Volver a ti

Capitulo Dos | Amor Eterno

El tintineo de las llaves de la puerta principal las sacó de la conversación que estaban manteniendo, el niño se levantó de su silla para ir corriendo hasta la entrada donde un hombre alto lo recibía con los brazos abiertos. Entiendo por qué dice que aún les falta algo para ser la familia que quieren a pesar de que puedan amar a su sobrino al final el niño tiene a su propia familia, con unos padres que seguro los aman mucho y que no deben de tardar en pasar a recogerlo.

—Hola, Max, amor. —saludó el hombre despeinándolo un poco y sonriendo a su esposa. —Hola, Amanda.

—Hola. —respondió analizando su rosto, lo conocía de algún lado, su mente se lo decía pero en el momento no podía recordar… pasó demasiado tiempo fuera del pueblo.

—Tío, ¿viste nuestra nueva amiga? La conseguimos en el supermercado cuando fuimos con la tía, vive aquí cerca y no puede entrar a su casa porque botó las llaves pero no importa, se puede quedar aquí o en casa ¿sí? —se quedó mirando con ojitos de quien no rompe un plato, aunque con esa carita dudaba que el niño fuera capaz de hacer maldades.

—No lo sé Max, eso lo decidirán ella y tu tía, de todas maneras iré a ducharme para ver qué podemos hacer con la cerradura de tu casa. —aclaró, mirándola y yendo escaleras arriba.

La realidad era que ella no tenía prisa por entrar a esa casa, tenía años sin ir así que seguro había mucho que hacer para ella y si era sincera consigo misma, no quería ver lo vacía que estaba, ni despertar todos los recuerdos bonitos que tenía de allí.

—No pareces muy entusiasmada con la idea de estar aquí, supongo que no es fácil volver a un lugar vacío.

La miró, asintiendo.

—La verdad es que no vine por gusto, lo hice más huyendo de la realidad en que se convirtió mi vida, me sentía… sola, a pesar de estar acompañada y, vacía, a pesar de haber alcanzado todas las metas que vi lejanas un día.

Era cierto, pero una cosa era pensarlo y otra admitírselo a otra persona, se sentía como un fracaso, quizá no laboralmente, porque logró más de lo que deseaba, pero personalmente era un desastre, prueba de eso era lo que la había hecho salir huyendo de su propio departamento y además el miedo que sentía a ingresar a una casa que físicamente no podía hacerle ningún daño, todo estaba en su mente.

Pero la realidad que un duelo no es algo fácil de afrontar ni de sobrellevar, hay días buenos y días malos pero también hay días normales, estables, que son donde más quisiera que estuviera acá conmigo, esos son los días que más me pesan en el alma.

Y llorar, llorar nunca resolvía nada, llorar nunca fue una solución, pero extrañamente para ella que no se permitía llorar a menudo, esa tarde en el cementerio se sintió más liberadora que todas las conversaciones que tuvo con sus allegados, incluso más que las sesiones de terapia que pagó con su psicólogo.

—La vida no es fácil, en ninguna de sus etapas. —quejó mirando a su sobrino que se veía cansado, no durmió la siesta de la tarde.

—O quizá solo con la edad nos volvemos más amargados y complicados. —Intentó bromear, era algo que le decían seguido y aunque ella no sentía que fuera así, se le quedó grabado inconscientemente.

Tomó al niño y lo acomodó para que su cabeza quedara sobre su pierna, se estaba quedando dormido a su lado. Acariciaba su cabello viéndolo, quisiera tener esa paz y tranquilidad que él le transmitía, no se le hacía fácil convivir con niños pero Maximiliano, ese niño era un ángel en la tierra a simple vista.

—¿Estás bien? No había querido preguntar porque entiendo que sea un tema que te incomoda pero, ¿segura que puedes pasar la noche en tu casa? Puedes quedarte acá si quieres porque imagino que es un golpe duro venir después de tanto tiempo, claro, si quieres.

Respiró profundo y se aireó el rostro, creyó que había disimulado bien. Aparentemente es obvio que no se encuentra en su mejor momento emocional, que tonta.

—Intentaré dormir allá hoy, he dejado estar esto durante demasiado tiempo, ni siquiera recogí la casa cuando todo pasó, me fui del entierro directamente, no quería lidiar con todo el sentimentalismo que implica pero al final eso solo hizo que acumulara todo lo que tenía por dentro y ayer…

—Puedes contarme cuando te sientas lista, —apretó su mano, al notarla dudosa. —Aquí tienes una amiga.

No supo que responder pero escuchar esas palabras le dio un poco de tranquilidad, no quería lidiar con todo aquello completamente sola, ya la vida le había demostrado que su dolor, su tristeza, no le importaban a nadie más que a ella misma. Y fue demasiado duro aceptar esa realidad.

—Perder a mi padre ha sido el dolor más grande con el que he tenido que vivir, trabajo aprender a hacerlo, en aceptar que ya no está, solo que, quizá aún no soy lo suficiente madura para manejarlo.

Hugo se sentó en el mueble que quedaba frente a ellas, observándolas, obviamente había escuchado lo anterior.

—El dolor de la pérdida no se maneja, es imposible que puedas manejar tus sentimientos, debes aprender a vivir con ellos. Yo perdí a mi hermana hace unos años, ella se fue, no murió, se fue por su propio pie sin darnos explicaciones, sé que no es lo mismo por lo que estás pasando pero se aproxima un poco, solo aprendes a vivir con el sentimiento de pérdida. —sirvió café para los tres. —Abraza lo bueno y deja ir lo demás. No soy bueno consolando o dando palabras de aliento pero te digo algo que me repito todos los días cuando veo a mi sobrino.




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