Volver a empezar

Capítulo 9

Sophie lleva exactamente dos semanas trabajando en la Clínica Saint-Michel cuando ve a su hija por primera vez en siete años.

Bueno, a una de sus hijas.

La clínica es un lugar pequeño pero bien establecido en el centro de Toulouse. Tres médicos, dos enfermeras, y Sophie como recepcionista. El trabajo es simple: agendar citas, recibir pacientes, manejar archivos, contestar teléfonos.

Es exactamente el tipo de trabajo que Sophie necesitaba. Algo que no requiere mucho pensamiento. Algo que la mantiene ocupada durante el día para no tener que pensar en todo lo que está evitando.

Ha establecido una rutina. Llega a las ocho de la mañana. Organiza los archivos del día. Prepara el café para los doctores. Revisa el calendario de citas.

Esta mañana empieza como todas las demás. Sophie llegó temprano, preparó todo, se sentó en su escritorio de recepción con una taza de café tibio.

La sala de espera está vacía todavía. La primera cita es a las ocho y media.

Sophie revisa su teléfono. Un mensaje de Irina preguntando si necesita que recoja a Alisson de la escuela hoy. Sophie responde que sí. Otro mensaje de Anthony diciendo que trabajará hasta tarde.

Sophie responde con un simple "Ok" a ambos.

Deja su teléfono y mira la puerta de entrada.

Son las ocho y veinte. Diez minutos antes de la primera cita oficial.

La puerta se abre.

Entra una mujer joven, tal vez de veintiseis o veintisiete años. Cabello castaño oscuro, complexión delgada, vestida con jeans y una sudadera casual. Lleva de la mano a un niño pequeño que claramente no se siente bien.

Y detrás de ellos viene una niña.

Sophie siente como si todo el aire hubiera sido succionado de la habitación.

La niña tiene cabello rubio ondulado amarrado en una cola de caballo. Ojos azules brillantes. Lleva puesto un uniforme escolar que Sophie reconoce inmediatamente: L'École Sainte-Marie.

Es Alisson.

Pero no puede ser Alisson porque Alisson está en la escuela en este momento.

Lo cual significa que es...

—Buenos días —dice la mujer joven, acercándose al escritorio—. No tenemos cita pero Matthew tiene dolor de estómago y pensé que deberíamos venir.

Sophie no puede hablar. No puede apartar los ojos de la niña.

La mujer sigue hablando.

—Soy Daniela. Su padre dijo que si pasaba algo los trajera aquí.

Alessia.

Sophie finalmente encuentra su voz.

—Sí, claro. Déjame... déjame ver si algún doctor puede verlos.

Se levanta de su silla con piernas temblorosas. Camina hacia la oficina del Dr. Moreau, el pediatra de la clínica.

Toca la puerta.

—¿Doctor? Hay un niño sin cita. Dolor de estómago.

El Dr. Moreau, un hombre de sesenta años con lentes de lectura perpetuamente en la punta de su nariz, levanta la vista.

—¿Qué tan urgente parece?

—El niño se ve incómodo. No sé si es urgente pero...

—Está bien. Que pase. Tengo diez minutos antes de mi primera cita.

—Gracias.

Sophie regresa a la recepción. Daniela está sentada con Matthew en su regazo. Alessia está explorando la sala de espera, mirando los pósters en las paredes sobre lavado de manos y nutrición saludable.

—El doctor puede verlos ahora —dice Sophie, su voz apenas estable.

—Oh, qué bien. Gracias.

Daniela se levanta, cargando a Matthew. Alessia las sigue.

—¿Vienes, Alessia? —pregunta Daniela.

—¿Puedo quedarme aquí? —pregunta la niña—. No me gustan los doctores.

Daniela mira a Sophie con disculpa.

—¿Está bien si se queda aquí un momento? Solo serán unos minutos.

Sophie debería decir que no. Debería decir que es contra las políticas. Debería decir cualquier cosa.

Pero lo que dice es:

—Claro. No hay problema.

—Gracias. Alessia, pórtate bien. No toques nada.

—Sí, Daniela.

Daniela y Matthew entran al consultorio. La puerta se cierra.

Sophie y Alessia quedan solas en la recepción.

Sophie se sienta lentamente en su silla. No puede dejar de mirar a la niña.

Alessia está parada junto a la ventana ahora, mirando hacia la calle. Balanceándose sobre sus talones.

Es Alisson. Es exactamente Alisson.

El mismo cabello que Sophie peinó mil veces cuando era bebé. Los mismos ojos que la miraron cuando dijo sus primeras palabras. La misma nariz, la misma boca, las mismas manos pequeñas.

—¿Cómo te llamas? —pregunta Sophie antes de poder detenerse.

Alessia se voltea.

—Alessia.

—Es un nombre bonito.

—Gracias. Mi papá lo eligió.

Sophie siente algo apretarse en su pecho.

—¿Tu papá?

—Sí. Dijo que quería un nombre que empezara con A.

Sophie tiene que agarrarse del escritorio.

—¿Y... y te gusta tu nombre?

—Sí. Aunque a veces la gente me llama Ale. O Sia. Pero prefiero Alessia completo.

—¿Alessia completo?

—Sí. Alessia Sophie

Sophie siente como si le hubieran dado un puñetazo.

—Ese es un nombre muy bonito —logra decir Sophie.

—Gracias. Mi segundo nombre es como mi... —Alessia se detiene, frunciendo el ceño—. Bueno, mi papá dice que es en honor a alguien importante. Pero no me dice quién.

Sophie siente lágrimas amenazando con caer pero las contiene.

—Estoy segura de que era alguien muy especial.

—Sí, supongo.

Alessia vuelve a mirar por la ventana. Sophie la observa.

Siete años. Han pasado siete años desde la última vez que vio a esta niña.

Y Alessia no tiene idea de quién es Sophie.

¿Por qué habría de saberlo? Tenía un año cuando Sophie se fue. No hay manera de que la recuerde.

La puerta del consultorio se abre. Daniela sale con Matthew.

—Bueno, el doctor dice que probablemente es algo que comió. Nada grave. Dice que tiene que tomar mucha agua y descansar.

—Qué bueno que no es nada serio —dice Sophie automáticamente.

—Sí. Gracias por recibirnos sin cita.

—De nada.

Daniela toma la mano de Matthew. Alessia se acerca a ellos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.