Volver a amarnos

Parte 5

Pamela

Negué con la cabeza, incapaz de creer su descaro.

—Por supuesto que puedo. Puedo porque, cuando pudiste asumir ese derecho que ahora reclamas, me dejaste como un cobarde. No tuviste el valor de enfrentarte a tus padres y permitiste que me echaran, que me pisotearan y que intentaran deshacerse de ese niño que ahora llamas hijo. —Sentí que la rabia volvía a apoderarse de mí mientras lo señalaba con el dedo—. No, Kyle, tú no me estás pidiendo verlo; lo decidiste porque así te lo pidió tu madre. Durante seis años no tuviste el valor de buscarlo, pero ahora que ella lo quiere, quién sabe con qué propósito, corres a amenazarme. No has cambiado, sigues siendo el mismo títere sin voluntad que conocí. No eres su padre, no lo mereces y jamás lo serás.

Se quedó con la cabeza baja, como si mis palabras hubieran conseguido tocar alguna fibra en su interior. Por un instante quise creer que había conseguido hacerlo reflexionar, pero eso era demasiado pedir.

—Ya no soy ese hombre. —Alzó la mirada y respiró profundamente antes de continuar—. Quiero darle la vida que merece. No lo busqué antes, lo admito, pero estoy aquí ahora, Pamela. Eso es lo que importa.

Me acerqué y comencé a golpearle el pecho varias veces, cegada por la impotencia. Las lágrimas se mezclaron con las palabras que salían de mi boca sin que pudiera detenerlas.

—¡Ojalá nunca te hubiera conocido! ¡Ojalá pudiera cambiar el destino! ¡Ojalá nunca hubieras aparecido en mi vida!

Él terminó sujetándome de ambos brazos para detenerme.

—No lo hagas más difícil. —Su expresión se endureció mientras intentaba mantenerme quieta—. No actúes como si hubieras sido una santa, Pamela. Yo tuve mis razones. Me equivoqué, sí, y ya te dije que lo lamento. No puedo reparar el daño que te causé, pero puedo hacer algo por él. Déjame ayudarlo, deja que venga con su familia y tenga una vida mejor. No me obligues a tomar otras medidas.

Quise mandarlo al demonio, pero sabía que no podía actuar impulsivamente. Podían quitarme a Lyan y, de cualquier manera, saldría perdiendo si decidía enfrentarme a él y a sus padres sin pensar bien mis opciones. Tenían dinero, abogados e influencias. Deslumbrar a un niño con cosas materiales era demasiado fácil. En una corte no les importaría cuánto me había hecho sufrir ni que nos hubiera abandonado; probablemente solo verían sus millones frente a todo lo que yo no podía ofrecer.

—¡Apártese! —ordenó uno de sus escoltas, intentando acercarse.

—No la toquen. —La voz de Kyle fue suficiente para detenerlos y hacer que retrocedieran.

Lo miré con odio antes de caminar hasta la poltrona más cercana y dejarme caer sobre ella. Apoyé el rostro entre mis manos mientras intentaba recuperar la calma. No quería hacer un escándalo todavía mayor ni permitir que mi hijo me viera así. Después de unos segundos, me limpié las lágrimas y volví a ponerme de pie.

—No dejaré que se acerquen a mi hijo. No sé qué tenga que hacer, pero no permitiré que eso ocurra. —Me obligué a sostenerle la mirada—. No puedes aparecer de la nada y querer reclamar a mi hijo como si fuera una cosa que te pertenece. Él salió de mí, Kyle. Tú no tienes la más mínima idea de lo que significa ser padre. Haz lo que tengas que hacer, porque si una vez me viste de rodillas, cuando tuve que suplicar por su vida, esta vez seré capaz de enfrentarme al mundo entero si es necesario para protegerlo.

Kyle permaneció en silencio unos segundos, observándome con una seriedad que no había mostrado hasta entonces.

—Podemos llegar a un acuerdo, Pamela. Me importa él. Quiero conocerlo. No tiene que ser por las malas. Déjame llevarlo con mi madre, pasar tiempo con él y permitir que me conozca. —Hizo una breve pausa antes de añadir—. Tú puedes ir con nosotros si eso te da seguridad.

Me quedé mirándolo fijamente.

—Mírate. Cualquiera que nos escuche diría que soy cruel por impedir que ejerzas tus derechos, pero yo te conozco, Kyle. —Negué con la cabeza, sintiendo que cada palabra me dolía más que la anterior—. Puedes convencer al mundo entero de que eres un hombre arrepentido, pero yo sé quién eres. Sé que no quieres conocerlo de verdad. Solo buscas exhibirlo, convertirlo en una imagen perfecta de tu vida, como si fuera un trofeo que puedas mostrarle a todos.

Una sonrisa apareció en sus labios.

—¿Tú crees que es un niño tonto? —preguntó, haciéndome apretar los dientes—. ¿Crees que no ha notado el parecido entre nosotros? Quizás todavía no lo comprenda, pero en cuanto le diga que soy su padre, me creerá. No será difícil. Pamela, te pido que pienses bien las cosas. Déjame llevarme al niño por las buenas. Puedes acompañarnos si quieres; tendrás toda la seguridad que necesites.

La rabia volvió a apoderarse de mí y le di una bofetada. Sus guardaespaldas reaccionaron de inmediato, pero él volvió a hacerles un ademán para que se apartaran.

—Puedo compensarte por todo el tiempo que no estuve a su lado. —Me observó fijamente, como si estuviera haciendo una oferta cualquiera—. ¿Cuánto quieres?

Lo miré con incredulidad. ¿De verdad pretendía comprarme a mi propio hijo?

Antes de que pudiera responder, uno de sus hombres se acercó con evidente preocupación.

—Señor, creo que alguien nos siguió. Hay algún paparazi cerca. Recuerde que su madre indicó que no es conveniente que se sepa que abandonó a su hijo legítimo. Tenemos que irnos.

Vi cómo Kyle miraba a su alrededor con rapidez mientras otro de sus escoltas le entregaba una gorra y una chaqueta para intentar ocultar su identidad.

Solté una risa amarga.

—Lo sabía. Sigues siendo el cobarde de siempre. —Lo señalé mientras negaba con la cabeza—. A mi hijo no vas a utilizarlo para agrandar tu ego, Kyle Brennett. Lárgate. No te tengo miedo. Haz lo que quieras.

Él recibió una llamada y se alejó unos metros para contestar. Me quedé observándolo mientras sus guardaespaldas vigilaban el perímetro y se colocaban alrededor de él para impedir que alguien se acercara.




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