Anthony se despierta a las seis de la mañana, una hora antes de lo necesario. Los nervios del primer día no lo dejan dormir más.
Sophie está dormida a su lado, o al menos pretende estarlo. Anthony nota la tensión en sus hombros, la manera en que su respiración no tiene el ritmo lento del sueño profundo.
—¿Estás despierta? —susurra.
Sophie no responde.
Anthony se levanta con cuidado, tratando de no hacer ruido. Se ducha, se afeita, se pone el traje que compró especialmente para este día. Azul marino, corbata gris, zapatos recién lustrados.
Cuando sale del baño, Sophie está sentada en la cama.
—Te levantaste temprano —dice ella.
—Nervios del primer día.
—Vas a estar bien.
—¿Tú crees?
—Eres bueno en lo que haces, Anthony. Van a amarte.
Anthony sonríe, se acerca y la besa en la frente.
—Gracias. ¿Qué vas a hacer hoy?
—Mi madre va a llevar a Alisson al parque. Yo... no sé. Tal vez ayude a ordenar algunas cosas. Tal vez empiece a buscar apartamentos.
—No hay prisa. Tus padres dijeron que podemos quedarnos el tiempo que necesitemos.
—Lo sé. Pero no quiero ser una carga.
Anthony la mira un momento. Sophie se ve cansada, incluso después de dormir. O de intentar dormir.
—¿Estás bien?
—Estoy bien.
—Sophie...
—De verdad. Solo adaptándome. Ve, vas a llegar tarde.
Anthony revisa su reloj. Son las siete. Tiene una hora antes de tener que salir.
—Voy a desayunar algo. ¿Vienes?
—En un minuto.
Baja las escaleras. Irina ya está en la cocina, preparando café.
—Buenos días, Anthony. Te ves muy guapo.
—Gracias, Irina.
—¿Nervioso?
—Un poco.
—Es normal. Primer día en trabajo nuevo. Pero vas a estar bien.
Irina le sirve café y le prepara tostadas con mermelada. Dominick baja unos minutos después, ya vestido para su propio trabajo en construcción.
—Primer día —dice, dándole una palmada en el hombro a Anthony—. Suerte.
—Gracias.
Alisson aparece en pijama, frotándose los ojos.
—¿Por qué están todos despiertos tan temprano?
—Anthony empieza su trabajo nuevo hoy —dice Irina.
—Oh. Buena suerte, Anthony.
—Gracias, pequeña.
Sophie baja finalmente, vestida pero todavía con cara de no haber dormido bien. Se sirve café y se sienta en la mesa sin decir nada.
Anthony termina su desayuno, revisa que tenga todo en su maletín. Documentos, laptop, cuaderno, plumas.
—¿Listo? —pregunta Dominick.
—Creo que sí.
—Entonces ve. No quieres llegar tarde el primer día.
Anthony se despide de todos. Besa a Sophie en la mejilla.
—Nos vemos en la noche.
—Sí. Buena suerte.
Sale de la casa y sube a su auto. El estudio está a veinte minutos en tráfico normal. Anthony decidió salir con cuarenta minutos de anticipación, solo para estar seguro.
Maneja por las calles de Toulouse. Es una ciudad bonita, piensa. Más tranquila que París. Edificios antiguos, plazas con fuentes, árboles en las avenidas.
Llega al estudio a las siete y cuarenta. Demasiado temprano. Se queda en el auto unos minutos, revisando los correos en su teléfono.
A las siete cincuenta decide entrar. Mejor parecer ansioso que llegar justo a tiempo.
El edificio es impresionante. Cuatro pisos de vidrio y acero en el centro de la ciudad. Una placa dorada junto a la entrada dice "Leroy & Associates - Arquitectura y Diseño".
Anthony empuja la puerta de vidrio y entra.
El lobby es moderno y minimalista. Piso de mármol blanco, paredes de vidrio, plantas grandes en macetas de concreto. Hay una recepcionista joven en el mostrador principal.
—Buenos días —dice Anthony—. Soy Anthony Costa. Empiezo hoy.
La recepcionista sonríe.
—¡Ah sí! Bienvenido. La señorita Pereira lo está esperando. Cuarto piso.
—Gracias.
Toma el elevador. Las puertas son de vidrio también, permitiéndole ver la ciudad mientras sube. Toulouse se extiende ante él, tejados rojos y calles angostas.
El cuarto piso es un espacio abierto enorme. Escritorios dispuestos en grupos, cada uno con dos o tres computadoras de pantalla grande. Hay bocetos arquitectónicos en las paredes, maquetas de edificios en mesas de trabajo, plantas colgantes del techo.
Y está casi vacío. Solo hay tres personas.
Una mujer de unos treinta años se acerca. Viste un traje negro impecable, cabello oscuro recogido en un moño perfecto.
—¿Señor Costa?
—Sí. Anthony, por favor.
—Nicolle Pereira. Secretaria ejecutiva. Bienvenido a Leroy & Associates.
Le da la mano. Tiene un apretón firme, profesional.
—Gracias. El lugar es impresionante.
—Lo es. Venga, le muestro su estación de trabajo.
Lo guía a través del espacio abierto. Los escritorios están agrupados por equipos, cada grupo trabajando en diferentes proyectos.
—Este será su equipo —dice Nicolle, señalando un grupo de cuatro escritorios—. Trabajan principalmente en proyectos residenciales de gama alta. Su escritorio es este.
Es un espacio limpio y ordenado. Computadora nueva, dos monitores, cajones vacíos esperando ser llenados.
—Los demás miembros de su equipo llegarán pronto —continúa Nicolle—. Dylan Riviere es su líder de equipo. Luego están Adrien Morel y Nathan Lemaire. Buenos chicos, todos.
—¿Dylan Riviere? ¿Es uno de los socios del estudio?
—Sí. Él y el señor Leroy son amigos desde la universidad.
Nicolle le da un pase de acceso, le explica los códigos de las puertas, le muestra dónde están los baños, la cocina, la sala de conferencias.
—El señor Leroy llega siempre a las nueve en punto —dice—. Le gusta reunirse con los nuevos empleados el primer día. Solo una conversación breve, bienvenida formal.
—Entendido.
—¿Alguna pregunta?
—No por ahora.
—Perfecto. Entonces lo dejo instalarse. Si necesita algo, mi escritorio está allá.
Señala un escritorio cerca de una oficina de vidrio en la esquina. La oficina tiene las persianas cerradas pero Anthony puede ver el nombre en la puerta: "Joseph M. Leroy - Director".
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Editado: 04.06.2026