Volver a empezar. #2

Capítulo 20.

Capítulo 20.

 

—Te voy a matar —Digo pero sin poder contenerme me tiro en su brazos, suelta un quejido y me apartó para mirarlo—. Lo siento ¿Te lastime?

—Sí pero tu puedes lastimarte cuando quieras —Me guiña un ojo y no puedo evitar reír.

—Eres un idiota, ven adentro tienes que explicarme que sucedió.

Intento alejarme de él pero su agarre en mi cintura se intensifica.

—¿No hay un besito?

Parpadeo sorprendida, este niño viene en este estado y no pierde su toque coqueto. Revoloteo los ojos pero luego mi mirada baja hasta sus labios ensangrentados y hago una mueca.

—Creo que tus labios no están en condiciones Romeo, déjate de bromas y vamos a hablar.

A regaña dientes me suelta, camina hasta la sala con paso despreocupado.

—Voy a la cocina por el botiquín —Asiente y doy media vuelta pero antes le echo otra miradita, al sentarse en el sofá hace muecas y su mano va directo a su estómago. Mi corazón se oprime y voy directa a la cocina, el botiquín sigue sobre la mesa iba a usarlo para curar mi corte pero eso puede esperar—. ¿Dónde estabas?

Me arrodilló frente a él y su ceja se arquea.

—Creo que esta posicion me esta gustando —Sin poder contenerme le doy un manotazo en la rodilla y este se queja —, veo que no estás de humor para bromas.

—¿Hablas en serio? ¿Sabes lo preocupada que estaba? Y tu hermana… claro, todos estábamos preocupados y tu aquí intentando hacer bromitas —Agachó la mirada mojando el algodón con el alcohol.

Desordena su cabello y asiente.

—Perdón, sólo no quiero que sigas preocupada —Con su mano derecha levanta mi barbilla para que lo mire—, estoy bien, estoy aquí… contigo.

Sus palabras hacen que mi corazón se caliente de una manera que nunca antes me había pasado ni con Thiago. Acerca su rostro al mío y antes de que las cosas se descontrolen levanto mi mano y colocó el algodón en sus labios. Se aleja de una manera rápida y me mira sorprendido.

—¡Eso arde!

—Hay que desinfectar la herida, no seas llorón y quédate quieto.

Vuelvo a llevar el algodón hasta sus labios con suavidad, hace muecas pero no dice nada, al volver a remojar el algodón me toma de la muñeca.

—Creo que ya es suficiente —Ruedo los ojos y él frunce el ceño, estira mi mano en su dirección y ve el corte—. ¿Duele? —Pregunta preocupado.

Sus gestos me dan tanta ternura que lo miro embobada unos segundos.

—Eh si… digo ¡No! No te preocupes, lo importante aquí es que estés bien —Me quita el algodón de las manos y la pasa por mi herida—. ¡Auch!

—¿No que debía dejar de ser un llorón? —Muerdo mis labios para no quejarme, una vez que parece satisfecho me pide una curita, cuando la encuentro se la extiendo y la coloca sobre la herida. Me sorprende cuando deja un beso casto allí—. Listo.

Un nudo se forma en mi garganta al verlo, es una sensación tan extraña que me está nublando por completo. Siento unas inmensas ganas de besarlo, abrazarlo y protegerlo.

—Dylan… ¿puedes explicarme lo que paso? —Él suspira y asiente.

Me siento a su lado y me armo de valor para agarrar sus manos, quiero que confíe en mi.

—Lo intente Esther.

—¿De qué hablas?

—Intente dejarlo, lo intente por ti. Pero a mi jefe no le agradó nada la idea, le dije que podía pagarle con un nuevo trabajo que conseguí, que era dinero limpio pero discutimos —Suelta mi mano y mira hacia al frente —, dijo que soy su mejor camello que gana mucho conmigo en las peleas, nunca me va dejar salir de esta mierda.

—Eso no es justo —Digo sintiendo una tristeza tremenda.

—No, no lo es —Suelta una risa amarga—, le dije que no me importaba que yo le pagaría todo Pero no así…

—¿Y qué paso? —Niega con la cabeza—, Dylan, confía en mi.

Me mira y noto que sus ojos están cristalizados.

—Amenazo a mi familia Esther, el hijo de puta se atrevió a hacerlo. No pude resistirme y lo golpé pero creo que te das cuenta de que sus matones me dieron el doble de golpes que le Di a su estúpido jefe.

—Dios, Dylan esto es demasiado peligroso.

—No quiero seguir con la música,  esto no va terminar bien, fue un error desde el principio no se porque deje que me convencieras.

—Ni se te ocurra renunciar a tus sueños Dylan.

—Mataron a mi amiga —Suelta entonces—, la chica con la que me viste la noche de la pelea… murió por desobedecerlo.

Llevo mis manos hasta mi boca.

—Ellos… ellos saben que tengo una debilidad con Leila. También dijeron que le harían daño.

Eso me sorprendió.

—Pero tú no sigues enamorado de ella ¿No?

—¿Eso que importa? Van a hacerle daño y será por mi culpa ¡Amenazó a mis padres, hermanas! No puedo seguir con la música.




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