Capítulo 49.
No te vayas
El sueño de Ayaka fue tan profundo, y tan agradable, que solo fue capaz de salir de él cuando los rayos del sol se filtraron por la ventana y le acariciaron el rostro. Al principio se resistió, pero poco a poco fue jalada de vuelta a la consciencia, y sus ojos se fueron abriendo de forma perezosa.
Primero, todo lo que vio fue una silueta borrosa que se difuminaba con el resto del cuarto. Pero tras solo unas cuantas fracciones de segundo, dicha silueta fue aclarándose, hasta tomar la forma de un rostro, de unos brillantes ojos carmesís que la observaban fijamente, y de unos labios delgados que le sonreían con dulzura.
—Buenos días —le susurró aquel rostro; el rostro de Kazuha, por supuesto, que estaba recostado a su lado sobre su costado en el mismo futón.
Ayaka parpadeó un par de veces, y necesitó aún unos cuantos segundos más para poder salir por completo de su ensoñación y lograr procesar lo que miraba. En cuanto lo hizo, respingó notablemente, y sus ojos se abrieron grandes con asombro. Bajó la mirada lentamente del rostro de Kazuha hacia el resto de él, que en su mayoría se perdía debajo del mismo cobertor que la cubría a ella, pero que dejaba lo suficiente de su desnudez a la vista. Y claro, no tardó en caer en cuenta de que ella también lo estaba, lo que hizo que su rostro entero se tornara rojo en cuestión de segundos.
Por mero reflejo, Ayaka tomó la orilla del cobertor y lo alzó lo suficiente para cubrirse por completo su rostro. Aunque solo fue un instante, pues luego lo volvió a bajar un poco, asomando tímidamente sus ojos azules para observar a Kazuha, que la seguía admirando y sonriendo de esa misma forma tan tierna…
No era justo que se viera tan apuesto recién despertado.
—Bu… buenos días —masculló nerviosa, atreviéndose a asomar un poco más de su rostro, e intentando regresarle también una sonrisa—. ¿Cuánto tiempo llevas despierto?
—Unos minutos —confesó Kazuha sin la menor pena.
—Oh, ya veo… —susurró Ayaka en voz baja, y sus mejillas se colorearon aún más—. ¿Y me estabas observando dormir todo ese tiempo?
—No pude evitarlo. Tu rostro se veía bellísimo mientras soñabas.
Ayaka volvió a respingar, y se cubrió con ambas manos por mero reflejo. Tampoco era justo que le dijera cosas como esa tan temprano.
—Lo siento, ¿estuvo mal? —preguntó Kazuha con dejo preocupado.
—No, no… claro que no… —respondió Ayaka, negando con la cabeza.
Y en efecto, no estaba mal. De hecho, en realidad sus palabras hacían que su corazón palpitara alegre con bastante intensidad. Era más que ese nivel de… intimidad, en especial cuando recién se despertaba, era totalmente nuevo para ella.
Instintivamente, se aproximó más hacia él, pegando su rostro contra su pecho, en parte para intentar ocultarlo, pero en parte también para poder sentirlo aunque fuera un poco de lo cerca que lo había sentido la noche anterior. Kazuha la recibió con gusto, y la rodeó con un brazo con delicadeza.
—¿Dormiste bien? —le preguntó Ayaka, susurrando sobre su pecho.
—Bastante… Creo que no había dormido tan bien en mucho tiempo. ¿Y tú?
—Igual —confesó Ayaka en voz baja. Se atrevió entonces a también rodearlo con sus brazos y pegar más su cuerpo contra el suyo. El calor que emanaba de Kazuha resultaba más que agradable—. Pensé por un segundo que lo de anoche había sido un sueño, y que al despertarme ya no estarías aquí.
—Fue real, y sigo aquí —dijo Kazuha, con solo una pequeña dosis de humor en sus palabras—. Pero… me temo que hoy debo partir, como te había dicho.
Ayaka suspiró.
—Lo sé… Por eso estoy tan feliz de haber hecho esto contigo, y grabar en mi memoria este recuerdo que nunca se desvanecerá.
—Oye, lo dices como si no nos fuéramos a volver a ver —pronunció Kazuha, y tomó entonces el rostro de Ayaka con una mano, alzándolo suavemente para que lo viera a los ojos. Ella lo hizo sin oponer resistencia—. Hicimos una promesa, ¿recuerdas?
—Sí, lo recuerdo. Pero hay tantas cosas que pueden pasar, y hemos estado tanto tiempo separados…
—No temas —insistió Kazuha, mientras pasaba su mano con suavidad sobre su mejilla—. Nada me impedirá volver a ti; nada…
Ayaka no pudo evitar sonreír de alegría. Al escucharlo hablar con esa convicción y seguridad, no podía más que creer en él. Le respondió asintiendo con la cabeza, y se inclinó hacia él para unir sus labios en un suave y cariñoso beso que sirviera como recordatorio de esa promesa.
—¿Qué hora será? —preguntó Ayaka tras aquel beso, girándose hacia la ventana.
—No lo sé. Pero por la posición del sol, debe ser ya media mañana.
Ayaka volvió a suspirar, pero ahora más con resignación. Era inusual que no se levantara temprano, así que de seguro Thoma, o incluso su hermano, debían estarse cuestionando por qué seguía aún en la cama. Claro, si no era que ya sabían con anticipación que Kazuha había pasado la noche ahí con ella, lo cual no le sorprendería.
No le apetecía mucho enfrentar el mundo que los esperaba del otro lado de esas puertas, pero tenían que hacerlo. Ese hermoso momento tenía que llegar tarde o temprano a su fin, y quizás eso lo hiciera, de alguna forma, aún más hermoso.