Una hora de después Mila salió con un vestido azul, el cabello recogido en un peinado que las chicas habían trabajado a toda prisa pero muy profesionales, hicieron un maquillaje sutil. Las chicas tenían cara de satisfacción, su trabajo fue el mejor, no por nada eran las mejores.
Mateo miró de pies a cabeza, el vestido, el peinado y su maquillaje la hacían lucir algo diferente pero no mucho resaltaba su belleza natural.
—Muchas gracias, ya transferí el total —dijo Mateo a la chica más cercana, sin apartar del todo la vista de Mila.
—Muchas gracias, señor Marcel. Fue un placer atenderlo a usted y a su novia.
Ni Mateo ni Mila corrigieron el error.
—Estamos a tiempo para llegar a la premier —dijo.
—Maya se va a enfadar mucho —dijo Mila, con preocupación.
—¿Y qué te va a hacer? —dijo Mateo, con firmeza —. Eres mayor de edad. No te puede controlar por algo que pasó cuando eran niñas.
—Es más fácil decirlo que vivirlo —dijo, en voz baja.
—Lo sé —. Por eso no te estoy pidiendo que dejes de sentir lo que sientes. Solo te digo que esta noche, al menos esta noche, decidiste tú. Y eso ya es distinto a como empezó tu día hace unas semanas.
—Tienes razón —dijo finalmente—. Decidí yo.
—Entonces disfrutemos la premier —dijo Mateo.
Llegaron al lugar de la premier, en cuanto los medios vieron a Mateo. Los flashes reaccionaron de inmediato, ese estallido múltiple y simultáneo de quien acaba de encontrar algo que no esperaba, y los murmullos de la prensa especializada empezaron a correr entre ellos con velocidad, de la información que se considera valiosa.
Todos esperaban a Mateo y a Maya juntos. Pero Maya había llegado sola, media hora antes. Mila la miro de inmediato Maya ya estaba instalada en el evento, con una copa en la mano, estaba de mal humor, Mila lo notaba desde la distancia.
—Mateo —dijo Mila, en voz baja, sin soltar su mano—, todos están mirando.
—Lo sé.
—Maya está adentro. Sola.
—También lo sé.
Caminaron por la alfombra los reporteros lanzaban preguntas.
—Mateo una sonrisa ¿quién es tu acompañante esta noche?
—Es una amiga — respondió Mateo a una de las preguntas —. Buenas noches.
—¿Lista? —preguntó Mateo, antes de cruzar las puertas principales.
Mila respiró.
—Lista —dijo.
Y entraron juntos, con los flashes todavía disparando detrás de ellos y la noche apenas empezando.
Maya los vio cruzar las puertas, por un segundo se habia quedado inmovil con la copa a medio camino
—¿Qué haces aquí? —dijo Maya, mirando directamente a Mila—. Este no es tu sitio.
—Es mi invitada, Maya.— Mateo respondió antes de que Mila pudiera abrir la boca.
—¿Tu invitada? —repitió, con incredulidad —. Yo era tu acompañante y Mila es mi asistente debería estar trabajando esta noche , no…
—Esta noche no trabaja —dijo Mateo—. Esta noche está aquí como mi acompañante. Si necesitas algo relacionado con producción, puedes pedirlo a cualquier otra persona del equipo.
—Hay fotógrafos en cada esquina —dijo, bajando la voz aunque no lo suficiente—. Esto se va a malinterpretar.
—No hay nada que malinterpretar —dijo Mateo—. Vine con una amiga a la premier. No le debo explicaciones a nadie por eso, y tú tampoco deberías necesitarlas.
Mila se quedó callada, sintiendo el peso de las dos miradas, la de Maya cargada de algo que no era solo enojo profesional, y la de Mateo firme a su lado, sin ceder ni un centímetro. Mila no conocía esta faceta de Mateo, le estaba defendiendo ante Maya sin importar que la prensa está aquí.
—Ya hablaremos en casa —Maya se dio la vuelta.
—Hablamos cuando yo quiera hablar —dijo Mila.
Las palabras salieron antes de que pudiera medirlas del todo, pero esta vez no las quiso retener.
Maya se giró parpadeo, genuinamente sorprendida por un segundo, y luego recompuso la expresión. Miro a los reporteros estaban tomando fotografías sin decir nada se alejó
—¿Estás bien?
—Sí —dijo Mila, y se sorprendió de que fuera verdad—. Creo que sí.
Mateo y Mila se adentraron al evento, la mayoría de invitados ya estaban adentro Mateo camino con familiaridad lleva años en el medio y sabe moverse, saluda a todos por igual, pero no a todos los saluda con cariño.
—Mateo, qué alegría verte así. — un director lo saludo, tenían años sin verse.s—. De verdad, me alegra. Después de todo lo de Alaia, te lo mereces.
—Gracias —dijo Mateo, sin corregir nada, no quería abrir espacio para explicaciones.
Mila sintió el peso de cada uno de esos comentarios.
No eran maliciosos. Eran genuinos, cálidos incluso, gente que conocía la historia de Mateo y que veía en ella, sin conocerla del todo, una señal de algo que les alegraba ver. Pero cada felicitación llegaba cargada de un supuesto que ninguno de los dos había confirmado en voz alta, y Mila no sabía bien dónde poner las manos cada vez que ocurría.
—Felicidades —le dijo una actriz a Mila directamente, tomándole la mano libre con calidez—. Mateo es de las mejores personas que conozco en esta industria. Cuídalo bien.
—Yo… —Mila buscó a Mateo con la mirada.
—Gracias —dijo él por los dos.
Cuando la actriz se alejó, Milá se acercó un poco mas a el
—No los estás corrigiendo —dijo, en voz baja.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque corregirlos significa explicar y honestamente hoy no tengo ganas de hacerlo más.
Mila no dijo nada.
Llegaron hasta una zona más tranquila del salón, cerca de los ventanales que daban a la terraza, donde el ruido de la fiesta se sentía un poco más lejano y el aire tenía esa frescura de la noche de Miami filtrándose por las puertas entreabiertas.
Mateo tomó dos copas de una bandeja que pasaba y le ofreció una a Mila.
—¿Champaña?
—No suelo beber mucho.
—No tienes que terminarla. —Se la puso en la mano.
Mila bajó la vista hacia la copa que sostenía, sin beber.