Volver para encontrarte

Nara

Los médicos, mi familia, todos intentaron detenerme mientras me dirigía a la puerta en busca de Nara. Llegué a recepción.

—Ha visto a mi esposa ¿Nara?. Siempre me trae aquí al hospital.

—Disculpe señor, pero no. No tenemos ningún nombre registro con ese nombre

—¿Qué…?.

Me quedé paralizado, me sentí como una pluma al perder el equilibrio de mi propio cuerpo y caer al luego. No. Nara. Mi madre corrió junto a mi padre para ayudarme a pararme, pero ni siquiera tenía fuerzas.

—Dónde está mamá.

Estaba tan desconcertado, donde se encontraba ella.

—Vicenzo por favor párate, ella…ella no está aquí

—Como que no está aquí ¡Dé que hablas!

Mi vista se desvió a la recepcionista. Ella evitaba mi mirada como si lo que me hubiera dicho era algo preocupando, algo que no debía decir.

—Quiero saber donde está…por favor. —Mi voz estaba a punto de destrozarse en pedazos que iban a caer al vacío. —Porque nadie me respondé.

—Por favor Vicenzo, volvamos a la habitación.

—No quiero volver ¡No lo entiendes!. Solo quiero verla

—Vicenzo…

—No. ¡Quiero verla!

Los médicos me agarraron por detrás, con fuerzas. Aunque ni siquiera intenté defenderme, estaba muy confundido. Débil y me sentía como si todos se hubieran puesto de acuerdo para confundirme. Volvimos a la habitación, mi vista se quedó fija en el techo sin querer aceptar lo que estoy viviendo.

—Hijo…

La voz de mi madre quedó flotando en ella aire sin respuesta alguna de mi parte. Pude escuchar un sollozo, sus pasos acercándose a mí, y yo inmutado sin poder mostrar ninguna expresión.

—siete de febrero del dos mil veintitrés.

—¿Qué?.

—siete de febrero del dos mil veintitrés —Volví a repetírselo. Antes de que mi madre volviera a contestar con una pregunta de confusión, seguí.

—Nació Liam. Mi hijo. Un siete de febrero del dos mil veintitrés.

Todos a mi alrededor quedaron callados, confundidos.

—Hijo…Vicenzo…

—Mi casé un cuatro de abril del dos mil veinte.

Otro silencio, antes de que siga habló la voz dura de mi padre.

—Eso nunca pasó Vicenzo.

Luego de largos minutos mi vista bajó a verlo. Estaba preocupado. Preocupado por mí, todos en general, preocupados de lo que salía de mi boca era pura fantasía o como si todo lo vivido hubiera quedado en mi imaginación.

—Sí pasó. Ustedes fueron junto a Lucas (mi hermano). Todos fueron, les llegó la invitación y asistieron. Tu mamá iba con un vestido rojo. Mipapá con un terno azul y tú…Lucas, tú fuiste vestido de terno blanco, eres el que nos entregó los anillos. Por favor dime que se acuerdan

Lucas desvió su mirada al suelo, como si mirarme fuera un pecado.

—Lucas por favor…dime que lo recuerdas.

—Lo siento.

No dudó de dos segundos, contestando con esa seguridad que me provocará un escalofrío por todo el cuerpo.

—No mientas, si estuviste, tú…

—Nunca he ido a una boda Vicen.

Esta situación comenzaba a parecerme graciosa. Solté una risa que a los pocos segundos se volvió una carcajada.

—Claro que sí Lucas. Mamá estuvo regañandote por manchar tu traje blanco con vino.

Lucas al final levantó la cabeza, mirando con esos ojos avellanas que ahora estaban cubiertos de un color rojo.

—Nunca me pasó eso.

Una vez más reí.

—Sí que pasó. —Y ahora mi tono era más serio.

—Vincen…

—Sí fuiste —Mi voz ahora daba a entender amenaza. Afirmando que sí había estado ahí.

—No sé quién es Nara y menos Liam

—¡BASTA!.

El hospital quedó en shock tras mi gritó. Mi mirada buscó a la de mi mamá.

—Sé que tú te puedes acordar. Recuerdas ¿cómo nació Liam?. el cuatro de del dos mil veinte.

—Fue un sábado normal Vicen.

—¡No!, Nara se estaba preparando junto a su vestido de boda, la estabas ayudando a arreglarse, la acompañaste a todos lados. Al acabar la ceremonía fuimos a…

Mi voz se detuvo. No lo recordaba. No recordaba a donde habíamos ido y eso hizo que mi preocupación aumentara. —Fuimos a….

Nada, no podía recordarlo aunque lo intentase. Me limité a cerrar los ojos, recordando a Nara, su melena color pardo, sus ojos color glauco, el hoyuelo que se posaba en el lado derecho de su mejilla. Su voz…

—Yo…yo sé lo que viví ese día. —Abrí los ojos.

Mi madre se acercó como si quisiera consolarme.

—Escúchame Vincen.

—¡No!, todos ustedes me miran como un maldito loco.

Silencio nuevamente,.

—Dónde está mi anillo.

—Nunca lo has tenido Vicenzo. —esa voz de mi padre, convencido de que tenía razón.

—¡Deja de mentir! —se me escapó un sollozo, me sentía tan impotente.

—Será mejor que descanses un poco Vicen, volvemos en un rato para ver cómo estás ¿si? —Mamá me dió un beso en la frente para luego desaparecer con mi hermano y padre por la culpa, sin antes darme una mirada de lástima. Lo último que escuche fue el suave clic de la puerta.

La puerta se volvió a abrir. El médico

—¿Qué es lo último que recuerdas antes de despertar?

—Ya les dije que…

Antes de poder contestar, el médico interrumpió mi respuesta. —No me refiero a eso. Me refiero a antes del accidente.

—De qué accidente hablas.

—Parece que no lo recuerdas. ¿Qué fue lo último que hiciste con “Nara”?.

—Que…vine al hospital y ya.

—¿Cómo la conociste?.

Estaba a nada de responder cuando…esa misma pregunta me hice yo ¿en qué momento la había conocido?, no tenía ni la menor idea, solo...apareció, así, sin más. Y aunque intentará buscar en todos mis recuerdos no había Nara, nada de ella, nada de como nos conocimos o conectamos, como si mi mente lo hubiera borrado, como si no importara, no existiera.

—Vincenzo, tu familia lleva años esperando que despertaras.

—¿Años?

—Sí.

—¿Cuántos?

—Cuatro años, tu familia ya había perdido la esperanza, decían que si este año no despiertas…bueno, te dejarían ir.




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