Viviendo entre muertos

Capítulo XVII: Ingrid. Día 60.

-¿La has encontrado?. -Le pregunté a Francisca-. 
-No.
-Yo tampoco. -Hablo Sigrid-. 
-¿dónde crees que este? -dijo Francisca. 
-No lo sé -Repliqué. 
Puse las manos en mi cintura. 
Oswald estaba despidiéndose en la entrada de sus parientes. 
-Encontré algo raro. -Dijo uno de los hippies-. Quizás ayude a descubrir donde está tu amiga. Había una mancha de sangre en el primer piso, pero no había cuerpo.
-¿No creen que...?. -Dije y Francisca guardo silencio-.
No había sangre si no una mancha, como si alguien la hubiese tratado de limpiar.
-En la puerta del laboratorio también había una marca. -dijo Francisca. Ya estoy pensando en lo peor-.
Fuimos ahí y nos encontramos a Edgar que limpiando la puerta. 
-Hola. -Dije y el solo sonrió-. ¿Qué sucedió?
-Sólo...cuando llegó Eduardo, manchó sin querer. -Replicó él-. 
-¿No has visto a Hannah?. -Él soltó el paño-. 
-ella...
-Ella vino hace poco -Interrumpió Rodrigo apareciendo atrás de nosotras con unas cajas-.
Ya estaba más calmada. Mi corazón ya comenzaba a tomar un ritmo normal.
-Quizás a donde siempre vamos ella vuelve a lugar en donde estábamos -Dijo Sigrid-. 
-Tampoco he visto a Jonathan en la mañana. Iré por él. 
-creo que estaba en la cocina.
Francisca no sonrió y se alejó sin antes tragar saliva. 
Caminado por el pasillo apareció Jonathan. Él me vio y tomó otra dirección. Trató de evadirme, pero lo seguí hasta tocar su hombro. Se le cayeron algunas cosas que traía en sus manos. Lo ayudé a recogerlas. 
-¿Porque te alejabas?. -Pregunté-. 
-¿De qué hablas?. -Dijo sardónico-. 
-Te iba a hacer una pregunta. -Él ni siquiera me veía a la cara-. ¡Hey!. -Él me miró-. ¿Que...? ¿Porque...? ¿Porque están actuando todos tan raros? 
Se levantó quedando los 30 centímetros más grandes que yo. 
-Ella...no está aquí...
La sonrisa de mi rostro comenzó a desvanecerse. Ya empecé a mover mis manos.
-¿Donde esta?. -Pregunté, mi respiración aceleró-.
-Ella...fue a buscar cosas afuera. Volverá en la tarde. 
Volví a tranquilizarme. 
-¿Porque lo dices con tanto suspenso?. -Pregunté-. 
-¿Que? ¿Yo? No.
-Claro. -dejé caer los hombres. Nunca entendería la mente de los hombres-. 
Estuve sentada en la entrada del liceo hasta muy tarde, pero ella nunca llegó, me salté la hora del almuerzo para verla, pero no estaba ni siquiera afuera o cerca del lugar. Comenzaron los tormentos y fui a la cocina. 
-Al fin pensaste en comida. -Habló Rosa-. 
-Mi estomagó comenzó a rugir. 
Saqué una bandeja y una cuchara y en eso me clavé algo en la mano. Se veía un punto rojo en la palma de mi mano. Asomé mi cabeza en los servicios y vi un cuchillo. Lo saqué lentamente entre todos y los sujeté en mi mano. Estibaba la H granada en ella. Era el cuchillo de Hannah, su inolvidable cuchillo. Dejé la bandeja a un lado y salí por la puerta sin darle una explicación a la madre de Francisca. 
Eduardo iba caminado en medio de la cancha con una mochila puesta, grité su nombre. Pero el solo me evitaba. Corrí hacia él hasta que ambos nos detuvieron de lo que estuviéramos haciendo. Se me quedó viendo arrugando su frente y dejando caer sus hombros.
