Eran alrededor de las siete de la mañana y estaba ocupada inflando globos. Brian me había hecho ir a un salón donde le preparaba una sorpresa a Nadia por su primer aniversario de noviazgo.
—Sabes, si hubiera llamado a Robecca, me habría dado una buena patada en el trasero.
Sonreí. La verdad es que sí; Robecca no era demasiado paciente, sobre todo cuando las cosas se hacían a última hora, y más con la competencia encima. Todos estábamos estresados, agotados y nerviosos. Sin embargo, algo en mí me decía que todo saldría bien hoy; faltaban al menos unas cuatro horas para dar inicio al evento.
—Por mi amiga, esto vale la pena.
Brian me miró y sonrió como nunca lo había visto. Sí, él realmente amaba a mi amiga, y yo amaba verlos tan felices. Era como si fueran una cura para mi corazón herido; tal vez yo no había sido amada, pero podía ser testigo de una buena historia de amor.
Cuando terminamos, eran las diez de la mañana y tenía que irme a preparar para la competencia, así que fui a casa de Rizos, quien estaba dispuesta a ayudarme con el vestuario y el peinado.
—Rizos... ¿te volverías a enamorar? —Ella se encontraba concentrada cepillando mi cabello, pero la vi tensarse por el reflejo del espejo. —No lo sé. Puede ser que sí, puede ser que no... Es complicado. ¿Tú lo harías?
En otros momentos diría que no; más bien, hace unos cuantos meses habría negado con la cabeza sin miramientos, pero... ¿y si me estaba negando a una historia que podía ser mejor que mi pasado? El miedo me calaba en los huesos, porque no puedes olvidar algo que fue demasiado difícil de procesar, un amor que no se te pudo dar. Incluso ahora me resultaba extraño que por mi mente pasara también un ¿y si sí resulta en algo bueno?
—Deberías —Rizos interrumpió mis pensamientos, como si supiera lo que estaba pensando—. El amor es hermoso y nació para vivirlo sin miedo.
—Pero...
—Mi historia es diferente; nunca hubo amor, e incluso ahora no me parece que haya alguien dispuesto a amarme. Pero tú... tienes a alguien que te mira con ternura... con una devoción, como si quisiera ofrecerte el mundo entero y no supiera cómo.
—Tal vez no románticamente, pero yo quisiera ofrecerte el mundo entero, Rizos.
Ella sonrió.
—Tú eres mi mundo.
Su mirada reflejaba un cariño sincero; sentí un escalofrío, como si estuviera reconociendo algo desconocido. Rizos rompió la burbuja cuando carraspeó:
—Basta de sentimentalismos, niña. Hoy debes lucir impecable.
—Rizos, si... Quiero decir, solo hipotéticamente, si yo fuese una de tus protagonistas, ¿dejarías la historia así?
Nuestras miradas se cruzaron en el espejo. Ella se quedó quieta un segundo y después pasó el cepillo por mi cabello.
—Sí, porque si no lo hiciera, no te habrías convertido en lo que eres ahora.
—¿Y qué soy?
—Un hermoso cisne que está aprendiendo a nadar a contracorriente.
Cuando terminó de peinarme y maquillarme, la vi ir a buscar el collar. Al volver, ella misma me lo puso con cuidado.
—Quiero amarlo. Quiero amar a Oliver.
Ella ya lo sabía; lo confirmó cuando, en lugar de una mueca de confusión por mi repentina confesión, encontré una enorme sonrisa. Su mano se levantó para acariciar mi mejilla. Solo asintió, y luego me levanté. Estaba lista para darlo todo en la pista, para volver a amar, para permitirme sentirlo incluso con el miedo que recorría cada rincón de mi cuerpo.
La competencia inició con Nadia y Brian, quienes estaban más conectados que antes. El cuerpo de Brian estaba más relajado en cada paso, e incluso se atrevieron a hacer unas piruetas con habilidad. Dejaron la vara muy alta con la apertura del concurso, y eso me puso muy nerviosa.
