Volver a Amar

CAPITULO 46

Llegó el día del estreno, Mateo estaba listo desde las tres de la tarde, Mila estaba terminando de ponerse el vestido, no dejaba de verse en el espejo, el vestido era perfecto, el maquillaje era perfecto.

Bajo cuando estaba lista, la casa estaba en silencio, Horus llevaría por delante a los niños incluyendo a Madison y a Martina.

Mateo la miraba fascinado mientras bajaba las escaleras, como si el resto de la casa hubiera desaparecido y solo quedara ella. Cuando Mila llegó a su lado, él la atrajo hacia sí, rodeándole la cintura con un brazo.

—Estás hermosa —le dijo, con la voz un poco más grave de lo normal.

—Gracias —Mila se sonrojó, bajando la mirada un instante.

—Amo que te sonrojes.

—No estoy acostumbrada.

—Pues acostúmbrate —Mateo sonrió, dejando un beso breve en su frente antes de tomarle la mano—. Mila, nos vamos, es hora de irnos.

Ella asintió, y por un segundo, antes de cruzar la puerta, respiró hondo. Era el estreno que había esperado por meses, y ahora, con la mano de Mateo firme en la suya, sintió que los nervios se mezclaban con algo parecido a la calma.

Pero Mateo no se movió de inmediato. La miró un momento más, como si quisiera grabarse esa imagen: el vestido, el maquillaje perfecto, el sonrojo que ella insistía en no controlar.

—Espera —dijo, y con dos dedos le levantó suavemente la barbilla—. Antes de que se nos haga tarde, necesito un beso. Uno de verdad, no de esos rápidos que me das cuando tienes prisa.

Mila sonrió, con esa mezcla de nervios y ternura que solo él lograba sacarle.

—Se nos va a correr el maquillaje.

—Me arriesgo.

Ella se acercó, dejando que él terminara de cerrar la distancia, y el beso fue lento, como si el reloj no existiera y el estreno pudiera esperar unos segundos más. Cuando se separaron, Mateo apoyó su frente contra la de ella.

—Pase lo que pase esta noche —murmuró—, ya ganamos. Estamos aquí, juntos, y te ves así de hermosa. Todo lo demás es extra.

Mila le acarició la mejilla, sintiendo que el corazón se le apretaba de una forma buena.

—Te amo, ¿sabías?

—Me lo dices todos los días, pero nunca me canso de escucharlo —Mateo le dio un último beso corto, ahora sí sonriendo contra sus labios—. Ahora sí, vámonos

El auto se detuvo frente a la alfombra roja, y el murmullo de la gente y los flashes se colaron incluso antes de que abrieran la puerta. Mila apretó un poco la mano de Mateo.

—¿Lista? —le preguntó él, notando el gesto.

—Contigo, siempre.

Bajaron entre destellos de cámaras. La alfombra ya estaba llena de actores y actrices posando, sonrisas ensayadas, publicistas moviéndose de un lado a otro con tablets en mano. Y ahí, entre la gente, Maya esperaba vestida a juego con sus padres, con los ojos bien abiertos ante tanto ruido y tanta luz.

Horus y Lily los estaban esperando, Madison y Martina estaban con algunos fotógrafos, aunque Madison nunca ha querido ser famosa la prensa la conoce desde niña así que.

Cuando Mateo y Mila llegaron a la alfombra los flashes no se hicieron esperar todos querían fotografías de la pareja juntos y por separado para la prensa y para el público era algo insólito Mateo Marcel tenía novia después de cinco años viudo.



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En el texto hay: amor, amistad

Editado: 01.09.2026

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