-¿Que le ocurrió?. -Mis ojos se cristalizaron-. 
-¿Hay algún problema?. -Francisca se acercó a nosotras-. 
Eduardo evitaba abrir su boca. Coloqué mis manos en mis caderas.
-Hannah no está aquí porque...
-Dios. -Balbuceo y tapé mi boca-.
Francisca se quedó inmovilizada mirando a Ed y esperando que terminara aquella frase con un final triste. Era como echarle sal a la herida. 
-Hannah ayer vino a pedirme ayuda. Ella se fue en la noche luego de que...la infectaran. -Manifestó y sentí como si me hubiesen disparado-. No había nada que hacer, y ustedes lo saben. 
Las lágrimas ya salían solas de mis ojos. Mi cuerpo comenzó a tiritar y traté de mantener la compostura, pero era imposible. 
-¿Qué? -Solté una risa nerviosa-. Es una broma. ¿Dónde está? Ella...ella no se iría sin antes de despedirse. ¡No es verdad! 
Sentí un golpe en el pecho. Mi corazón comenzó a acelerarse. Sentía un nudo en la garganta, sabía que si decía otra palabra explotaría en llanto. Mis manos comenzaron a tiritar y me fui corriendo de ahí. Me alejé de todos y en el camino me tropecé quedando de rodillas en la cancha. Vi a todos aparecer de apoco. Comencé a llorar desconsolada. Francisca apareció y me abrazó por la espalda. Ambas comenzamos a llorar sin importar que todos nos miraran. Sigrid también se unió. 
Era la peor sensación del mundo. Era horrible. Cada segundo era peor que el anterior, sólo quisiera que parara, solo la quería devuelta. Rocco se echó a un lado. Oswald apareció dejando caer sus brazos. 
-Busque en las salas, pero... -Se detuvo y tragó saliva- ¿Qué sucede? -Dijo él-. 
Se me rompería el corazón decirle, pero él ya se estaba dando cuenta. Quité la mirada de él.
-No...-Susurró mientras sollozaba-. No puede ser. 
Comenzó a llorar. Él se alejó al sobar su cara. Rocco se puso en mis piernas y le acaricié su espalda. Cada quebradura dentro de mi dolía. Mas que todo en la vida. Un total vacío gigante dentro de mí.
________________________________________
Estaba sola en nuestra sala mirando como mis pies se movían. Aún seguía sollozando. Se abrió la puerta y apareció aquel borracho. Sequé las lágrimas secas que se acercaban a mi boca. Entró con sus zapatos sucios embarrando el piso.
-Hola...-Dijo, pero no tenía ganas de hablar con nadie- es una pena. Era una buena chica-. 
Él noto que no quería hablar, pero seguía siendo un pesado. Se sentó junto a mí. Fruncí el ceño.
-Me gustaba hablar con ella. Ambos nos poníamos melancólicos juntos.
-Quiero ir a buscarla. -Hablé-. Voy a ir a buscarla. La encontraré y... ¡Ah!. -Grité de rabia y tapé mis ojos-. 
-¿Por qué?. -Dijo él-. Para perderte, arriesgarte y al final encontrarte con una pesadilla. 
-Ella cruzo la cuidad para encontrarnos. -Dije-. 
-Porque ella sabía que estábamos vivos. -Comencé a llorar-. Lo siento, la cagué.
Él guardo silencio. Me tranquilicé un poco más. Aun quería mi espacio.
-¿Has visto a Oswald o a las demás?. -Negué con la cabeza-.
Solo quería que se callara. Sabía que todas estaban separadas en este inmenso lugar.
-¿Hablaste con él?. -Pregunté-.
-Si. -contestó-. Ha estado en la escalera desde que le dijeron.
Él se alejó, pero se detuvo en la puerta. Se quedó de pie dándole la espalda. 
-Quizás debes de hablar con él. -susurro-...o con alguien. 