Oliver estaba a mi lado, tan tranquilo. Cuando se giró a verme, me regaló una sonrisa cálida. Mi corazón comenzó a latir. Justo en ese momento, las mariposas en mi estómago se detuvieron porque comenzó a sonar un funk popular de TikTok: «Gózalo». Me tapé la boca cuando vi entrar desde cada esquina a Andrés y Robecca. Elegir un funk así de rápido exige precisión y pasos muy marcados. Cuando se encontraron en medio de la pista, el ritmo no les permitió ni un segundo; comenzaron a hacer sus pasos, y en algún punto, de tanta velocidad, Andrés tropezó, pero eso no lo detuvo.
—Son los siguientes —nos indicó la entrenadora.
Los nervios me carcomían. Estaba que explotaba de la emoción; hacía tiempo que no competía. Siento la mano de Oliver sobre la mía dando un ligero apretón que me tranquiliza.
Qué fácil es amarte.
Love story de Indila, comenzó a sonar. Nosotros, a comparación de la presentación anterior, teníamos pasos muy tranquilos. Siento la música mientras me muevo con elegancia; me encuentro con Oliver en el centro de la pista, entonces giro cuando él hace lo mismo, su mano encuentra la mía y comenzamos a danzar sobre el hielo. En algún momento mi equilibrio tiembla, pero mi pareja de baile encuentra mi cintura y me sostiene.
—Confía en nosotros —me susurra al oído.
Entonces me dejo llevar; cada paso es un sentimiento porque me permito confiar. Giro, deslizo, me acerco; giro, deslizo, me acerco. Sin perder el ritmo, Oliver sonríe cuando lo encuentro. Me siento tan orgullosa, a pesar de que pueda parecer que no es la gran cosa. Con el rabillo del ojo miro a Rizos observando con admiración desde las gradas. La canción termina con un giro más lento y una leve inclinación de mi parte hacia atrás mientras él me sostiene; su respiración se encuentra con la mía.
Los aplausos estallan y sé que hemos terminado porque Alexander y Dona ya se encuentran listos para su presentación.
La entrenadora decide darnos una oportunidad más a todos, ya que nos esforzamos para tener presentaciones de alto nivel, así que la verdadera eliminatoria será cuando evalúe el desempeño al cambiarnos de pareja en la próxima competencia.
Estaba quitándome los patines cuando solo veo un patín frente al mío.
—Oliver... —me incorporé para llevarme la sorpresa de que no es él, sino Alexander. —¿Por qué sería él? ¿Acaso ya te olvidaste de mí?
Siempre tiene que arruinar todo. Estaba feliz sin recordar su existencia, pero ahí estaba; al menos no había traído a Dona.
—¿Qué quieres, Alexander?
—Solo vine a decirte que no deberías confiar tanto en tus amigas —su mirada recorre mi rostro a la espera de una reacción.
—¿De qué diablos hablas?
—Me parece que Brian tiene un secreto, uno que guarda muy bien... Ahora que lo pienso —hace una pausa y se frota la barbilla con descaro—, si su novia es Nadia, ella también debe saberlo. Oh, y por supuesto, Nadia se lo contaría a su otra amiga, Robecca. Hasta Oliver ya debe saberlo. ¿Sigues siendo tan ingenua, ovejita?
La sangre me hierve. Aprieto el puño con rabia, trato de mantener el control y suspiro.
—No me digas así.
Justo en ese momento, Brian —seguido de los demás— entró al área. A Alexander le brilló la mirada, y supe que eso no significaba nada bueno.
—¿Qué haces aquí? —saltó Brian de inmediato.
—Oh, nada, solo le estaba contando algunas cosas a Joyce sobre ti. Algunos secretos que tenemos guardados; ya sabes, eres mi camarada.
—Ni camarada ni qué ocho cuartos. ¡Vete de aquí, ya!
—Aún no termino, Brian.
La postura de Brian se puso tensa, demasiado para no ocultar nada, porque esto me estaba dando mala espina. Tal vez solo fueran mis pensamientos intrusivos. Los demás se mantenían en silencio, sin intervenir, quizás también estaban tan pasmados de la impresión como yo.
—Él sabía que te ibas a accidentar hace dos años.
Esas fueron las palabras que salieron de la boca de Alexander.
¿Qué?