Volver a Amar

CAPITULO 47

—¿Quién es tu acompañante esta noche, Mateo?

—Mi novia —dijo Mateo, sin dudar

Los flashes aumentaron.

Mila miró al frente con calma que le costaba más de lo que parecía sostener pero que sostuvo, con la mano de Mateo en la suya y el vestido verde y esa noche entera por delante.

Desde algún punto entre la multitud, Roberto y Catalina los vieron pasar.

Mila lo supo porque los vio también, un segundo, ese contacto visual breve e inevitable, y en la cara de Catalina había algo que Mila tardó un momento en identificar porque era nuevo en esa expresión que había aprendido a leer durante treinta años.

La proyección del primer capítulo fue en la sala principal del hotel.

Mateo y Maya se sentaron juntos en la fila de los protagonistas, con la prensa y los invitados alrededor y Vega en el centro con esa satisfacción tranquila de quien ha hecho algo que sabe que es bueno y está esperando que el resto lo confirme.

Mila se sentó con Madison, Horus y Lily tres filas atrás.

El capítulo empezó.

Y Mila, que había leído el guión completo y había estado presente en muchas de las grabaciones desde su rincón de siempre, vio algo diferente esta vez porque verlo terminado y editado y con la música y la luz que Vega había construido durante semanas era otra cosa completamente distinta a conocer cada pieza por separado.

Era bueno.

Genuinamente bueno.

Mateo en pantalla era esa versión de él que Mila había aprendido a reconocer, la que no era completamente él sino algo construido desde adentro hacia afuera, con esa verdad específica que hacía que la sala se quedara en silencio sin que nadie lo pidiera.

Y Maya.

Mila la miró en pantalla.

Maya era buena actriz. Siempre lo había sido. En pantalla desaparecía todo lo demás y quedaba solo el personaje, esa mujer complicada y real que Vega había construido con esa precisión, y Maya la habitaba con una entrega que Mila no podía negar aunque quisiera.

Era buena.

Y eso era verdad independientemente de todo lo demás.

Madison le tomó la mano en la oscuridad de la sala.

Sin decir nada. Solo eso.

Mila la apretó levemente.

Cuando terminaron los créditos la sala reaccionó con aplausos, Mateo fue el primero en levantarse, busco a Mila entre la gente, cuando la encontró le sonrió.

Salieron juntos para ir a la fiesta que preparó la producción, por suerte era en el mismo hotel. Mateo entró con su hija y Mila.

La terraza del hotel estaba iluminada y decorada, el mar visible desde el borde, la música era suficientemente alta para crear ambiente y suficiente para que las conversaciones existieran.

Mila estaba con Lily cerca de la balaustrada, habían encontrado ese rincón casi sin buscarlo, estaban conversando con una copa en las manos.

,ateo estaba a unos metros, hablando con Vega y dos actores del reparto secundario, pero cada tanto la buscaba con la mirada, Mila lo sentía, sentía su mirada.

Madison estaba con Martina cerca del bufet, que era exactamente donde Madison siempre terminaba en cualquier evento con bufet.

Horus estaba cerca de la entrada con Roberto.

Mila lo había notado hace un momento, los dos hombres en conversación, y había pensado que no sabía qué podían tener que decirse pero que Horus era Horus y probablemente lo sabía perfectamente.

Lily dijo algo que hizo reír a Mila.

Fue en ese momento, con la risa todavía en la cara y la copa en la mano y la guardia completamente abajo porque no había ninguna razón para tenerla arriba, cuando sintió una presencia a su lado.

—Mila.

La voz de Maya.

Mila se giró.

—Necesito hablar contigo —dijo Maya, en voz baja—. Un momento. Solo un momento.

Lily no se movió.

—Cualquier cosa que tengas que decirle a Mila puedes decirla aquí —dijo

—Es privado —dijo Maya.

—No hay nada privado entre nosotras —dijo Mila—. Ya no.

Maya la miró.

—Solo quiero —empezó Maya, dando un paso hacia ella.

Lily se movió levemente entre las dos con gesto instintivo de quien protege algo sin necesitar que nadie se lo pida.

Maya cambió el ángulo.

Con esa habilidad suya de encontrar siempre el espacio donde podía moverse, rodeó levemente a Lily con esa naturalidad calculada, y en el movimiento que siguió, que duró menos de un segundo y que podría haberse leído como un tropiezo, como un accidente, como cualquier cosa que no fuera lo que era, su mano encontró el brazo de Mila.

Y empujó.

No fuerte. No con el gesto obvio de quien empuja. Con esa sutileza específica de quien ha pensado en la física del momento, en el borde de la balaustrada que estaba exactamente a medio metro, en el tacón de Mila que no era alto pero era suficiente para que el equilibrio se complicara en el momento equivocado.

Mila sintió el suelo desaparecer bajo un pie.

El borde de la balaustrada contra sus caderas.

El vacío detrás. Todo ocurre demasiado rápido y demasiado despacio al mismo tiempo.

Y luego unos brazos.

Sólidos e inmediatos, alrededor de ella, jalándola hacia adentro con fuerza.

Mateo.

Que no la había perdido de vista en toda la noche.

Que había visto el movimiento de Maya antes de que nadie más lo procesara y había cruzado la terraza en el tiempo que tardó en ocurrir sin que nadie pudiera explicar después exactamente cómo había llegado tan rápido.

Mila contra su pecho, con las manos aferradas a su traje y el corazón en un lugar que no era exactamente su lugar habitual y las rodillas con debilidad del miedo que llega después del peligro porque durante el peligro el cuerpo no tiene tiempo para sentir miedo.

Mateo no soltó a Mila.

—Estoy aquí —dijo, en voz baja, solo para ella—. Estoy aquí.

Mila no dijo nada. Solo cerró los ojos y se dejó sostener.

Horus llegó en segundos.

Había visto todo desde la entrada, con Roberto a su lado que también había visto todo, y su expresión cuando llegó junto a Maya no era la de siempre, no esa calma tranquila de quien tiene todo bajo control.



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En el texto hay: amor, amistad

Editado: 01.09.2026

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