Volver a empezar

Capítulo 13

Sophie está parada frente al espejo de cuerpo completo en el cuarto de huéspedes de sus padres, mirándose con incertidumbre.

El vestido es hermoso. Azul marino, hasta las rodillas, con un corte elegante que favorece su figura. Lo compró específicamente para esta ocasión hace tres días, gastando más de lo que debería.

Pero quería verse bien. Quería causar la impresión correcta.

Aunque no está segura de por qué le importa tanto.

Su cabello pelirrojo cae en ondas suaves sobre sus hombros. Se maquilló cuidadosamente, algo que rara vez hace. Lleva puestos los aretes de perlas que su abuela le dio.

—Te ves hermosa, cariño —dice Irina desde la puerta.

Sophie se voltea.

—¿De verdad?

—De verdad. Ese vestido es perfecto para ti.

—Gracias.

Irina entra al cuarto, cierra la puerta detrás de ella.

—¿Estás nerviosa?

—Un poco.

—¿Por conocer a los compañeros de Anthony?

Sophie no responde. Ambas saben que no es solo eso.

Anthony le avisó hace una semana, el mismo día que Sophie le contó a Irina sobre el compromiso.

"La boda de mi compañero Adrien es el sábado próximo," había dicho Anthony durante la cena. "Vas a conocer a mi jefe y al resto del equipo."

Sophie había derramado su café.

—¿Tu jefe?

—Sí. Joseph Leroy. El dueño del estudio. Es buen tipo, un poco serio, pero justo.

Sophie había sentido como si el piso se moviera bajo sus pies.

—¿Joseph va a estar ahí?

—Claro. Es el padrino. ¿Por qué?

—Solo... solo preguntaba.

Ahora, una semana después, Sophie está a minutos de ver a Joseph por primera vez en siete años.

Y no tiene idea de cómo va a reaccionar.

—¿Sophie? —dice Irina—. ¿Estás segura de que quieres ir?

—Tengo que ir. Anthony espera que vaya. Sería extraño si no fuera.

—Podrías decir que te sientes mal.

—No voy a mentir.

—Ya estás mintiendo. Llevas semanas mintiendo.

Sophie cierra los ojos.

—Lo sé, mamá. Pero después de hoy... después de hoy voy a arreglar todo. Voy a hablar con Joseph. Voy a decirle a Anthony la verdad. Lo prometo.

—¿Lo prometes de verdad esta vez?

—Sí.

Irina no se ve convencida pero asiente.

—Está bien. Pero Sophie, ten cuidado. Esto podría explotar de formas que no esperas.

—Lo sé.

Anthony toca la puerta.

—¿Sophie? ¿Estás lista? Tenemos que irnos.

Sophie toma una respiración profunda.

—Sí. Ya voy.

Irina le aprieta la mano.

—Buena suerte.

—Gracias.

Sophie sale del cuarto. Anthony está esperando en el pasillo, vestido con un traje gris oscuro que Sophie no le había visto antes. Se ve bien.

—Te ves hermosa —dice Anthony.

—Gracias. Tú también te ves bien.

—¿Lista?

—Lista.

Bajan las escaleras. Alisson está en la sala viendo televisión con Dominick.

—Adiós, mamá —dice Alisson sin apartar los ojos de la pantalla.

—Adiós, cariño. Pórtate bien.

—Siempre me porto bien.

Sophie casi sonríe.

Salen de la casa. El auto de Anthony, el sedán rojo, está estacionado en la entrada.

El viaje a la boda toma veinte minutos. Es en un salón de eventos elegante en las afueras de Toulouse, con jardines extensos y una fuente en la entrada.

—Guau —dice Sophie cuando llegan—. Esto es... elegante.

—Sí. Camille quería algo especial. Su familia tiene dinero.

—Ya veo.

Estacionan. Sophie puede ver otros autos llegando. Parejas bien vestidas saliendo de autos y camionetas.

Sophie siente su corazón acelerarse.

Joseph está aquí. En algún lugar entre toda esta gente.

Y en cuestión de minutos, lo verá.

—¿Estás bien? —pregunta Anthony—. Te pusiste pálida.

—Estoy bien. Solo un poco nerviosa por conocer a tanta gente nueva.

—No te preocupes. Todos son amables. Bueno, Joseph es un poco intimidante al principio, pero es buen tipo cuando lo conoces.

Sophie casi se ríe. Intimidante. Joseph nunca fue intimidante con ella. Fue dulce, cariñoso, completamente enamorado.

O al menos lo fue. Hace mucho tiempo.

Entran al salón. Es hermoso. Techos altos, candelabros de cristal, decoraciones en blanco y dorado. Hay mesas redondas dispuestas alrededor de una pista de baile, cada una con centros de flores blancas. Ya hay gente sentada.

Anthony la guía hacia una mesa cerca del frente.

—Esta es nuestra mesa. Están los nombres aquí.

Sophie mira los pequeños carteles en cada plato. "Anthony Costa" y "Sophie Roussel" uno al lado del otro.

Hay otros nombres también. Nathan Lemaire y Rosalie Chevalier. Antonella Lemaire.

—Nathan es otro arquitecto del estudio —explica Anthony—. Y Rosalie es su novia. Antonella es su hermana.

—Está bien.

Se sientan. La mesa todavía está vacía excepto por ellos.

Sophie mira alrededor del salón con cuidado, buscando.

Y entonces lo ve.

Bueno, no lo ve a él directamente. Ve a Dylan.

Dylan Riviere. El mejor amigo de Joseph. Y amigo de ella.

Está del otro lado del salón, hablando con una mujer rubia que debe ser su esposa. Lleva un bebé en brazos.

Sophie siente algo apretarse en su pecho. Dylan. No lo ha visto en siete años tampoco.

Se pregunta si la reconocerá.

Como si lo hubiera invocado, Dylan voltea. Mira directamente hacia ella.

Sophie ve el momento exacto en que la reconoce. Sus ojos se amplían. Su boca se abre levemente.

Se queda completamente inmóvil por tres segundos completos.

Luego le pasa el bebé a su esposa y empieza a caminar hacia la mesa de Sophie.

No. No camina. Prácticamente corre.

—No puede ser —dice Dylan en voz alta, lo suficientemente alto para que varias personas volteen—. No puede ser.

La mujer rubia lo mira.

—¿Dylan? ¿Qué pasa?

Dylan no responde. Llega a la mesa de Sophie y la levanta de su silla en un abrazo tan fuerte que casi le saca el aire.




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