Madison es la primera en correr a los brazos de su tío que el no duda en soltar las maletas para abrir sus brazos y cargar a su sobrina.
— Te extrañe tanto cariño — Horus le da un beso en la cabeza.
Mateo llegó junto a ellos abrazando a Lily y a Martina los cuatrillizos estaban jugando sin hacer caso a la escena que vivían sus padres. Madison los abrazó a los cuatro al mismo tiempo.
Horus abrazo a Mateo.
—Hermano —dijo Horus.
—Hermano —dijo Mateo.
Madison abrazo a Martina entre ellas había una complicidad a menudo bromeaba que Martina debería ser hija de Mateo porque comparten el amor por la actuación.
—Tengo tanto que contarte —le susurra.
—Vamonos, he pedido comida, tengo el tiempo limitado para ir a trabajar.
Cuando llegaron a casa todo se volvió un caos niños gritando y queriendo conocer la casa, Madison y Martina desaparecieron en cuanto entraron a la casa. Lily simplemente respiro y fue a la cocina, le gustaba hacer la comida de sus hijos personalmente a si que era lo primero que quería ver y para su sorpresa la alacena estaba completa de comida al igual que el refrigerador, algo que no esperaba conociendo a Mateo.
—Hay de todo, Mila trajo ayer todo lo necesario para estos días.— Lily mira a Mateo en la puerta de la cocina.
—¿Mila?
—Es la asistente de Maya —Horus entra a la cocina.
—Ya no lo es, ahora es mi asistente
Horus mira a Mateo y no trata de disimular la risa que le dio al escuchar.
—A si que ya tienes asistente, pensé que no te gustaba porque se metían mucho en tu vida privada.
—Tengo dos horas —dijo. —cambio de tema.
—Come primero —dijo Horus, sentándose en la isla.
Horus miró a Mateo entre bocado y bocado.
—¿Dónde está Mila? —preguntó
Mateo lo miró. —Trabajando.
Horus asintió despacio .
—Los productores no querían —continuó Mateo—. Les dije que mi asistente personal no tiene nada que ver con la serie y que eso no era negociable.
Horus lo miró durante un segundo.
—Bien —dijo simplemente.
— Ella está viviendo aquí, tuvo problemas con Maya, ya hablaré esta noche contigo después de grabar.
— De acuerdo, hablamos esta noche.
— Entonces tu asistente vive aquí ¿Y Madison está de acuerdo?
— Lo está, de hecho se puso feliz de tener una mujer aquí.
Lily y Horus se miraron, conocían a Madison y ambos sabían que Madison jamás dejaría que una mujer se quedara en su casa es muy territorial.
Mateo los vio sonreír entre ellos.
—Tengo que irme —dijo.
Madison apareció en ese momento desde las escaleras.
—¿Ya te vas?
—Vuelvo a las seis. —Le dio un beso en la cabeza—. Horus está aquí. Lily está aquí. Martina está aquí. Estás en buenas manos.
Madison miró a sus primos que en ese momento estaban intentando convencer a Alissa de algo que Alissa claramente no quería hacer.
—Muchísimas manos —dijo Madison.
Mila llegó veinte minutos después, vio a los cuatrillizos en el jardín, nunca había visto sudar a los guardaespaldas como hoy. Entró a la casa nerviosa, ya conocía a Horus pero a su esposa no, al menos no en persona.
Martina y Madison habían vuelto a desaparecer hacia el piso de arriba.
Horus estaba en la cocina, estaba tomando una taza de café, mientras leía un libro.
Levantó la vista cuando escuchó sus pasos.
Mila lo miró.
—Hola Mila ¿Cómo estás?
—Hola, estoy bien gracias ¿y tú?
—Muy bien, el vuelo estuvo bien, mis hijos durmieron todo el vuelo.
—Me alegra por ti.
—Espero te gusten los niños porque vas a ver mucho ruido estos días, pido disculpas de antemano.
—No hay ningún problema.
El celular de Mila sono, Horus la vio sacarlo de su bolso, pero no contestó y por su cara no era alguien de su total aprecio.
Desde el jardín llegó uno de los trillizos llamando a Lily. Lily respondia desde el segundo piso. Bajo para atender a sus hijos, primero atendió la urgencia de su hijo, que en realidad no era urgencia solo quería que su hermana Máxima le diera su juguete.
Hola tu debes ser Milá, yo soy Lily —se presentó con Mila, la abrazo.
Algo que noto Mila es que es más bonita que en las fotos, tiene una cara de porcelana y es tan delgada que no sabe cómo fue que dio a luz a tantos niños sin perder su figura.
Lily sirvió dos tazas de café sin preguntar si Mila quería.
—A si que eres asistente de Mateo, me alegra tanto que por fin decidiera tener de nuevo asistente desde el último no le quedó ganas porque vendía su vida privada a los medios.
Lily se dio cuenta que esa información no la sabía Mila.
—¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí? —preguntó Lily.
—Poco.
—Vivir con Mateo y Madison es muy divertido, aunque Mateo parezca un gruñón es un hombre maravilloso y cuando te abre su corazón conoces una parte de él que te sorprende.
Mila solo asintió, no estaba segura si ya conocía esa parte de él que Lily conocía.
—¿Tienes amigas aquí en Miami? —preguntó Lily, tomando su taza.
Mila pensó en la pregunta durante un segundo más de lo habitual.
—No realmente —dijo.
—¿En general?
Mila miró su café.
—Tampoco —dijo, con honestidad —. No es algo que haya tenido mucho.
—Ahora tienes a Madison y a Mateo y yo con gusto te brindo mi amistad.
Mila no supo qué responder, nadie le habría ofrecido su amistad o si Mateo, pero cada vez que lo decía sentía una presión en el pecho.
—Gracias en verdad.
—No tienes que agradecerme nada, si Mateo te abrió las puertas de su casa es porque confía en ti.
Desde el jardín llegó la voz de Horus mediando entre Amadeo y Horus hijo con esa paciencia específica de los padres que han tenido la misma conversación cincuenta veces y saben que van a tenerla cincuenta más.
Las dos lo escucharon y se miraron.
Lily soltó una risa suave.
—Llevo años casada con ese hombre —dijo— y todavía me sorprende lo paciente que es con los niños. Con los adultos es menos paciente pero con los niños es infinito.