Volver a empezar. #2

Capítulo 3.

Capítulo 3.

Como había predicho Dylan siguió sin llamarme las siguientes semanas por lo cual estuve enojada. No podía obligarlo y lo sabía bien pero en serio me molestaba que desperdicie su voz de esa manera cuando yo le estaba dando una oportunidad única que no muchos tendrían.

Pero no me daría por vencida, por supuesto que no. Así que le pedí a Raizel el horario de salida de su hermano, iría hasta su colegio y luego cuando estuviese solo hablaría con él.

Sencillo.

—Veo que tenemos a alguien nuevo por aquí —Dije en tono alegre—, el primer niño de mi clase, espero que las niñas se comporten —Bromeé—. ¿Cómo te llamas cariño?

Él pequeñin levanto su mentón orgulloso.

—Alexander Gabriel Acosta Arza —Su voz tenía el común acento de alguien extranjero.

Él morochito llamaba la atención de mis niñas y sonreí.

— ¡A sus puestos! —Fue como una alarma para las niñas y corrieron a su lugar mientras yo colocaba la música—, Alexander, puedes colocarte en el frente así podrás aprender la coreografía más rápido.

Asintió con la cabeza mientras yo me ponía en el frente, está vez no sería clásico por lo que todas estaban eufóricas.

—Y un dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho ¡Giro! Un dos…

A veces me sorprendían mis niñas, ya que siendo pequeñas aun así bailaban de manera perfecta, algún que otro error que corregir pero nada grave. Vi a mi nuevo integrante hacer los pasos también, él lo hacía muy bien al decir verdad.

Cuando llego la hora de marcharse fui a ducharme ya que terminé sudada por completo por el calor que hacía últimamente. Luego salí disparada afuera de la academia, debía ir a ver a Dylan y no podía estar demorándome.

Mi celular vibro en mi chaqueta de cuero por lo que mire antes de siquiera atender. Era un número que no tenía registrado pero el cual sabía de memoria. Mi corazón se hundió en mi pecho y trague saliva.

Era Thiago.

Mordí mi labio con fuerza pero corte la llamada para luego apagar mi celular.

Él era mi novio, lo que lo convierte en mi ex.

Conocí a Thiago porque él era mi compañero en la academia y siempre bailábamos juntos, siempre éramos pareja, siempre hacíamos todo juntos. Un gusto amargo se instala en mi boca. Pero todo cambio cuando tuvo que ir a Londres, cuando se alejó de mí y se fue.

No me dejé pensar tanto en eso mientras conducía, no quería que mis ojos se empañaran de lágrimas, porque terminaría nublándome la visión y en el peor de los casos podría tener un accidente.

Él colegio del niño era muy bueno, de esos que cuestan dinero. Esperé en el auto por unos minutos ya que todavía no vi a nadie salir. Mi lado masoquista me ataco en esos momentos y tomó mi vulnerabilidad para desplazarse en mi galería. Fotos de Thiago junto a mí escondidas en una carpeta inundaron mis ojos.

Unas abrazados, besándonos o simplemente posando, en cada una de ellas lucía feliz, y lo era. Me pregunto qué hubiese pasado si él no se marchaba… si no hubiese tocado el suelo de otro país.

Unas risas me hacen levantar la vista de inmediato, varios adolecentes salen en gran cantidad del colegio y yo salgo del auto. Me será imposible encontrarlo entre tanta gente.

Me desplazaba entre los estudiantes algunas veces chocaba con ellos y murmuraba un “lo siento” “perdón” y continuaba con mi camino. Cuando lo vi me detuve en donde estaba, llevaba su mochila por los hombros y hablaba con unos chicos que tenían mala pinta.

Me escondí detrás de un poste para que no pudiesen verme y los seguí con la mirada mientras iban caminando por la acera.

Tenía dos opciones.

La primera era irme a mi casa, y buscar a alguien que quiera esto.

Y la segunda era seguirlo y volver a pedirle que considere mi oferta.

¿Ya estoy aquí no? Así que voy por la segunda.

Camine detrás de ellos a una distancia prudente, ellos iban riendo y empujándose, pero Dylan era el único que no estaba así, parecía forzado a ir con ellos.

Cuando doblaron a una esquina poco concurrida me detuve ¿Debía ir tras ellos?

El lugar no me agradaba ni un poco, pero también tenía miedo por él ¿Qué si lo obligaban a ir?

Dylan no es ningún debilucho, pero ellos eran mayoría, con alguna arma podrían hacerle daño y me preocupaba que si no miraba pudiese pasar algo.

Así que inhale profundo y me adentre al callejón, no los vi por ninguna parte pero como solo había un camino lo seguí, cuando iba a doblar en la esquina los vi en el fondo por lo que asome mi cabeza por la pared y los miré.

Él más grande de ellos le tendió algo a Dylan y este lo guardo en el bolsillo de su campera sin decir nada, otro de ellos le ofreció un cigarrillo y este lo acepto.

Madre mía, él es solo un niño.




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