Volver a empezar

Capítulo 5

Sophie despierta con un nudo en el estómago. Hoy es lunes, el primer día de Alisson en su nueva escuela.

L'École Sainte-Marie. La misma escuela donde Sophie estudió desde los seis hasta los diecisiete años. Los mismos pasillos, las mismas aulas, probablemente muchos de los mismos maestros.

La misma escuela donde probablemente estudia Alessia.

Sophie ha pasado toda la semana intentando no pensar en esa posibilidad. Toulouse es grande. Hay muchas escuelas. Las probabilidades de que Joseph haya elegido exactamente la misma escuela son bajas. Pero no imposibles. Y Sophie nunca ha tenido buena suerte con las probabilidades.

—¿Mamá? —Alisson está parada en la puerta del cuarto de huéspedes, ya vestida con su nuevo uniforme escolar. Falda azul marino, blusa blanca, suéter gris con el escudo de la escuela bordado en el pecho.

Sophie se sienta en la cama.

—Te ves muy bonita, cariño.

—Estoy nerviosa.

—Es normal. Primer día en escuela nueva.

—¿Y si no le caigo bien a nadie?

—Les vas a caer bien. Eres inteligente, divertida y amable. ¿Cómo no les ibas a caer bien?

Alisson se sienta en la cama junto a Sophie.

—¿Tú ibas a esta escuela?

—Sí.

—¿Te gustaba?

—Sí. Hice buenos amigos ahí.

—¿Todavía viven aquí? ¿Tus amigos?

Sophie piensa en las personas con las que fue a la escuela. No ha mantenido contacto con nadie excepto...

—No lo sé. Probablemente algunos sí.

—¿Vas a buscarlos?

—No lo creo.

—¿Por qué no?

—Porque a veces es mejor dejar el pasado en el pasado.

Alisson frunce el ceño, no completamente satisfecha con esa respuesta, pero no insiste.

Anthony aparece en la puerta, ya vestido para el trabajo.

—¿Listas, señoritas?

—Yo la llevo —dice Sophie rápidamente.

Anthony la mira sorprendido.

—Pensé que yo la llevaría. Camino al trabajo.

—Quiero llevarla yo. Su primer día.

Anthony estudia su cara. Sophie puede ver que está tratando de decidir si discutir o no.

—Está bien —dice finalmente—. Entonces yo me voy ya. Tengo una reunión temprano.

Se despide de Alisson con un abrazo, le da un beso en la frente. A Sophie le da un beso rápido en la mejilla.

—Nos vemos en la noche.

Cuando se va, Sophie se apresura a vestirse. Se pone jeans y una blusa simple. Se mira en el espejo. Tiene ojeras. No se ha maquillado desde que llegaron a Toulouse.

—Mamá, ¿estás bien? —pregunta Alisson desde la puerta.

—Estoy bien. Vamos a desayunar.

Bajan a la cocina. Irina ya preparó el desayuno. Tostadas, mermelada, jugo de naranja, fruta fresca.

—¡El gran día! —dice Irina con entusiasmo—. ¿Cómo te sientes, mon coeur?

—Nerviosa —admite Alisson.

—Es completamente normal. Pero vas a estar bien. Eres una niña maravillosa. Vas a hacer muchos amigos.

Dominick baja, ya vestido para su trabajo.

—Primera día de escuela —dice, revolviéndole el cabello a Alisson—. Importante.

—Sí, abuelo.

—¿Sabes qué es lo más importante del primer día?

—¿Qué?

—Ser tú misma. No trates de ser alguien más para caerle bien a la gente. Los verdaderos amigos te van a querer por quien eres.

Alisson asiente seriamente.

—Voy a ser yo misma.

—Buena niña.

Sophie apenas puede comer. Mueve la comida por su plato, toma sorbos pequeños de café.

Irina la observa con preocupación pero no dice nada frente a Alisson.

A las ocho menos diez, Sophie agarra las llaves del auto de su padre.

—¿Lista?

—¡Lista!

Alisson abraza a sus abuelos. Irina le acomoda el cabello, le da un beso en la frente.

—Pórtate bien. Presta atención en clase.

—Lo haré.

—Y diviértete.

—También haré eso.

Sophie y Alisson salen de la casa. El auto está estacionado en la entrada. Es un modelo viejo, nada especial, pero funciona.

Alisson se sube atrás, se abrocha el cinturón.

Sophie arranca el auto. Tiene las manos temblorosas en el volante.

La escuela está a diez minutos de la casa. Sophie ha manejado esta ruta mil veces en su vida. Conoce cada semáforo, cada esquina.

—Mamá —dice Alisson desde atrás.

—¿Sí?

—¿Por qué estás tan nerviosa?

—No estoy nerviosa.

—Sí lo estás. Estás apretando el volante muy fuerte. Como cuando manejábamos de París para acá.

Sophie afloja su agarre.

—Solo quiero que tu primer día sea bueno.

—Va a ser bueno.

—¿Cómo estás tan segura?

—Porque tú ibas a esta escuela y dijiste que te gustaba. Entonces a mí también me va a gustar.

Sophie sonríe a pesar de sus nervios.

—Esa es buena lógica.

Llegan a la escuela a las ocho. Es un edificio grande de piedra, con ventanas altas y un patio frontal enorme. Hay niños por todas partes, corriendo, riendo, jugando.

Sophie estaciona el auto. Se queda sentada un momento, mirando el edificio.

—¿Mamá?

—Ya voy.

Salen del auto. Sophie toma la mano de Alisson. Caminan hacia la entrada principal.

Otros padres están dejando a sus hijos. Sophie reconoce algunos rostros. Personas con las que fue a la escuela, ahora adultos con sus propios hijos.

Nadie la reconoce a ella. O si la reconocen, no dicen nada.

Entran al edificio. Huele exactamente como Sophie lo recuerda. A tiza y a libros y a ese olor particular que tienen todas las escuelas.

La oficina principal está a la izquierda. Sophie entra con Alisson.

La secretaria es nueva, no alguien que Sophie reconozca.

—Buenos días. Venimos a registrar a Alisson Roussel. Es su primer día.

La secretaria revisa su computadora.

—Ah sí, aquí está. Segundo grado, Madame Laurent. Un momento.

Busca en unos archiveros, saca una carpeta.

—Aquí está toda la información. Su salón está en el segundo piso, número doscientos tres. ¿Quieren que alguien las acompañe?

—No, gracias. Conozco el camino.

Suben las escaleras. Sophie recuerda cada escalón. A mitad de camino hay una ventana grande que da al patio trasero. Sophie solía sentarse ahí a leer durante los recreos cuando quería estar sola.




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