Volver a empezar. #2

Capítulo 16.

Capítulo 16.

 

Mi boca se abre cuando él muerde mi labio inferior, pierdo todos los sentidos al sentir su lengua. Esto se siente tan bien que me dejó llevar por el vaivén de emociones que me atraviesa el pecho como si fuese una llamarada.

Mis manos van hasta su cuello, yendo más arriba hasta jalar su cabello. Un gemido ronco se le escapa desde los más fondo de su garganta, sus manos me presionan con más fuerza de la cintura, como si quisiera que no me escapara, quiere prevenir mi huida pero lo que no sabe es que lo menos que pasa por mi cabeza es abandonar el sabor dulzón de sus labios.

Presiona más su cuerpo contra el mío mientras aleja su rostro del mío para ir regando besos desde mis labios, baja hasta mi clavícula y yo se lo permito. Sonríe, sus dientes también rasguñan mi piel sin llegar a dañarme pero de la manera justa para causar un dolor del más excitante. 

Sé que esto se está saliendo de control cuando él baja sus manos hasta mis muslos, jadeo por la forma en la cual sus dedos van trazando un camino hacia arriba...

—¡Dylan! ¡Esther! ¡Ya llegó la pizza!

Lo empujó con todas mis fuerzas al oír la voz de Raizel al otro lado de la puerta. Como lo tome desprevenido logre empujarlo lejos, ambos tenemos la respiración agitada. Él tiene el rostro sonrosado y los labios hinchados y sé que debo lucir igual.

—Ya... —Me aclaro la garganta—, ya vamos Raizel.

—De acuerdo, pero no se olviden que si tardan Cayden y yo no tendremos compasión en dejarle algo —Bromea y escucho sus pasos alejándose.

Dylan me mira de una manera indescifrable, pero puedo ver el deseo brillando en sus ojos verdes.

—Dios mío —Digo llevando una mano hasta mi pecho—. Casi nos descubren.

Él sonríe y da un paso al frente, yo lo miro cautelosa.

—¿Y?

Lo miro sin poder creer que se lo tome de lo más normal.

—¿Cómo que "Y"? ¡Tu hermana pudo entrar!

Él da unos cuantos pasos hacia donde estoy y no retrocedo soy consciente de que si doy un paso atrás volveré a chocar contra la pared.

—Repito ¿Y...? —Ladea la cabeza dando un paso más haciéndome retroceder por inercia y como había predicho antes, volví a quedar de espalda a la pared. Él estira su mano izquierda hasta apoyarla al lado de mi cabeza contra la pared—. ¿Te da miedo de que se enteren de que un "niño" te pone a mil? ¿Qué este niño Te vuelve loca?

Trago saliva.

—Dylan...

—No. No voy a dejar que digas estupideces sobre la edad de nuevo. Ahora que probé tus labios... —Su vista va directo a ellos—, tu sabor, tu suavidad —Ladea una sonrisa—, no te voy a dejar en paz, cielo.

Aproxima su rostro al mío para besarme pero giro el rostro y termina besando mi mejilla.

—No hagas eso —Digo de mala manera—. No quiero que jueguen conmigo de nuevo —Suelto sin quererlo.

—Así que un idiota jugó con tus sentimientos —Hace una mueca—, déjame sanarlas.

Lo miro sorprendida. Pero niego con la cabeza.

—Ay Esther... vas a terminar loca por mi —No niego eso—. Y cuando eso pase...

—¿Qué? —Lo desafió.

—Tendrás que esperar para averiguarlo.

Se aleja de mí caminando hacia la puerta la abre y me mira arqueando una ceja.

—¿No vienes?

Niego con la cabeza.

—Iré dentro de unos segundos.

Sé encoge de hombros y cierra la puerta al irse. Yo llevo una mano hasta mis labios.

—¿En qué mierda me metí?

 

***

 

—¡Dylan! ¡Dylan! ¡Dylan! —Chillan las chicas esperando a su ídolo.

—No puedo creer que todas esas chiquillas estén enamoradas de mi hermano —Hace una mueca—. Él sigue siendo un bebé.

"SI claro, un  bebé que por poco me mata de placer hace un rato"

—Es su nuevo ídolo, tu hermano sabe ganarse su corazón con sus tweets.

Porque sabía que Dylan respondía cada uno de ellos, al menos ahora que no tenía tanta fama.

Por algo se empieza, y él lo está haciendo con el pie derecho.

—¡Ahí esta! —Levanto la mirada hacia el escenario y lo veo subir con si guitarra—, las chicas chillando se levantan de sus asientos y algunas personas prestan atención en su dirección.

Mi corazón parece detenerse al verlo. Se sienta en un pequeño asiento de madera y coloca su guitarra en posición.

Sus ojos vagan por el lugar hasta posarse en los míos y yo levanto mis pulgares para decirle que todo está bien.

Eso parece gustarle porque sonriente se dirige a hablar a sus fans.

—Buenas noches —Es simpático cuando otro coro dice lo mismo con emoción —.  Les agradezco a mi club de fans... sigue siendo raro decirlo en  voz alta —Los presentes se ríen—, como decía, les agradezco por venir a ver a este pobre mundano tocar un par de canciones.




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