Joseph está en la cocina preparando la cena cuando Alessia entra corriendo, su mochila todavía colgando de un hombro.
—¡Papá!
—Hola, princesa. ¿Cómo estuvo la escuela?
—¡Bien! Papá, ¿puedo preguntarte algo?
Joseph deja el cuchillo que estaba usando para cortar verduras.
—Claro. ¿Qué pasa?
Alessia sube a una de las sillas de la cocina, balanceando las piernas.
—¿Puedo invitar amigos a la casa mañana?
—¿Mañana es sábado?
—Sí. Quiero hacer una reunión. Como las que tienen otros niños de la escuela.
—¿Una reunión?
—Sí. Con juegos y comida y la piscina.
Joseph considera esto. Alessia rara vez pide cosas. Es una niña independiente, tranquila, no muy dada a los caprichos.
—¿Cuántos amigos?
—No muchos. Solo mis mejores amigos.
—¿Cuántos son tus mejores amigos?
Alessia cuenta con los dedos.
—Oliver, Luke, Ashley, Chelsea, y Alisson.
Joseph se queda muy quieto cuando escucha el último nombre.
—¿Alisson?
—Sí. Es mi mejor amiga. Ya te conté de ella.
—Sí, me contaste.
—Entonces ¿puedo invitarlos?
Joseph mira a su hija. Sus ojos azules brillantes, llenos de esperanza.
Debería decir que no. Debería inventar una excusa. Debería evitar esta situación completamente.
Pero no puede decirle que no a Alessia. Nunca ha podido.
—¿Mañana? —pregunta finalmente.
—¡Sí! ¿En la tarde?
—¿A qué hora?
—¿A las tres?
Joseph mira hacia la sala donde Daniela está ayudando a Matthew con un rompecabezas.
—Daniela, ¿puedes venir un momento?
Daniela entra a la cocina.
—¿Sí?
—Alessia quiere organizar una reunión con amigos mañana. ¿Puedes estar pendiente?
Daniela mira a Alessia con una sonrisa.
—Claro. ¿Cuántos niños?
—Seis —dice Alessia—. Bueno, cinco más yo. Seis en total.
—Perfecto. No es problema.
—¿Segura? —pregunta Joseph—. Es tu día libre.
—Está bien. Me quedaré. Además, Matthew puede jugar con ellos también.
Matthew aparece en la puerta, sosteniendo una pieza de rompecabezas.
—¿Vienen amigos de Alessia?
—Sí —dice Alessia—. ¿Quieres jugar con nosotros?
—¿Puedo?
—Claro. Siempre y cuando no seas molesto.
—No seré molesto.
—Está decidido entonces —dice Joseph—. Mañana a las tres.
Alessia salta de la silla y abraza a Joseph.
—¡Gracias, papá!
—De nada, princesa.
—Voy a mandarles mensaje a todos ahora mismo.
Alessia corre hacia las escaleras. Joseph escucha sus pasos subiendo a su cuarto.
Daniela lo mira con curiosidad.
—¿Estás bien?
—Sí. ¿Por qué?
—Te pusiste un poco pálido cuando Alessia mencionó a Alisson.
Joseph vuelve a cortar las verduras.
—Estoy bien.
—Joseph...
—De verdad, estoy bien.
Daniela no insiste pero la mirada que le da dice que no le cree.
Esa noche, después de acostar a los niños, Joseph se sienta en la terraza de atrás con un vaso de whisky.
Mañana Alisson estará en su casa.
Su hija. La que no ha visto desde que tenía un año.
La que se llevó Sophie.
Joseph toma un sorbo largo de su bebida.
No sabe cómo se supone que se sienta al respecto.
♡♡
Joseph despierta a las siete, como siempre. Alessia ya está despierta, sentada en la cocina comiendo cereal.
—Buenos días, papá.
—Buenos días. ¿Por qué estás despierta tan temprano?
—Estoy emocionada por hoy.
—Ya veo.
—¿Podemos comprar botanas? Y tal vez hacer limonada.
—Claro. Después del desayuno vamos al supermercado.
—¡Sí!
Matthew baja unos minutos después, todavía en pijama, frotándose los ojos.
—¿Ya es hora de los amigos?
—No hasta las tres —dice Alessia—. Todavía faltan horas.
—Oh.
Joseph prepara desayuno para todos. Panqueques, fruta, jugo de naranja. Comen juntos en la mesa de la cocina, Alessia hablando sin parar sobre lo que van a hacer en la tarde.
—Podemos nadar en la piscina y jugar en el jardín y tal vez hacer un concurso de algo.
—¿Un concurso de qué? —pregunta Matthew.
—No sé todavía. Lo decidiré cuando lleguen todos.
Después del desayuno, Joseph lleva a Alessia y Matthew al supermercado. Alessia elige papas fritas, galletas, chocolates, chicles.
—¿No crees que es demasiada azúcar? —pregunta Joseph.
—Es una fiesta, papá. Se supone que debe haber azúcar.
—Punto válido.
De regreso en casa, Daniela ya llegó. Está en la cocina preparando limonada como Alessia pidió.
—Llegaron justo a tiempo —dice—. ¿Compraron todo?
—Y más —dice Joseph, poniendo las bolsas en la mesa.
Daniela revisa las compras.
—Alessia, esto es suficiente comida para veinte niños.
—¿De verdad? —Alessia mira las bolsas—. Bueno, mejor que sobre a que falte.
—Cierto.
Joseph se retira a su oficina en casa. Tiene trabajo que revisar. Planos que estudiar. Pero sabe que es más una excusa para mantenerse ocupado que necesidad real.
A las dos y media, Alessia está visiblemente nerviosa.
—Papá, ¿cómo me veo?
Se cambió tres veces ya. Ahora lleva puesto un traje de baño con shorts encima y una camiseta.
—Te ves perfecta.
—¿Seguro?
—Completamente seguro.
—Está bien.
El timbre suena a las tres en punto exactas.
Alessia corre a la puerta. Es Oliver con su mamá.
—Hola, Alessia.
—Hola, Oliver. Pasa.
La mamá de Oliver saluda a Joseph.
—Gracias por invitar a Oliver.
—No hay problema. ¿A qué hora lo recojo?
—A las seis está bien.
—Perfecto. Nos vemos a las seis.
Cinco minutos después llega Luke con su papá. Misma conversación, mismo acuerdo de recogerlo a las seis.
Luego llega Ashley con su hermana mayor que la trae y se va inmediatamente.
—Mi hermana tiene una cita —explica Ashley—. Mi mamá viene por mí a las seis.
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Editado: 19.09.2026