Se fue cerrando la puerta y volvía recostarme en posición fetal. Quería que este dolor parece al ver su rostro otra vez. 
Pasaron muchos minutos para que volviera levantarme. O, mejor dicho, poder recuperar mías fuerzas. Me quedé en medio de la sala sin saber que hacer o decir. De un segundo a otro comencé a patear una de las malditas mesas que estaban junto a mí. Tomé una silla y la lancé lejos, más de lo normal.  El sol ya se estaba escondiendo. 
Fui a las escaleras para encontrarme con Oswald. Él estaba con la cabeza apoyada en el la pared. Me senté junto él sin decir nada. Oswald levantó su cabeza para mirarme, pero no tardo muchos segundos para volver a acomodar su cabeza en la pared.
-Me imagino, que hay tanto dolor mientras somos jóvenes...-Hablé-.
-Ella está muerta. -balbuceo-.
-Ella creía en una frase, "sin cuerpo, no hay muerto". -Dije con la voz temblorosa-. Ahora también creo en eso. Quiero creerlo. Quiero creer que ella este viva, quiero que esté viva. 
Guardo silencio. Él me miró y puso mi brazo tras mi espalda. Apareció Eduardo y se sentó junto a mí. 
-Mi abuelo decía que cuando uno encuentra su primer amor no hay nada que los separe, pero el tiempo me hice creer que hay algo que, si lo hace, algo muy malo, que te deja con un dolor insoportable, el corazón roto y distintas clases de recuerdos. Te deja en la conciencia que no pudiste hacer nada. 
-Así ella se sentía cuando Justys murió. -Dije-. Así me siento ahora. 
-No quiero olvidarla, se convirtió en mi mejor amiga. -Aseveró Oswald, ni siquiera nos mirábamos entro nosotros-. 
Guarde silencio. 
-Hay algo que podrías hacer. -Dijo Eduardo-.
Llamamos a todas las chicas y fuimos a la cancha en donde había un gran muro de cemento. 
-¿Encontraron?. -Pregunté-.
Sigrid asintió. 
Estábamos frente a la pared gigante. Francisca y yo teníamos unos plumones gruesos. Trajeron dos sillas y yo me subí sobre ella. Ambas nos miramos y comenzamos a rayar la sucia pared esperando que no nos saliera ningún ratón por los agujeros.
Francisca escribió el nombre de Justys y yo coloqué el de Hannah. Bajamos y todos tenían un plumón en la mano. 
-Ahora sí...-Dijo Francisca-.
Todos comenzaron a dibujar y escribir frases bonitas. Todos reían y recordaban momentos. 
-¿Puedo?. -Apareció nuestro antiguo mandamás-. 
-Mandamás...-Dije-. 
-Me llamo Jonathan en realidad. –Aclaré-. Ya no le temo a nada.
Él tomo el plumón y comenzó a escribir en la pared. Me hice atrás para ver aquella obra oscura. Oswald se paró junto a mí. Rocco apareció y él lo tomo como pudo. Sonrió luego de ver al frente. 
-Maldito perro. -Dijo Oswald-. Comes poco, pero pesas mucho.
-Quizás solo sea pelo. -Reímos mientras acariciaba su espalda-. 
Al anochecer volvimos al comedor en donde me acurruqué sola con la frazada separada de las demás.
-A ella le hubiese gustado todos esos "grafitis". -Dijo el borracho mientras soltaba una carcajada-. 
Rodrigo y Edgar estaban enfrente haciéndole caras a Damian. Él era pelirrojo igual que su madre. 
Pero mi paz mental no dura mucho. Aquellos recuerdos envolvían mi mente como fotografías. Todos perdimos a alguien. Todos estamos rotos por dentro y no puedo imagíname a una sola persona feliz con todo esto. No puedo repararlo.
________________________________________
Desperté antes que todos. El sonido de la lluvia golpeando las ventanas no me dejaban dormir bien luego de una larga noche. Coloqué mi cabeza entre las piernas. Quería dormir por el resto de mi vida. Estaba sobre las nubes y ella bajo tierra. 
