Volver a Amar. #3

Epílogo .


 

Subo a la escalera con un poco de duda, nadie me asegura que esto sea seguro contando que nadie la sostiene o que soy algo tonta y puedo resbalar y golpear mi cuerpo contra el suelo. Intento no pensar en eso y niego con la cabeza alejando todos esos pensamientos donde terminaré con algún hueso roto.

Acomodo el libro restante y bajo con cautela, cuando estoy en el último escalón pego un brinco al escuchar mi celular. Bajo de un salto y camino hasta el mostrador donde se encuentra mi celular.

—Hola papá —Murmuro mientras sello algunos libros.

—Hola cariño, quería avisarte que no voy a poder recogerte del trabajo hoy.

Levanto las cejas sorprendida.

— ¿Por qué? ¿Hay algún problema en casa? —Pregunto preocupada.

—No, no —Se apresura en decir—, solo que tengo una cita.

—No me lo puedo creer —Digo sonriente—, sabía que la tal Ana te caía demasiado bien.

Él suelta una risita nerviosa.

— ¿No estás enojada verdad?

Niego con la cabeza.

—Claro que no, ve y diviértete.

—Te amo mi niña.

—Yo también te amo papá.

Cuelgo la llamada soltando un suspiro, hace poco comencé a trabajar en la biblioteca de esta Universidad. Me gustaría ahorrar dinero para un auto por lo que este trabajo me vino como anillo al dedo ya que amo los libros. De todo tipo, cada uno de ellos tiene un mundo distinto y atrapante por lo que no puedo estar más agradecida de estar aquí y poder prestar cualquier libro.

Lo único malo es esa maldita escalera, vuelvo a tomar unos libros entre mis manos y avanzo hasta la escalera moviéndola hacia la sección que quiero. Subo con cuidado, un escalón otro escalón, todo con cautela.

Acomodo los libros mientras tarareo una canción en voz baja.

— ¡Hey tú!

Pego un brinco del susto y me suelto de la escalera haciendo volar los libros hacia arriba y yo caigo de espaldas sin poder procesar nada. Cierro los ojos esperando recibir el impacto del suelo sobre mí pero eso no es lo que siento, al contrario unos brazos me sostienen de la cintura y caigo sobre quien sea que pudo sostenerme.

Me niego a abrir los ojos porque estoy totalmente asustada.

Pero me veo forzada a abrirlos cuando siento que él cuerpo que está debajo de mi nos hace dar una media vuelta en el suelo colocando su cuerpo sobre el mío sin aplastarme, mis ojos deben de estar por salirse de mi rostro.

—Creo que llegue en el momento justo —Murmura con una voz suave.

Miro sus ojos azules impresionada, él parece hacer lo mismo al verme. Estamos demasiado cerca para mi gusto. Algo en mi pecho se agita, una sensación muy rara que me produce ganas de llorar ¿Será el susto?

Intento levantarme pero él ni siquiera mueve un musculo.

—Levántate —Pido con impaciencia.

— ¿Qué? ¿Ni un gracias? —Finge estar ofendido—. ¿Algún beso de recompensa?

—Idiota —Murmuro por lo último.

—Que muñeca más mal agradecida me saliste —Mi corazón golpea contra mis costillas con fuerza. El maldito tiene que estar tan bueno.

—No soy una muñeca.

—Pues pareces serlo, eres tan pequeña y frágil que no me costó mucho atraparte.

Trago saliva cuando se acerca más.

—Gracias por eso, ahora necesito levantarme.

Gruñe por lo bajo pero asiente y toma mi mano para ayudarme, lo hace con demasiada fuerza que mi pecho termina pegado contra el suyo y yo me sonrojo sin poder evitarlo.

—Que ojos más bonitos —Dice en voz baja—, ¿Cómo te llamas?

Achino mis ojos.

—¿Para qué quieres saber mi nombre?

Él sonríe.

—Creo que merezco eso, acabo de salvar tu vida.

Ruedo los ojos, exagerado. Intento esconder una sonrisa que amenaza por salir de mis labios.

—Me llamo Geraldine —Murmuro dando un paso atrás— ¿Contento?

Él da un paso al frente.

—Cayden —Lo miro confundida pero él me aclara—, me llamo Cayden.

Por alguna razón su nombre me gusta mucho.

—Bueno Cayden, debo trabajar.

Hago un amago de dar media vuelta pero él me sujeta con delicadeza del brazo.

— ¿Quieres ayuda? —Niego con la cabeza—, veo que te faltan libros por subir y sería mejor si alguien te ayuda.

Gire en dirección hacia el mostrador viendo que tenía razón.

—De acuerdo...

Él me ve con una gran sonrisa que hace que mi estómago se retuerza, me mira unos segundos de más y por alguna razón siento confianza. Siento mis mejillas calientes pero lo guío hasta donde debemos trabajar.

No sé porque pero luego de verlo me siento extremadamente contenta hoy.

 

 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.