Viviendo entre muertos

Capítulo XXI: Un sueño con los muertos. Día 97.

Estaba todo oscuro. Estaba sola. Me levanté de la carpa y no había nadie más afuera. La fogata estaba residen apagada y no había ni una sola alma paseándose, solo yacía el silencio. Se veía una neblina en el espacio.

-¡Aló!. -Dije cruzándome de brazos, pero nadie apareció-.

Caminé hasta que escuché unos pasos que no eran míos. Me quedé quieta y vi a alguien entre los árboles. Una sombra que corría.

-¡Oye!. -Dije persiguiéndolo. Me metí entre los arboles sin perderlo de vista, pero no lograba alcanzarlo-. ¡Para!.

Él lo hizo en cosa de milagro. Me detuve, mi piel se erizó y rasqué mi brazo. Caminé lentamente hasta llegar a estar frente a él. Toqué su hombro, pero antes de que viera si cara ya sabía quién era. Desperté de golpe.

Me quedé sentada en la cama recuperando el aliento sin meter tanto ruido. Cubrí mi boca y cerré fuertemente los ojos. Os dormía junto a mí y Rocco estaba a los pies, estaban todas las chicas acurrucadas y dobladas. Me levanté y salí de la carpa. La gente ya estaba en pie. Volví a meterme y Oswald comenzó a quejarse.

-¿Qué pasa?. -Preguntó-.

-Nada. -Contesté recostándome junto a él-.

Odiaba despertarlo siempre en medio de la noche por mis estúpidas pesadillas.

Ya ha pasado casi un mes desde que llegamos y el hospedaje ha sido grandioso. E aprendido mucho estando aquí, pero aún tengo desconfianza en el mundo, Ingrid me dijo que quizás me sentía así por todo lo que hemos pasado. No lo sé, pero me importa. La gente es muy agradable y rara, por decirlo así, de dónde venimos siempre fue algo duro. Ya no nos miran raro, o su vista ya no baja a mi brazo, o hacen alguna referencia a ello. Especialmente para nosotras. Nos han tratado bien luego de tanto tiempo, especialmente a Gabriela, Antonio y yo, quizás porque somos su pequeña esperanza de vivir como dijo Angélica.

Dentro de uno de los libros que tenían estaba escrito en páginas amarillas: "Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto hacia la libertad, que hay oportunidad para cambiar las cosas, entonces hay una opción de que puedas contribuir a hacer un mundo mejor. Esta es tu alternativa".

Eran las palabras de Noam Chomsky.

-¿Qué tienes?. -Dijo Oswald quedándose junto a mí. Me quitó ligeramente el libro de mis manos para leer aquel verso-. Cool, nunca ha sido lo mío leer. -Puse los ojos en blanco y soltó una risa-.

Cruzó su brazo sobre mi hombro y me sacó de ahí.

Estaba con los niños quitando la jardinería. Dejábamos las uvas delicadamente en una canasta de mimbre. Francisca e Ingrid estaban conmigo y ella lo hacía mucho más delicadamente que yo.

-Que desiaria por volver a escuchar a Artics Monkeys de nuevo. -Habló Ingrid-.

-Algún día-.

-Cuando llegue ese día...-Añadió. Ingrid apareció para unirse-. Subiré todo el volumen hasta quedar sorda.

-Yo quisiera tanto volver a ver American Horror Story. -Solté-.

Soltamos un suspiro.

-Evan Peter. -Dijimos Ingrid-.

-Hannah...-Escuché de lejos. Era Wladimir-. Mi madre pidió que si podrías ir a su carpa.

Asentí con la cabeza algo extrañada. Hace mucho que no tenía contacto con ella. Le avisé a Francisca y dejé las cosas a un lado. Fui a su carpa.

-Se ha perdido ayer, tengo que ir a buscarlo. -Dijo una mujer dentro de la carpa. Estaba sudada de pies a cabeza y su cuerpo tiritaba-.

-Es peligroso. -Respondió Angélica-.

-Él es mi esposo, tengo tres hijos...

-…y esas son las razones por las cuales debes quedarte. -le interrumpió Angélica. Ella abrazó a la mujer que comenzó a sollozar. Se asqueó un poco al tocar su espalda. Esperé que ella terminara para acercarme.

-Hola, Hannah. -Dijo y sonreí-. Sé que aún no has almorzado, pero me preguntaba si podrías ir a botar la basura -asentí- la mayoría están ocupados.

Saltarme un trozo de carne por minutos no era nada grave. No ha sido una buena mañana para mí. Me dio un arma antes de irme y ella salió primero de la carpa. Antes de salir escuche unas voces afuera muy familiares. Oswald y Valentina.

-Me preguntaba si te gustaría ir a cazar conmigo y unos amigos ahora, ya que tenemos un tiempo libre. -Dijo nerviosa-.

-Ah...no lo sé, debería de ver. -Respondió Os-.

-Vamos...-Se escuchó insistente. Esa voz chillona me irritaba-.

-Claro, nos vemos luego. -Dijo el despidiéndose-.

-Bueno...-Espere que él se fuese para salir-.

Valentina me miró de pies a cabeza y yo puse los ojos en blanco mientras salía. ¿Y ella que piensa de mí?.

Fui al basurero a sacar las bolsas y anudarlas, Oswald apareció atrás de mí y me ayudó

-Daré una vuela por si acaso. -Me dijo él mientras me entregaba una bolsa-.

-¿Con quién?. -Pregunté-.

«Sé que con ella».

-Con unos nuevos amigos. -Respondió-.




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