Debían de ser como las 6 de la madrugada. Me coloqué mi chaqueta y salí al pasillo, vi una sombra en la oficina. Me acerqué a ese lugar lentamente. Abrí la puerta sin meter ruido y me acerqué a la puerta abierta. El borracho estaba de cuatro patas tratando de abrir la caja fuerte del liceo. Él lo logró y de adentró sacó una botella de ron. Él se giró y dio un brinco al verme parada detrás de él. Llevó su mano a su corazón.
-Ay dios, eres muy sigilosa. -Sus ojos estaban rojos-.
Perdí el equilibrio y encontré una botella de vino vacía en el piso. 
-No todos los directores toman agua. -Habló acomodándose en el frio suelo-. Soy un total desastre.
Abrió la botella y pegó un largo sorbo.
-Por tu hijo ¿No?. -Dije-.
-¿La mocosa te lo dijo? 
-Ella me decía todo.
-Hay personas que nunca se olvidan ¿Eh? 
Asentí lentamente con la cabeza. Ambos nos quedamos mirando. El silencio ha sido mi mejor amigo hasta ahora. 
-¿Se conocían hace mucho? -Preguntó. 
-Mucho tiempo...-Repliqué-. Quizás...debí de salir a buscarla. 
-Si ella no quiso decirles era porque tenía sus motivos. Ella debía de creer en algo. 
-Ella era pesimista. -Manifesté-. Pero siempre nos decía que todo iba a ir bien. Es algo incomprensivo. 
-Razonable con los demás…-Me acomodé en una de las sillas-…Incomprensiva con ella misma. Quizás por eso las protegía tanto, porque ella no creía tener a nadie, ni a ella misma. 
-Ella creía que sus padres podrían haber estado vivos, los subestimaba. -Dije-. Igual que yo. Pudimos controlar nuestros sentimientos al respecto. No todo era tristeza, o eso creía ella.
-Luego de la muerte de su novio no volvió a ser igual ¿no? Quiero decir, que se notaba algo más...
-¿Fría...?. -Interrumpí-…y atenta. 
Él cerró sus ojos.
Pasaron las horas y la lluvia ya estaba parando. Debíamos de ir a comer, busqué solo una manzana roja y jugosa, y me senté junto a Francisca.
Estos momentos en los que no quieres hablar con nadie son los perfectos en los que los recuerdos te invaden y te sientes humano. Si no fuese así olvidarías todo lo que sientes a una persona, como fue tu primer beso y el apodado día más feliz de tu vida. 
No es fácil conocerme, soy un poco complicada. No le echó la culpa a nadie, pero siempre hay alguien a quien culpar, amigos, familias, quien sea. Este año estaba siendo torturador para mí y dos más de nosotras. Mi madre era de las típicas que quieren el bien de tu futuro. Quien puede culpable por soñar con huir. Todos los hemos querido. Era un futuro maravilloso para mi mundo, era lo que quería realmente pero siempre hay alguien como dije antes, es como si me sujetara y la salida estuviera frente a mí. Es algo torturador, esto cambio los planes. Completamente. Solo llegue al punto en el que quieres quedarte en el presente en vez de pensar en el pasado, porque me gusta el presente, por primera vez. O bueno, parte del. 
Comenzaron a sonar disparos y caminé a la entrada, ellos ya estaban aquí. Eran los mismo que la otra vez. Una chica que tenía rapado a un lado de su cabeza me tomó de ambas manos y me amarró. Me llevó y me obligó arrodillarme en medio del patio. Sentía leves gotas caer sobre mi cara. 
-Tráiganlos a todos. -Habló ese maldito calvo-.
Trajeron a los demás a mi lado y todos en la misma posición. Faltaba el borracho, Jonathan y Eduardo.
