Tres semanas después del primer día de escuela.
Anthony despierta a las seis y media de la mañana, como todos los días desde que llegaron a Toulouse. Su rutina se ha establecido con precisión militar: ducharse en quince minutos, vestirse en diez, bajar a preparar el desayuno mientras Sophie todavía duerme o finge dormir.
Esta mañana es viernes. El último día de la semana laboral. El día que Anthony ha designado como "noche de película" con Alisson, su tercer viernes intentando crear una tradición, un vínculo, algo que los haga sentir como familia.
Baja las escaleras silenciosamente. Irina ya está en la cocina, como siempre. Anthony a veces se pregunta si la mujer duerme alguna vez.
—Buenos días, Anthony.
—Buenos días, Irina.
—¿Café?
—Por favor.
Irina le sirve una taza humeante. Anthony se sienta en la mesa, revisa su teléfono por costumbre. Correos del trabajo, recordatorios de reuniones, mensajes del grupo de WhatsApp del estudio.
—¿Cómo va todo en el trabajo? —pregunta Irina mientras mezcla masa para panqueques.
—Bien. Muy bien. Dylan está satisfecho con mi progreso en el proyecto residencial.
—Eso es maravilloso.
—Sí. El equipo es bueno. Todos son profesionales.
Anthony no menciona a Joseph. Nunca lo hace cuando habla con Irina. Hay algo en la forma en que ella se tensa cuando escucha ese nombre que le dice que hay una historia ahí, pero Anthony no pregunta. Tiene suficientes problemas propios.
Alisson baja a las siete en punto, ya vestida con su uniforme escolar. Su cabello rubio ondulado está peinado en dos trenzas perfectas que ella misma se hace ahora. A Sophie le tomó semanas enseñarle, pero Alisson es persistente.
—Buenos días —dice Alisson, sentándose en su lugar habitual.
—Buenos días, mon cœur —dice Irina, poniéndole un plato de panqueques enfrente.
—Buenos días, Alisson —dice Anthony con una sonrisa.
—Hola, Anthony.
No "buenos días". No una sonrisa de vuelta. Solo un saludo educado, neutral, del tipo que darías a un conocido amable pero no a alguien cercano.
Anthony ha notado esto. Lleva meses de rutina diaria y Alisson sigue siendo educada pero distante. Nunca grosera, nunca quejándose, pero tampoco cálida. Es como si hubiera una pared invisible entre ellos que Anthony puede ver pero no puede atravesar.
—¿Lista para el examen de matemáticas? —pregunta Anthony mientras Alisson come.
—Sí. Estudié con Alessia ayer.
—¿Alessia es buena en matemáticas?
—Sí. Es buena en todo. Como yo.
Alisson dice esto sin presunción, solo como un hecho. Ella y Alessia son buenas en las mismas cosas, malas en las mismas cosas, les gustan las mismas cosas.
—Suena como una buena amiga.
—Es mi mejor amiga.
—¿Mejor que tus amigas en París?
Alisson considera esto mientras mastica un pedazo de panqueque.
—Sí. Alessia es... diferente. Es como si la conociera de toda mi vida aunque solo han pasado tres semanas.
—Eso es especial.
—Sí.
Silencio otra vez. Alisson come. Anthony bebe su café. Irina cocina más panqueques aunque nadie los ha pedido.
—Oye, Alisson —dice Anthony, tratando de sonar casual—. ¿Recuerdas que hoy es viernes?
—Sí.
—¿Sabes qué significa?
—¿Noche de película?
Anthony sonríe.
—Exacto. ¿Qué quieres ver esta semana?
Alisson se encoge de hombros.
—No sé. Tú puedes elegir.
—No, no. Es tu elección. Siempre es tu elección.
—Entonces... ¿tal vez esa de los animales que hablan?
—Perfecto. La busco en la tarde.
—Está bien.
Alisson termina su desayuno, se levanta y lleva su plato al fregadero sin que nadie se lo pida. Es una niña bien educada, ordenada, responsable. Pero distante. Siempre distante con Anthony.
Sophie baja a las siete y media, justo cuando Anthony y Alisson están por salir. Lleva puesta una bata, el cabello pelirrojo despeinado, ojeras profundas bajo los ojos.
—Buenos días —murmura, yendo directamente a la cafetera.
—Buenos días —responde Anthony.
Sophie mira a Alisson.
—¿Lista para la escuela, cariño?
—Sí, mamá.
—¿Tienes todo?
—Sí.
—¿Segura? ¿El proyecto de ciencias?
—Sí, mamá. Está en mi mochila.
Sophie asiente, bebe su café sin realmente mirar a nadie.
Anthony ha notado esto también. Sophie está cada vez más ausente. Físicamente presente pero mentalmente en otro lugar. En las noches se acuesta de espaldas a él. En las mañanas se levanta tarde. Durante el día, cuando Anthony llega del trabajo, está callada, distante.
Como Alisson. Madre e hija, ambas manteniendo a Anthony a distancia.
—Nos vamos —dice Anthony, agarrando sus llaves.
—Adiós, mamá —dice Alisson, dándole un abrazo rápido a Sophie.
—Adiós, cariño. Pórtate bien.
—Siempre me porto bien.
Sophie casi sonríe. Casi.
Anthony y Alisson salen de la casa. El auto de Anthony, un sedán rojo modesto, está estacionado en la calle.
El viaje a la escuela toma diez minutos. Durante los primeros días, Anthony intentaba llenar el silencio con conversación. Ahora ha aprendido que Alisson prefiere la paz, así que solo pone música baja en la radio. Pero hoy, Anthony intenta otra vez.
—¿Cómo van las cosas con Alessia?
—Bien.
—¿Todavía son las mejores amigas?
—Sí.
—Eso es bueno. Es importante tener buenos amigos.
—Sí.
—¿Hacen cosas juntas fuera de la escuela?
—No
—¿Y sus papás?
—Su papá trabaja mucho. Como tú. Y su mamá... no sé. Alessia no habla de su mamá.
Anthony siente curiosidad pero no presiona.
—¿Y tiene hermanos?
—Sí, un hermano que tiene cinco años. Dice que es tímido pero lindo.
—Suena como una buena familia.
—Sí.
Llegan a la escuela. Anthony estaciona en la zona de descenso.
—Aquí estamos.
—Gracias, Anthony.
—De nada. ¿Te recojo a las tres?
#3314 en Novela romántica
#148 en Joven Adulto
reecuentro, segundas oportunidades drama, familia reconstruida
Editado: 01.07.2026