Volver a Amar

CAPITULO 45

Madison y Martina estaban sentadas juntas, sus respectivos padres estaban frente a ellas, ninguno de los dos tenía buena cara.

—¿Alguien quiere explicarme qué estaban pensando?

Madison lo miró.

—Que Andrés no se merecía que le hablaran así.

—Eso es verdad —dijo Horus—. Y también es verdad que ese video afectó la producción de una serie completa, el trabajo de doscientas personas, y la imagen pública de tu padre.

Madison miró a Mateo.

Mateo la miraba de vuelta sin decir nada todavía.

—No quería afectar a papá —dijo Madison, y esta vez la voz tenía algo diferente, menos convicción y más honestidad, la de alguien que está reconociendo en voz alta algo que ya sabía pero que había decidido no mirar antes de actuar—. Solo quería que la gente viera cómo es ella de verdad.

—Y lo vieron —dijo Horus—. Cuatro millones de personas lo vieron. Y en el mismo video también vieron a tu padre, que es protagonista de esa producción, metido en el medio de un escándalo que ahora tiene que gestionar su representante con el estudio.

Martina habló por primera vez.

—Fue idea mía —dijo, directa, con honestidad —. Yo grabé. Yo lo subí. Madison estaba ahí pero la decisión fue mía.

Horus la miró.

—Las dos estaban ahí y las dos lo sabían antes de que se subiera. Eso las hace responsables a las dos.

Martina asintió sin discutir.

Mateo se frotó la cara con las manos , y luego se quedó mirando a su hija durante un momento largo.

—Madi —dijo finalmente.

—Papá, lo siento. De verdad. —La voz de Madison salió más pequeña que de costumbre—. No pensé en todo lo que podía pasar. Solo pensé en que era injusto y que alguien tenía que decirlo.

—Hay formas de decir las cosas —dijo Mateo.

—Lo sé.

—Y esta no era una de ellas.

—El daño ya está hecho —dijo Horus. —. El video no va a desaparecer aunque lo hayamos bajado de la cuenta original. Lo que podemos hacer ahora es gestionar las consecuencias. —Miró a las dos—. Y eso empieza con que las dos entiendan por qué esto fue un error, no solo una travesura que salió grande.

—Porque afectó a gente que no tenía nada que ver —dijo Martina, sin que nadie tuviera que decírselo.

—Exacto. —Horus la miró—. Maya se lo merece. Eso es verdad y lo saben los dos. —Miró a Mateo—. Pero el equipo de producción no. Andrés no, que paradójicamente es la persona que más hubiera agradecido que eso no saliera nunca porque ahora todo el mundo habla del video y nadie habla de su trabajo.

Eso las hizo callar de una forma diferente a como habían callado antes.

Madison miró a su padre.

—¿Cómo lo arreglamos? —dijo.

Mateo la miró.

—Primero —dijo— llaman a Andrés y le piden disculpas. Personalmente. No por mensaje.

Las dos asintieron.

—Después —continuó— Martina escribe una disculpa pública en sus redes. No larga. No dramática. Honesta.

—¿Y Maya? —preguntó Madison.

Mateo la miró un momento.

—Maya tendrá sus propias consecuencias —dijo—. Eso no es tu problema ni tu responsabilidad. Tu responsabilidad es lo que tú hiciste, no lo que ella hizo.

Madison procesó eso.

—¿Estás muy enojado conmigo? —dijo finalmente.

—Estoy enojado con la decisión —dijo—. No contigo.

Madison asintió.

—Es lo mismo —dijo.

—No —dijo Mateo—. No lo es. Y algún día lo vas a entender mejor de lo que lo entiendes ahora.

Horus se levantó.

—Yo me encargo del estudio —dijo—. Tú habla con tu representante. —Miró a las chicas—. Y ustedes dos llaman a Andrés hoy. No mañana. Hoy.

Las dos asintieron al mismo tiempo.

—Papá.

—¿Sí?

—Maya le habló muy mal a Andrés.

—Lo sé.

—Y tú la pusiste en su sitio.

—También.

—Y eso fue lo correcto.

—Sí —dijo—. Pero hay cosas correctas que se hacen de formas incorrectas. Y esa es la diferencia.

—De acuerdo —dijo.

Mateo se levantó.

Pasó junto a ella y le revolvió el cabello, el que Madison fingía que le molestaba y que nunca había hecho nada real para evitar.

—Llamen a Andrés —dijo.

Mila estaba en la cocina escuchando todo pero no quiso intervenir. Mateo entro con su taza de café.

—Lo sabías —dijo Mateo. No como pregunta.

—Sí.

—¿Y no hiciste nada para evitarlo?

—No —dijo, con calma—. No hice nada para evitarlo.

Mateo la miró durante un momento.

No con el enojo

—¿Por qué?

Mila pensó en la pregunta de verdad, sin buscar la respuesta que sonara mejor sino la que era honesta.

—Porque vi cómo le habló a Andrés —dijo— y pensé que alguien tenía que decirlo. Y las niñas lo iban a hacer de todas formas, lo veía en sus caras, y yo pude haberlas detenido y no lo hice.

—¿Porque no quisiste.

—Porque no quise. —Lo dijo directo, sin el rodeo de las justificaciones—. Lo siento, Mateo. De verdad. No pensé en las consecuencias para la producción ni para ti. Solo pensé en Andrés y en que era injusto.

Mateo se apoyó contra el desayunador.

—La diferencia entre tú y las niñas —dijo finalmente— es que tú tienes treinta años y sabes exactamente lo que pesa una decisión así en una producción.

—Lo sé.

—Y aun así.

—Y aun así. —Mila no bajó la vista—. No te voy a decir que me arrepiento completamente porque no es verdad. Me arrepiento de no haber pensado en ti. En el impacto para ti. Eso sí. —Una pausa—. Pero lo que le hizo a Andrés era injusto y sigo pensando que alguien tenía que verlo.

Mateo la miró.

Y Mila vio el momento exacto en que algo en su expresión cambiaba, ese enojo que seguía ahí pero que encontraba su lugar junto a todo lo demás, junto al conocerla y al entenderla y al saber que lo que acababa de decirle era completamente honesto sin adornos.

—La próxima vez —dijo— dímelo a mí.

Mila lo miró.

—¿Y qué harías tú?

—Lo mismo que hice hoy —dijo Mateo—. Ponerla en su sitio. —Una pausa breve—. Pero sin que cuatro millones de personas lo vean antes de que yo pueda hacer nada al respecto.



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En el texto hay: amor, amistad

Editado: 01.09.2026

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