Capítulo 52.
Abriéndose Paso
Una vez le pareció que la calle se encontraba más despejada, Kazuha se escurrió hacia afuera del callejón, moviéndose con rapidez de un callejón a otro, mezclándose con las sombras para intentar pasar desapercibido. Mientras se movía, pudo ver claramente que en efecto la casa de té no era el único sitio que la Comisión Tenryou estaba inspeccionando. Parecían ir casa por casa, negocio por negocio, solicitando acceso para una revisión. La mayoría de la gente les permitía pasar, ya fuera por deseo de cooperar o por miedo a las consecuencias si no lo hacían. Pero para aquellos que se mostraban más reticentes, los guardias no dudaban mucho en imponer su autoridad con fuerza.
«No entiendo, ¿qué es todo esto?», se cuestionó con cierta angustia apretándole el pecho. La Comisión Tenryou siempre había sido algo dura al momento de llevar a cabo su trabajo, en especial últimamente al tener que hacer cumplir los nuevos decretos de la Shogun. Pero esto se excedía por mucho. ¿Qué es lo que estaban buscando?
No podía detenerse a pensarlo demasiado, pues necesitaba moverse. Y aunque hasta ese momento se había logrado mover pasando desapercibido, su suerte cambió justo al salir de un callejón en el momento justo en el que dos guardias doblaban la esquina en la calle y se giraban justo en su dirección.
Kazuha respingó sorprendido, pero de inmediato se dio la media vuelta y comenzó a caminar de regreso al callejón, intentando hacerlo lo más disimulado y natural posible. Sin embargo, no lo fue lo suficiente.
—Hey, tú —escuchó que pronunciaban con fuerza a sus espaldas—. Detente ahí.
Kazuha se detuvo en seco en su sitio. Sin voltear a verlos, pudo sentir cómo los dos soldados ingresaban al callejón y se aproximaban a él por detrás.
—¿Acaso hice algo malo? —preguntó con voz seria y tranquila.
—Necesitamos hacerte una inspección —le respondió uno de ellos con sequedad.
—¿Por qué?
—Coopera, por favor, o pasarás la noche en la jefatura.
Los dos guardias se pararon a cada lado de él y lo observaron con detenimiento. No tardaron en notar la espada en su cintura y el aparentemente costoso haori que llevaba puesto.
—Retírate tu espada y déjala en el piso —le ordenó uno de los guardias, sujetando su lanza con firmeza delante de él.
Kazuha permaneció quieto y en silencio en su puesto. Lentamente, aproximó una mano hacia la funda de su espada para retirarla de su cinturón, tal y como se lo indicaban. Sin embargo, al mismo tiempo observaba a cada uno y el espacio en el que se encontraban, analizando su mejor movimiento de escape.
No podía permitir que lo esculcaran y encontraran su visión; ese era un hecho. Y no parecían en lo absoluto dispuestos a discutir para dejar pasar eso por las buenas. Así que si no podía salir de esa de forma pacífica, tendría que hacerlo de la forma violenta…
—Lo siento —musitó por lo bajo.
—¿Qué dijiste? —masculló uno de los guardias, por reflejo inclinándose hacia él para escucharlo mejor. Y un segundo después de haber hecho ese audaz acercamiento, Kazuha retiró de golpe su espada de su cinturón con todo y su funda. Estiró el arma enfundada hacia él y lo golpeó con fuerza con el pomo de la empuñadura directo en la frente, justo en el área en donde su casco no lo protegía.
El cuerpo del guardia se hizo hacia atrás, y trastabilló aturdido y desconcertado. Kazuha siguió el ritmo de su primer movimiento, girando su cuerpo cerca del suelo, y con la espada aún enfundada barrió las piernas del guardia, haciendo que, gracias a su ya de por sí inestable postura, cayera de espaldas al suelo.
El segundo guardia apenas fue consciente de lo que había pasado, pues todo ocurrió entre un parpadeo y otro. Intentó reaccionar lo más pronto posible para atacarlo, pero Kazuha aprovechó su desconcierto inicial para lanzarse contra él y jalar su arma enfundada en un movimiento circular a la altura de la cabeza del guardia. El golpe fue contundente y empujó al guardia hacia un lado, casi haciéndolo caer al suelo, pero logró evitarlo sosteniéndose en sus pies a duras penas.
Al parecer, era más resistente de lo que parecía.
El segundo guardia agitó la cabeza, y aunque claramente el golpe lo había afectado, no titubeó al momento de lanzar un grito aguerrido y lanzarse en su contra empuñando su lanza. Kazuha se mantuvo sereno, aguardó a que estuviera a la distancia correcta y desenfundó entonces su espada en un rápido movimiento circular que partió la lanza del guardia en dos con suma facilidad. La punta superior con la cuchilla giró en el aire hasta clavarse en una pared del callejón.
El guardia, por instinto, siguió con su mirada el movimiento de la cuchilla, distrayéndose solo un segundo, pero lo suficiente para que Kazuha volviera a atacar. Se lanzó con un salto hacia él, se elevó hasta estar a la misma altura de su rostro y dejó caer su funda con fuerza de arriba hacia abajo contra la corona de su cabeza. El golpe fue tan fuerte, ayudado del impulso de solo un poco de energía elemental, que partió su casco en dos y prácticamente empujó el cuerpo entero del guardia contra el suelo, haciendo que chocara contra este con un estruendo, y ahí se quedara sin moverse.
Kazuha giró en el aire y sus pies cayeron con firmeza en el suelo. Ese evidentemente ya estaba fuera de combate, pero faltaba uno más, y le parecía extraño que no se hubiera parado ya para esos momentos para atacarlo, a menos que…