Concéntrate. Me lo repetía una y otra vez: no importa que esas grandes manos tomen tu cintura para levantarte con delicadeza.
Habíamos vuelto al pueblo hacía dos días, así que llevábamos dos noches ensayando sin parar. Eran más de las nueve. Dimos una última vuelta antes de que Oliver se detuviera.
—Brian me recordó que hoy hay tacos. Podemos unirnos si quieres.
Fue directo a su mochila y sacó su botella de agua. Vi sus músculos tensarse mientras la destapaba. Su manzana de Adán se movió cuando dio el primer trago, y aparté rápido la mirada.
—Sí, podemos ir.
Tomé mi mochila sin mirarlo y me puse en marcha hacia la salida de la pista para ponerme mis tenis. La verdad es que, desde que habíamos vuelto, me había sentido mejor que en muchos días. Aun así, no dejaban de repetirse algunos malos pensamientos, por supuesto.
Al llegar, Brian se acercó a Oliver de inmediato y lo apartó de ahí; comenzaron a hablar como si fueran amigos de toda la vida. Sí, qué confianza. Me sentía un poco celosa... espera, no, no, no. Quería decir que me ocasionaba gracia, porque, según Brian, su primera impresión de él fue que era un cretino, y ahora hasta lo abrazaba y casi se le colgaba en la espalda. Si no fuera porque Nadia lo fulminó con la mirada, sin duda lo habría hecho.
Andrés estaba en su celular, pero de vez en cuando miraba a Robecca con cierta admiración sin que ella se diera cuenta, porque estaba ocupada contando las tortillas para saber cuántos tacos podría comerse cada quien. Cuando la mirada de Andrés se topó con la mía, enseguida la desvió y no volvió a mirar a mi amiga de ese modo. Interesante.
Poco después de comer, Nadia prendió el aparato para hacer karaoke. Aún había unos cuantos comensales, así que me daba demasiado pavor que me juzgaran con la mirada.
Brian se adelantó y comenzó a cantar, ya estando bajo los efectos del alcohol.
—Sí, estoy pedo, ¿y qué? Voy a echarme una ranchera.
Quería explotar de la risa cuando una señora en la mesa de al lado lo miró como si tuviera alguna infección venérea contagiosa.
Y en efecto, Brian comenzó a entonar Volver, volver de Vicente Fernández.
No pude más y comencé a reírme sin parar. Brian frunció el ceño mientras me dedicaba una mueca de disgusto, aún con el micrófono en la mano. Sentía que mi mirada se empañaba y que el estómago comenzaba a dolerme de tanto reír.
Hubiera sido la noche perfecta de no ser porque se escucharon unos aplausos acompañados de una risa sarcástica que reconocía a la perfección. Alexander y Dona estaban en la entrada del lugar; su mirada recorría a cualquiera con burla.
—¿Qué? ¿No esperaban a los próximos patinadores que irán a Rusia a darlo todo? De verdad, uno quiere ser amigable, pero ustedes son unos insufribles.
Brian se bajó tropezando del escenario.
—Insufrible será la paliza que te daré.
Antes de que pudiéramos detenerlo, Brian le lanzó un puñetazo a Alexander que le dio en la mandíbula; fue tan fuerte el golpe que lo hizo perder el equilibrio. Corrí hacia ellos en cuanto noté que Alexander iba a regresar el golpe. Me atravesé, pero pronto unas enormes manos familiares me detuvieron antes de que el impacto me diera a mí.
—Vete —sentenció Oliver.
—Ustedes no son bienvenidos aquí —declaró Nadia mientras sostenía a su novio.
Alexander hizo una mueca de desprecio.
—Te llevaré a comer a un lugar mejor —le dijo a Dona, mientras la tomaba de la cintura para alejarla.
Aún sentía el agarre en la mía. Oliver resopló.
—Esos idiotas —refunfuñó Brian.
—Y tú eres un buscapleitos. Sabes que no debes darle cuerda —lo regañó Nadia.
Brian enseguida hizo un puchero y se puso a llorar. Así de sensible era. Comencé a reírme de nuevo.
—No te rías, no es gracioso —me regañó él.
—Recordé la razón por la que son novios. Precisamente por llorar.
Después de un rato, cuando la tensión se había alivianado, conversamos un largo rato sobre que ya faltaban solo dos días para la primera competencia en parejas. Todos nos sentíamos listos. Mientras quienes llegaran a la final estuvieran entre nosotros, ninguno tenía objeción, pero si Alexander y Dona llegaban, estaríamos en peligro. De cualquier manera, todos sabíamos que las probabilidades eran altas; Dona y Alexander tenían un talento para bailar un ritmo rápido al compás, y ninguno solía equivocarse.
Recordé las razones por las que me había sido infiel; la cicatriz en la pierna me ardió. Ese día me obligó a hacer un paso que sabía que no saldría; aun así, me hizo flexionarme más de lo que me sentía preparada. Me negué en primera instancia.
«—Entonces no me amas...»
La voz quebrada de Alexander me hizo sentirme decepcionada de mí misma, así que le dije que lo intentaría. Estábamos en la pista, di todo por hacerlo bien, pero no sé qué pasó que el paso no salió. No quería recordar más; no era un recuerdo agradable, porque a raíz de eso nuestra relación había quedado fracturada. Aunque no sabía si más bien siempre había estado de esa forma.
Oliver fue muy amable al dejarme en mi casa y ponerme el saco sobre los hombros al notar que tenía frío.
Esa noche creí que iba a tener una pesadilla, porque estaba en la pista. Me había costado horrores volver a entrar ahí después de lo que sucedió.
No me encontraba dentro. Veía a Dona y Alexander bailar; él tenía esa expresión de soberbia y ella, de supuesta inocencia.
Vi a Rizos del otro lado de las gradas; comía unas palomitas y una sonrisa se dibujó en su rostro.
Justo en ese momento, un fuerte crac se escuchó y Alexander se quejó. Me quedé helada al percatarme de que a él, al menos en ese sueño, le había pasado lo que a mí aquel día.
Me desperté agitada. Ya eran las ocho de la mañana y teníamos reunión dentro de media hora con la entrenadora para darnos algunas indicaciones.
Cuando llegué, después de haber visto a Rizos sin poder olvidar su sonrisa de aquel sueño, atrapé el cuarzo entre mis dedos mientras lo masajeaba. A mi lado, Alexander miraba la pista con miedo. Nunca lo había visto así, pero fingió que su cuerpo no temblaba cuando se dio cuenta de que lo miraba, y entró sin volver a mirarme.
Cuando llegué al lado de Oliver, él atrapó mi mano entre la suya y logró transmitir un poco de calma.
—En la segunda competencia cambiarán de pareja. Solo será una presentación; no habrá elección, será al azar. Los resultados serán individuales.
¿Qué? Apenas me estaba adaptando a Oliver y ahora tendría que adaptarme a alguien más.