Volver a Amar

CAPITULO 29

— Voy al baño

Mateo asintió cuando Mila le dijo. Mila cruzó el salón, encontró un baño disponible entro sin preocuparse, hasta que una mano le impidió cerrar.

—¿Qué pretendes, Mila?

Su voz era baja, sin el volumen del enojo sino con algo más frío y más afilado

—¿Qué haces aquí? Estás arruinando mi momento.

—No estoy haciendo nada malo, Maya —. Fui invitada. Igual que tú.

—¿Invitada? —Maya soltó una risa corta que no tenía ninguna calidez—. Sabes perfectamente lo que quiero. Sabes lo que siento por Mateo y me lo estás robando.

—No te estoy robando nada. —La voz de Mila era tranquila, más tranquila de lo que se sentía—. Nadie puede robarte algo que nunca fue tuyo.

Levantó la copa.

Y la champaña cayó.

Fría. Inmediata. Empapando el vestido azul, la piel del escote, las manos.

Mila se quedó inmóvil durante ese segundo donde el cuerpo procesa lo que acaba de ocurrir antes de que la mente encuentre las palabras.

—¿Qué te pasa Maya? —dijo, sorprendida —. ¿Te has vuelto loca?

—Aléjate de Mateo. —La voz completamente fría—. A él no le gustan las gordas. No sé de dónde sacaste ese vestido pero no lo luces. Mírate, estás horrible. —hizo una pausa calculada, buscando el punto más blando, el que conocía mejor que nadie porque llevaba veinte años sabiéndolo—. Seguro te pareces a tu madre. Esa que te tiró a la basura.

La cachetada llegó antes de que su cabeza pudiera intervenir, seca y definitiva en el silencio del baño, y las dos se quedaron inmóviles durante un segundo que no tuvo sonido.

—Me has pegado.

—Ya no voy a permitir que me sigas humillando. —La voz de Mila temblaba pero no cedía—. No más, Maya. Se acabó.

Y salió del baño sin mirar atrás.

Sofia una actriz que trabajaba en la misma serie que Maya y Mateo.

—Mila. —Se acercó rápido, bloqueando el paso del corredor con su cuerpo para que nadie más pudiera ver demasiado—. ¿Qué te ha pasado? ¿Quién te hizo esto?

Mila abrió la boca.

La cerró.

Había demasiadas respuestas posibles y ninguna que pudiera decirse de pie en un pasillo a cincuenta metros de un salón lleno de prensa y colegas y de Mateo esperando junto a los ventanales sin saber nada.

—Fue un accidente —dijo Mila.

Sofia la miró durante un segundo, no creía que fuera un accidente podría ver la cara de Mila.

—Ven conmigo —dijo simplemente.

La tomó del brazo con suavidad y la condujo hacia un corredor más alejado del ruido principal, donde había una pequeña sala de descanso para el personal del evento, con luz más baja y sin nadie que mirara.

Cerró la puerta.

—Siéntate —dijo Sofía.

Sofía sacó un pañuelo del bolso, uno de esos pañuelos de tela que la gente ya casi no cargaba, y se lo puso en las manos sin preguntar si lo quería.

—No tienes que contarme nada —dijo, sentándose frente a ella—. Pero si quieres contarlo, aquí no hay nadie más.

Mila miró el pañuelo en sus manos.

—Fue Maya —dijo finalmente, en voz baja.

Sofía no se sorprendió. No fingió sorprenderse, que era más honesto todavía.

—¿Estás bien?

—Sí. —Mila lo pensó un segundo—. Creo que sí. Más que antes, de hecho.

—Mateo está buscándote —dijo—. Lo vi cruzar el salón hace un momento.

Mila miró el vestido húmedo. El maquillaje que Sofía ya estaba ayudando a arreglar con esa eficiencia, con un toque aquí y otro allá, sin convertirlo en algo más grande de lo que ya era.

—Gracias —dijo Mila.

—No me agradezcas. —Sofía le devolvió su propio reflejo en el espejo pequeño del bolso.

Y en ese reflejo, con el maquillaje levemente reparado y el vestido todavía húmedo pero de pie, Mila se miró durante un segundo que fue exactamente suficiente para reconocer algo que no había visto ahí desde hacía mucho tiempo.

A sí misma.

Entera.

Cuando salieron Mateo las interceptó antes de que llegaran al salón principal. La mancha en el vestido azul era visible aunque Sofía había hecho lo que había podido, y el maquillaje estaba levemente diferente al de hacía una hora.

—Te estaba buscando —dijo Mateo—. No estabas en el baño.

—Tuvo un accidente y yo la ayudé —dijo Sofía, antes de que Mila pudiera abrir la boca

—. Estas cosas pasan en los eventos, alguien no mira por dónde va con la copa.

Mateo miró a Sofía un segundo.

Luego volvió a mirar a Mila.

—¿Qué te pasó?

—Estoy bien —dijo Mila.

—No te pregunté si estabas bien. —Su voz era tranquila pero directa —. Te pregunté qué pasó.

Antes de que Mila pudiera responder, desde el salón principal llegó el sonido del presentador pidiendo a los invitados que tomaran sus lugares para el inicio oficial de la premier

Mateo tomó del brazo a Mila con suavidad.

—Debemos sentarnos —dijo—. Vamos.

Y antes de moverse se giró hacia Sofía.

—Gracias —dijo.

Sofía asintió con una sonrisa pequeña y se adelantó hacia el salón.

Mateo y Mila caminaron juntos por el corredor, con su mano en el brazo de ella y el ruido del evento creciendo a medida que se acercaban, y antes de cruzar las puertas del salón Mateo se detuvo un segundo, solo uno, y se inclinó levemente hacia ella.

—Cuando termine esto —dijo, en voz baja—, me cuentas.

No era una pregunta.

Mila lo miró.

—Sí —dijo.

Y entraron al salón juntos, con las luces de la premier recibiéndolos y Maya en algún lugar entre la gente enojada de ver a su hermana con el hombre que ella quería.

El evento terminó, Mila estaba cansada y nerviosa a la vez, conocía bien a su hermana sabía que lo que pasó en el baño tenía consecuencias y Maya era una mujer rencorosa.

El coche de Mateo lo esperaba afuera, por suerte los paparazzis ya no estaban, ya habían tomado las suficientes fotografías y habían entrevistado a suficientes artistas como para quedarse a esperar a que terminara el evento.



#368 en Novela romántica
#153 en Chick lit

En el texto hay: amor, amistad

Editado: 22.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.