-Es tan bueno hacer un trato, ellos...prácticamente los vendieron. No exactamente dijeron el lugar, pero si una pista. Ustedes destruyeron mi gran palacio, ahora los destruiré a todos -dijo colocando la punta de la pistola bajo mi mandíbula- ¿y donde esta ella? ¿Aquella maldita chica sobrevivió al disparo? 
-Ella está muerta. -Respondí-. Ustedes la mataron. -Mentí. 
-Que fácil. -Replicó-. Quién lo diría.
-También fue fácil destruir tu pequeño palacio.
Él me dio una bofetada. Caí a un lado, pero Francisca me ayudó a levantarme y volver a mostrarle mi cara.
-¡Hey! -Escuché al fondo-. 
Jonathan estaba apuntado al jefe con una metralleta junto a Eduardo.
-¡Bajen las armas!. -Gritó Ed-. 
-No lo creo. -Dijo el jefe y le disparó a Eduardo-.
Él cayó hacia atrás y Jonathan lo auxilió. Lo agarraron entre dos y lo arrastraron hasta nosotros. Comenzó a forcejear y al final le dieron un golpe en la cabeza, cayó inconsciente y así pudieron amarrarles las manos. 
-¡No!. -Gritó Sigrid tratando de patalear para salir-. ¡Déjenme, Malditos bastardos!
-¡Suéltenme! -Escuché de la izquierda-. 
Unos tipos traían sujetada a Francisca de sus brazos. Su madre venia tras ella gritando que la dejaran hasta que el jefe le apunto con el arma. Ella quedo inmóvil. 
-Mamá, Estaré bien. -Dijo Francisca ambas sabiendo que no era cierto-. 
Su madre comenzó a retroceder mientras afirmaban a Francisca junto a Sigrid y a mí. 
-Ustedes malditas muñecas hicieron que días de trabajo y respeto fueren estropeados. Ahí hubiesen tenido un hogar. -Dijo el jefe pasando entre nosotras de izquierda a derechas-.
-Prefiero morir a que tener que servirte como una esclava. -Le contesté-.
-Mala respuesta niña. -Afirmó-. Todos sufrirán por sus culpas.
Con Jonathan inconsciente y Ed muerto ya no sabía qué hacer solo miraba su cadáver y los malditos hippies yacían muertos sobre el piso porque el maldito calvo les estaba disparando a cada uno de ellos como si no fuesen nada. Ya no teníamos más amigos. 
-Uhg, nunca me gusto ese estilo. 
-¿Que quieren?. -Preguntó Oswald-.
-quiero que todo vuelva a la normalidad. Quiero tener mi propio refugio con mis reglas en donde todo gane y sea mío. -Aseveró-. 
Mantuvimos silencio. Uno de ellos tenía afirmado a Rocco.
-¡Cállate maldito perro!. -Le apuntó-. 
-¡No! -grité-. No mates su ultimo recuerdo.
El jefe con algunos más de sus hombres, planteaba todo lo que podrían hacernos ya que matamos algunos de sus compañeros y amigos de ahí. 
-Tengo un cuchillo. -Me susurró Oswald-. Ya logré soltarme. 
-¿Porque hiciste eso?. -Susurró Francisca- Te mataran si te descubren, al igual que Ed.  
-Moriremos de todas formas. -Balbucee-. 
-No me gusta el pesimismo. -Susurró Oswald-.
Su cadáver seguía tirado en el piso. El jefe se alejó con su otro amigo dejando solo a dos. Segundos después se fueron dejándonos solos. No eran los más inteligentes.
Jonathan despertó de golpe dándonos un susto a todos. 
-Dios...-Dije-. 
-¿Y Ed?. -Fueron las primeras palabras al despertar-. 
-Su cadáver está ahí. -Dije fría-. 
Jonathan silbó y vimos como Ed movió su pie. 
-¿Qué mierda?. -Dije. 
-Se puso una bandeja metálica bajo su sudadera y la amarró con su cinturón. Sabía que les dispararían así que las balas deben de haber quedado ahí. 
