Mila despertó, lo primero que noto fue el silencio, todo era diferente no había nadie que le dijera qué hacer. No había gritos. Se quedó un momento mirando el techo de la habitación nueva.
Recordó que desde ayer su libreta no es parte de ella, no la necesito y se sentía bien con eso. Se bañó con calma, se cambió y por primera vez se tomó el tiempo de cambiar su ropa más de dos veces mirando la hora pero no le preocupó en lo absoluto. Cuando bajó Mateo estaba en la puerta principal hablando con los guardaespaldas .
La vio bajar.
—Buenos días.
—Buenos días —dijo Mila.
Terminó la conversación con los guardaespaldas con un gesto breve y se giró hacia ella.
—Ven, sentémonos.
De repente Mateo se tensó, ella lo notó enseguida a estas alturas conocía sus gestos.
—El productor me ha llamado esta mañana —dijo—. Se armó bastante alboroto por cómo llegamos anoche. A pesar de que dije que somos amigos todo el mundo está hablando de ello.
—¿Qué quiere el productor?
—Me han dicho que será mejor que no vayas al set hoy. —Lo dijo directo, sin suavizarlo más de lo necesario—. Honestamente no sé si es por lo de anoche o por Maya. Probablemente las dos cosas.
—¿Y tú qué piensas? —preguntó Mila.
Mateo la miró. —¿De qué parte?
—De todo. Del productor. De lo que dice. De si tiene razón.
—Creo —dijo Mateo —. Que el productor está protegiendo su inversión y que eso es su trabajo—. Y creo que Maya tuvo algo que ver en esa llamada aunque no pueda probarlo.
Mila pensó en su hermana y en las palabras y en todo lo que Maya había movido sin que nadie le pidiera que lo moviera.
—¿Qué vas a hacer tú? —preguntó.
—Ir al set —dijo Mateo, sin dudar—. Hacer mi trabajo. Y cuando termine volver aquí.
—De acuerdo —dijo.
—Madi se va a quedar contigo hoy. —Una sonrisa pequeña apareció en la comisura de su boca—. Ya lo sabe y ya tiene planes. Te aviso que los planes de Madison suelen involucrar más decisiones de las que uno anticiparía para un martes.
Mila soltó una risa corta.
—Puedo con eso —dijo.
—Lo sé. —Mateo se levantó, dejó la taza en el fregadero y tomó el guión que había dejado sobre la encimera—. Por cierto.
—¿Sí?
—La libreta está en el bolso pequeño de tu maleta. —La miró un momento—. Por si la necesitas.
Mila lo miró.
—No creo que la necesite hoy —dijo.
—Diviertete Mila.
Mateo salió de la casa, Milá lo vio subir a su coche y no dejo de verlo hasta que se perdió de su vista.
Madison bajo media hora después, en pijama y con gris bajo el brazo, miró a Mila en la cocina su casa no había olido así de rico desde hace años, miró los platos, los vasos, el jugo recién hecho, los huevos que todavía humeaban levemente, las tostadas en el centro con la mantequilla al lado.
La expresión de Madison hizo ese recorrido completo y luego volvió a Mila con algo en los ojos que no era solo hambre aunque el hambre estuviera ahí también.
—¿Tú hiciste esto? —dijo.
—Sí.
—¿Todo?
—Todo.
Madison no dijo nada más durante un segundo.
—Huele increíble —dijo—. Papá hace los huevos duros aunque los pida revueltos. No sé cómo lo logra pero los hace duros siempre.
—Lo voy a tener en cuenta —dijo Mila, sentándose frente a ella.
Madison sin perder tiempo empezó a comer, Mila no dejaba de verla. Madison era sin duda la hermana que siempre soñó, la que pensó que sería Mila cuando nació.
—Está buenísimo —dijo Madison, con la boca todavía medio llena—. En serio. ¿Sabes cocinar más cosas?
—Algunas.
—¿Más que huevos y tostadas?
—Bastante más.
Madison la miró fascinada.
—¿Puedes enseñarme? —dijo—. Papá intentó enseñarme una vez y acabamos pidiendo pizza. tio Horus dice que en la cocina papá es un peligro público.
Mila sonrió por lo que dijo Madison.
—Me cae bien que estés aquí —dijo
—. La casa se sentía muy de hombres. Papá y los de seguridad, todos hombres. Necesitaba alguien con quien hablar de verdad.
—¿De qué quieres hablar?
Madison tomó otro bocado
—De todo —dijo finalmente—. Pero empecemos por el desayuno porque está muy bueno y no quiero que se enfríe.
Mila volvió a sonreír.
Y se quedaron las dos en la cocina con la mañana entrando por los ventanales y los platos entre ellas y ese silencio cómodo de las personas que no necesitan llenar cada momento para estar bien juntas, que era exactamente el tipo de silencio que Mila no había sabido que necesitaba hasta que lo tuvo.
Mientras Mila y Madison tenían las mejor mañana, Mateo la estaba pasando mal, desde que llegó sintió el ambiente serio, con los técnicos más callados de lo habitual y Vega con esa expresión de quien ha tenido ya dos conversaciones difíciles antes de las nueve de la mañana. Las escenas del día eran de las que Mateo menos necesitaba hoy.
Rafael y el personaje de Maya en esa fase de la historia donde la proximidad física era constante, abrazos que el guión pedía sostenidos, caricias que Vega había marcado con precisión en los ensayos, toda esa intimidad construida y calibrada que en cualquier otro día habría sido simplemente trabajo y que hoy tenía un peso diferente porque al otro lado de esa proximidad estaba Maya.
Mateo entró al set con calma, ya estaba preparado para empezar las grabaciones, Maya entró diez minutos después, con el maquillaje de escena impecable, actuaba normal hasta se podia decir que estaba muy feliz.
Vega pidió silencio.
Las escenas empezaron.
Mateo encontró al personaje porque llevaba suficientes años haciéndolo para saber encontrarlo incluso en los días donde la distancia entre él y Rafael era más larga que otras veces. Hizo el trabajo. Los abrazos, las caricias marcadas, cada movimiento dentro de lo acordado.
Pero entre toma y toma, en esos minutos donde el equipo ajustaba la iluminación o Vega revisaba el encuadre, Mateo buscaba el teléfono.