Miraba al techo sin poder dormir, a pesar de estar sobre su cama, en la que fue su habitación y lugar seguro durante tantos años, no podía dormir. Creí que el trajín del día me dejaría agotada. Pero ya veía que no, su cerebro no dejaba de darle vueltas a todo lo vivido los últimos dos días ni a la nueva información que había obtenido antes.
Volver a su casa, esa que por tanto tiempo fue su verdadero hogar y hoy solo le recordaba lo que no volvería a ser, nunca fue con el objetivo de descubrir algún secreto que tuviera su padre, lo hizo más bien en un profundo acto de dolor y desesperación, en un intento de redescubrirse luego de sentirse tan perdida y sola en sí misma.
¿Qué más me ocultaste papá? Quería, o más bien rogaba en lo profundo de su corazón, que no hubiera nada más porque ella podría entender que no le haya dicho que estaba enfermo, incluso aceptarlo, la realidad era que ella no sabía lo que lo llevó a guardarse algo así pero si ella hubiera estado en su lugar, tampoco querría preocuparlo. Claro está, esto lo pensaba desde su lógica, desde un punto adulto pero la otra mitad de ella, esa que era más hija y humana, lo reprochaba. Y es que, ¿quién querría pasar por un proceso tan doloroso, completamente solo? La respuesta era clara, el terco de su padre.
Quizá no debí quedarme aquí, tal vez ni siquiera debí venir. Acarició el borde de su pijama, nunca odió tanto la soledad como ese día. Debería haber aceptado quedarme con Luisa, si no hubiera sido por ese tipo… La verdad era que tuvo un lapsus luego de las palabras del hombre, que le afectaron más de lo que quisiera aceptar y decidió que lo mejor era irse.
—¿De repente a la señora le nacieron sentimientos? Porque antes no parecía que los tuviera.
No quiso caer en su juego así que se dirigió hacia el baño, necesitaba lavarse la cara, aclarar su mente un momento, digerir la información. Cerró la puerta, apoyándose en la misma, sintió que el aire se hizo espeso de repente. ¿Por qué hace tanto calor aquí? Estaba sudando mucho y muy de repente. Respira, cálmate. Se regañó, no debía darle el gusto de alterarla con unas simples palabras. Debes investigar primero, no es posible que todo sea cierto, debe haber información. Sentada en el suelo de aquel baño, se sintió patética, un hombre al que no conocía de nada la estaba alterando, y no de buena manera.
No debes darle control sobre ti, no demuestres nada. Sabía en ese momento que se encontraba en total desventaja frente a ese hombre, quien al parecer sabía más acerca de su padre que ella misma y además, tenía algún problema con ella que no le incomodaba exteriorizar. La tomó desprevenida si, esto ya quedó claro antes pero no le permitiría ganar.
Lavándose la cara en el lavabo, se miró al espejo me veo acabada, suspiró, había sido un día de demasiadas emociones.
Mientras ella lidiaba con el montón de emociones en el baño, afuera, llegaban los dueños de la casa a darle las buenas noticias, Hugo había logrado abrir la casa y cambiado la cerradura principal.
—Julián, no avisaste que ya habías llegado.
—Me distraje con su… invitada.
La pareja se miró, volviendo la atención al lugar y notando la ausencia de la mujer, lo cual, después del tono de su cuñado, les alarmó un poco.
—Así que ya la conociste, Amanda es…
—Sé quién es tu querida amiga.
—Espero que no hayas sido grosero con ella. —Hugo pasó por su lado para dejar las herramientas usadas antes en su lugar. —Ha pasado por mucho y lo último que necesita es que alguien que no conoce venga a alterarla.
Asintió en silencio, esperando que la mujer no dijera nada al respecto, total, tampoco le había dicho nada que no fuera verdad.
—No te preocupes, me comporté como todo un caballero.
—Permíteme dudarlo. —acusó Luisa. Conociéndolo, seguramente se aseguró de incomodarla. —Sé lo insoportable que puedes ser.
—Bueno Lu, perdóname si me altero un poco si una completa desconocida me abre tu casa y además esa desconocida parece estar sola con mi hijo.
No pudo decir nada frente a esa acusación, Julián era demasiado exagerado con el cuidado de Max, eso estaba claro, pero en esta ocasión tenía razón, no debió dejarlo solo con alguien que su padre no conocía. Ellos no pensaban que ella fuera capaz de hacerle algo, eso estaba claro, parecía muy inofensiva. Pero eso no debía dar pie a que se tomaran todo tan a la ligera.
No después de tantas malas experiencias.
—Bien, tienes razón en eso.
—Tengo razón en muchas cosas, querida Lu, esta es solo una de esas tantas.
Guardaron silencio al verla dirigirse hacia ellos, la observó, se veía extrañamente diferente, más segura e imponente que un momento atrás, a pesar de que no se había cambiado nada. Lo sabía porque la observó quizá demás.
—¿Si lograron abrir la cerradura? —Esperaba que si, por primera vez en tanto tiempo deseaba volver a ese lugar, ese hombre con todas sus indirectas y acusaciones la tenía nerviosa, no quería dar pie a que pudiera rebajarle más. —Agradezco mucho su apoyo pero no quiero abusar.
—Oh, si. Justo veníamos a decirte, hubo que cambiar la cerradura por una nueva pero solo lo hicimos con la principal, al portón solamente le cortamos el candado así que debes sustituirlo, toma. —Hugo entregó el juego de llaves nuevas.