Volver a Amar

CAPITULO 25

La película llevaba veinte minutos cuando Madison se quedó dormida. Gris había terminado en su regazo.

Mila lo notó primero. Miró a Madison en el suelo con la manta hasta los hombros y el cabello revuelto sobre la almohada, le dio al pause sin pensarlo.

—Siempre hace esto —dijo Mateo, en voz baja—. Propone la película, organiza todo, y se queda dormida antes de la mitad.

—¿Siempre?

—Sin excepción.

—¿La movemos?

—Si la movemos se despierta y perdemos otros veinte minutos. —Mateo la conocía—. Mejor dejarla.

—Tal vez deba irme, ella se durmió, y si seguimos viendo la película se puede despertar.

—Vamos — Mateo se levantó de la cama, Mila hizo lo mismo, abrió la puerta y la dejó salir primero.

—Iré a cambiarme, no es necesario que me lleves voy a pedir un taxi.

—Veamos una película en mi habitación, ya estamos aquí.

Mila miró a Mateo, no se lo esperaba y no supo qué hacer con la propuesta.

—¿Aquí? —dijo, sin necesidad de especificar qué significaba aquí, porque los dos sabían exactamente dónde estaban parados.

—O podes en la sala.

—No —dijo más rápido de lo que su cerebro pudiera procesar el no.

Mila entró primero a la habitación.

—¿No tienes televisión?

—Pero tengo la laptop —Mateo camino hacia a su escritorio, tomó la laptop y la encendió.

—Iré a buscar las botanas, puedes ir eligiendo la película, puedes escoger otra o la misma. Mi contraseña es 240512.

Mila no hizo preguntas sólo se puso a teclear los números, una imagen de Alaia sonriendo fue lo primero que vio en la pantalla, por alguna razón Mila sonrió, Laia como casi todos le decían reflejaba mucha paz, Mila imagino que estaba sonriendo por que el fotógrafo era Mateo.

Mila apartó la vista de la foto con cierto cuidado, como si mirarla demasiado tiempo fuera una forma de invadir algo que no le pertenecía, y abrió el navegador para buscar la película.

Mateo volvió pocos minutos después con un bowl de palomitas en una mano y dos refrescos sostenidos entre los dedos.

—¿Ya elegiste?

—Casi.

—Tu esposa era muy linda —Milá quiso taparse la boca para evitar ser imprudente.

Mateo no se sobresaltó. Miró la laptop, donde la pantalla de inicio ya había desaparecido detrás del navegador, y asintió despacio.

—Lo era. — su voz no era triste, solo un poco nostalgica. No era fácil hablar de ella, pero con Mila, con ella ya lo había hecho antes y se sentía bien haciéndolo.

—Es de hace un par de años.

—Su sonrisa transmite mucha paz.

—Era así —dijo Mateo—. En persona también. Entraba a un lugar y algo cambiaba en el aire, no de forma dramática, sino despacio.

—Madison debió ser muy afortunada en tenerla en su vida. También es encantadora.

—Gracias. —Mateo la miro solo unos segundos pero Mila nunca había visto esa mirada.

—¿Elegiste otra película? —preguntó.

—Sí —dijo Mila —.Entendió que Mateo no quería continuar con la conversación.

Giró la laptop hacia él. En la pantalla, la carátula de algo que no tenía nada que ver con dramas pesados ni con historias románticas.

Mateo la miró.

—¿Esto?

—Creo que ya tuvimos suficiente profundidad por una tarde

Mateo soltó una risa corta, genuina, de las que llegaban sin que él la planeara.

—De acuerdo —dijo.

Mateo se acomodo a su lado, le quitó la laptop y la puso sobre sus piernas, después le pasó uno de los refrescos y puso el bowl palomitas en sus piernas. Y le dio play a la película.

Mila empezó a comer palomitas sin importar los buenos modales y sus manos embarradas de mantequilla, no estaba en un cita se dijo, hace años que no tenía una, ya no se acordaba de una.

Mateo la miraba de reojo, sonrió disimuladamente, no estaba acostumbrado a ver a una mujer comer sin remordimiento, eso le gustaba de Mila, era solo ella.

El teléfono de Mila vibró sobre el colchón, entre los dos. Solo llevaban media hora viendo la pelicula.

Mila tomó el teléfono. Miró el nombre. Algo en su expresión cambió.

—Es mi madre —dijo.

Mateo la miró. —¿Tu mamá?

—La que me crió. —Mila lo dijo sin necesidad de explicar más, porque Mateo ya sabía la diferencia, ya conocía la historia de los meses que tuvo completos y de todo lo que vino después—. No escribe muy seguido. Menos un sábado.

Abrió el mensaje.

Lo leyó.

Mateo esperó sin preguntar, pero vio la expresión de Mila, no eran buenas noticias.

—¿Todo bien? —preguntó él.

—Sí. —Mila bajó el teléfono—. Solo preguntaba cómo estoy. A veces hace eso. Aparece de la nada, después de mucho silencio, como si una parte de ella se acordara de que existo independientemente de Maya.

—¿Le contestas? —preguntó Mateo.

—Le voy a contestar. —Mila miró la pantalla un segundo más—. Solo no ahora.

Dejó el teléfono boca abajo sobre el colchón, entre los dos. Tal vez en otro momento le habría contestado de inmediato pero no importaba ahora su madre no iba a entender.

Le dio al play donde habían dejado la película, y los dos volvieron a la pantalla con el bowl de palomitas entre ambos y los refrescos sudando levemente sobre la mesita, y el sábado siguió, despacio, sin que nadie tuviera prisa por llegar a ningún lado.



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En el texto hay: amor, amistad

Editado: 29.06.2026

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