-Inteligente. -Dijo Os-.
-¿Alguien sabe cómo desatarse? -preguntó Jonathan y Os lo desató en cuestión de segundos-. Gracias. -Respondió Jonathan y con Oswald comenzaron a desatarnos a todos, pero aun así nos quedamos sentados-. Préstame tu cuchillo. 
Jonathan lanzó el cuchillo a la cabeza de uno de los hombres de los malos y el otro solo le apunto, pero no alcanzo a dispararle ya que Ed fue más rápido. 
-Quédense aquí. -Dijo Jonathan corriendo a los cadáveres-. 
Le quitó el arma a uno de ellos y junto a Eduardo ambos salieron corriendo a los demás pisos. 
El jefe vino a nosotros y preguntó que paso. Nosotros actuamos si no supiéramos nada. Llamo a todos sus hombres y los dejo vigilándonos mientras él iba tras Eduardo y Jonathan. 
De repente sonó afuera de la escuela una gran explosión. Todas nos tiramos al piso y Os me cubrió mientras sujetaba a Rocco, de ahí comenzó a salir humo negro. 
-Mierda, ¡Las cosas!. -Dijo uno de los villanos de esta historia y una gran cantidad de hombres salieron. Aun nosotros nos quedamos en el piso-. 
Comenzamos oír gritos y más disparos de todos lados. El jefe apareció y se quedó abajo junto con los demás. 
Una multitud entró, pero los malos comenzaron a disparar y ellos se quedaron en la puerta disparando de ahí. El borracho se acercó al jefe y le dio un golpe en la cabeza con una botella, el cayó inconsciente. 
Era un completo tiroteo. No tardaron mucho para que los cuerpos comenzaran a caer de los otros, uno más que otros corrieron para escapar. Eduardo y Jonathan comenzaron a bajar las escaleras, pero dispararon a su lado. 
-¡Paren!. -Dije-. Ellos no son de los malos. 
Los nuevos sobrevivientes comenzaron a entrar lentamente. Un hombre fornido muy alto entró con un arma de los primeros, dos chicas de nuestra edad aproximadamente tras él y tres hombres más.
Él se acercó a mí y extendió su mano, pero con Os nos hicimos hacia atrás. No sabíamos si a confiar en ellos. 
-Tranquila, no muerdo. -Dijo aquel hombre-.
Él me ayudo a levantarme y las demás también. Oswald no quitaba su ceño fruncido. 
-No venimos a hacerle daño. -Dijo aquel hombre-. Solo queremos un lugar seguro...éramos más, pero haya afuera no es fácil sobrevivir. 
-Lo sabemos...-Hablé-.
Eduardo y Jonathan aparecieron junto a nosotros. Ed lo saludo estrechando su mano. 
-Jonathan...-Dijo estrechando su mano, pero de un segundo a otro el retrocedió haciendo que nosotros también y le apuntó con el arma-. Estas infectado. Déjame ver tu brazo. 
Aquel hombre levantó ambas manos para luego mostrarnos su brazo como si fuese algo normal, pero él tenía su mordida cicatrizada.
-Esta así hace una semana. -Dijo él y Jonathan bajó el arma-. Me dijeron que aquí estaríamos a salvo. 
-¿Quién? -Preguntó Os-. 
Pude ver como Francisca se quedó impactada mirando tras de mí.
-¿Qué sucede?. -Dije-. 
Un hombre con un tatuaje en su cuello entró trayéndola en sus brazos. Estaba pálida con los labios morados. El hombre la dejo en el piso, pero ella ni siquiera podía mantenerse en pie. Me acerqué a ella y la abracé. 
-Creí que habías muerto...-Susurré en su oído con un nudo en la garganta-.
Ella se desplomó al piso y la sujeté con mis pocas fuerzas. Me senté a un lado y dijo con pocas fuerzas:
-Ahora lo sé...-Susurró Hannah. Nuestra Hannah-...Soy inmune.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.