos se lo enterré en su pecho una y otra vez por inercia. Haciendo que toda la sangre saltara a todas partes. No podía detenerme. El trataba de hablar, pero yo solo lo seguía apuñalando sin parar. 
Mi vista se empezó a nublar y me aleje de ese cadáver. Nunca había matado a uno normal. Mi cuerpo estremecido tiritaba. Las chicas me miraron por la pequeña ventanita mientras recuperaba mi respiración. Miré al frente y encontré a Jonathan viéndome con cara de impactado. Él me quito el cuchillo que aun sujetaba en mi mano y abrió la puerta de las chicas. El grupo de al lado pedía a suplicas que abriéramos su puerta aún igual que muchos de más haya. Lo hizo y libero esa “celda”. Les dijo a ellos que trataran de abrir las demás.  
No podía no mirar ese cadáver posado sobre un charco de sangre. Jonathan nos entregó las armas y comenzamos a salir de apoco apoyados a las paredes. Benjamin estaba completamente ensangrentado, sin camisa y pocas fuerzas, así que Ed tenía que traerlo apoyado en su hombro mientras Oswald tenía su nariz ensangrentada con unos cuantos moretones en partes de su cuerpo. Aun me dolía mi garganta. Sentía mis manos manchadas de sangre. Trate de limpiarme, pero mi ropa estaba igual. 
Íbamos bien hasta el que un hombre nos apuntó con el arma y Jonathan le disparó, fue cuando muchos de ellos comenzaron a aparecer. 
-¡Solo lleguemos a ese camión!. -Dijo Jonathan. Mientras todos disparábamos. Notamos como el grupo de al lado salía por la puerta-. 
Pude visualizar como todos llegaron al camión mientras yo quedaba atrás. Estaba cansada y me sentía muy extraña. Era como si no estuviese en ese lugar, como si estuviese en el aire. Quería parar de correr por una vez. Todo parecía ir tan lento pero un sonido me hizo volver a la realidad. 
Sentí como una bala se incrustó en mi en mi hombro haciéndome caer. Grité de dolor y Eduardo junto con Jonathan venían por mí. 
Malditos hombros. Uno de ellos me tomó para cargarme y cualquier movimiento que hacía me dolía tanto del como los míos. Nos subimos al camión y ellos me dejaron en el asiento de copiloto. Jonathan fue quien conducía mientras las chicas solo disparaban. Tenía mucho dolor.
-Hazle presión. -Dijo Jonathan le obedecí, aunque doliera-. Aguanta.
Jonathan condujo lo más rápido que pudo. 
-Rodrigo es doctor. -Dijo el presionando mi herida y manejando con una mano-. Te va a ayudar. Estarás bien. Todos estaremos bien.
Jonathan condujo como loco esta camioneta robada y algunos de ellos salieron persiguiéndonos, pero fue muy fácil perderlos. Él conducía como serpiente, de un lado a otro.
-No cierres los ojos, Hannah. -Decía, pero era inevitable-. 
Al llegar a casa, Eduardo me tomó y me dejó sobre la mesa de la cocina. Estacionó el camión fuera de la puerta, dentro del callejón.
-¿Qué le sucedió?. -Dijo Rodrigo tocando mi herida, pero le hice el quité-.
-Tuvimos que atacar. -Dijo el mandamás-. 
-¿Los están siguiendo?. -Preguntó Alfredo-.
-No lo creo. -Dijo Ed y noté como dejo a Benjamin en un sillón-.
Ingrid se acercó a mí y tomó mi mano. Rodrigo cortó mi polera. 
-Quiero unas vendas, algodón y pinzas con alcohol. -Dijo Rodrigo y Edgar le obedeció-. 
Él mojó el algodón en el alcohol y lo refregó en mi herida. Fue el peor ardor que sentí en toda mi vida. Gritaba de dolor. Limpio las pinzas y me miró antes de hacer cualquier movimiento. 
-Esto te va a doler. -Dijo y metió la pinza para buscar la bala-. 
Comenzó a moverla de un lado a otro hasta al fin agarrarla. La saco y rápidamente Ingrid volvió a presionar la herida. Comencé a llorar. 
-Hay que detener la hemorragia. -Dijo y sentí como mi vista comenzaba a nublarse. Era demasiado el dolor-.
Estaba muy asustada. Ingrid comenzó a darme palmadas en la cara, pero no los sentía. Tragué saliva. 
-Ven por mi…-Balbuceé-.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.