Nada me aseguraba que ella estuviera en la misma ciudad que yo, país o continente, pero algo en mí me decía que ella estaba aquí, que tenía que encontrarla.
Caminaba por la ciudad de New York, no tenía un rumbo fijo, pero me fijaba con atención a cada persona, sus gestos, su forma de caminar hasta la forma de moverse. Visitaba lugares, cafeterías.
El proceso fue largo, mi madre comenzó a preocuparse, salió de casa a las siete de la mañana y llegaba a las cinco de la madrugada sin poder encontrar, así durante un mes, hasta podría decir que ya conocía a gran parte de la ciudad y sus horarios.
—¿Todo bien Vicen?.
—Sí.
—Hablé con una de mis amigas y…
—Aún no trabajaré. —miré fijamente a mi madre. Ella ha intentado convencerme que me ponga a trabajar para no pensar tanto en Nara y también para poder colaborar un poco en casa. Entiendo su punto de vista pero…mi cabeza y mis planes no están preparados para un trabajo ahora mismo.
—Vicen…de verdad intento entenderte.
—Ni siquiera lo has intentado, no mientas. —Comenzaba a enfadarme.
—No te estoy diciendo que trajes mañana Vicen, solo que…
—¿Entonces que?. Qué es lo que buscas. —Mi madre soltó un suspiro algo largo, dejó las llaves de casa al lado de la puerta donde se encontraba una mesa. Y se sentó frente a mí.
—Quiero que sigas de tu vida como lo has hecho antes del accidente. No puedes seguir así.
—¿A qué te refieres?. ¿Así COMO?.
—Vicen…
—¡No!, respóndeme, a que te refieres con “no puedes seguir así”, quiero escucharte. —Me acomodé mejor en el sofá, ahora si que era más que una conservación.
—Sé que has pasado por muchas cosas… —Me dió a entender que era un loco.
—No, ni tú ni papá lo entienden, solo fingen hacerlo. Porque yo no recuerdo haber pasado por nada de lo que ustedes mencionan.
—Lo sé.
—¡Deja de mentir! —me levanté del sofá. — Tú, ni papá, ni siquiera Lucas saben lo que es despertar y ver que todo lo que pensé vivir es un completo sueño, y que ¡TODOS USTEDES me tomen por un loco DROGADO!. —Pude ver la expresión de mi madre, nunca antes le había hablado de esa manera y en parte entiendo su reacción, tampoco creí hablarle así a mi madre.
—Aunque no me creas…recuerdo cada cosa de Nara, como se reía, su forma de tratarme, de hablar, caminar, cuando se enfadaba…a Liam. Nuestro hogar. —Las lágrimas me amenazan al salir. —¿Y qué?, ¿quieres que finja que todo lo que viví fue parte de un sueño?, no puedo y eso deberían entenderlo todos en esta casa.
—Lo único que buscamos es que estés bien Vic…
—No, buscan que deje de hablar “incoherencias”, no importa cuánto tiempo pasé, la encontraré. —Mi madre, algo harta de la situación, cerró los ojos por unos segundos.
—Qué pasa si no la encuentras ¿eh?.
Demoré en dar mi respuesta, no quería pensar que esa era una posibilidad aunque lo fuese, porque…simplemente no podía, no podía creer que Nara no hubiera existido y mucho menos que Liam, mi hijo, mi pequeño tesoro no haya nunca estado a mi lado.
—La encontraré —murmuré, sin ganas de poder seguir teniendo esa conversación ahora mismo. Mi madre se levantó y se acercó a mí, intentando tocar mi brazo.
—Vicen, por favor…
—Necesito salir. —No esperé a que contestara. Tomé mi chaqueta y las llaves antes de dirigirme a la puerta sin querer tener nunca más esa charla
—¿A dónde vas?
—No lo sé. —Y era verdad, ya no sabía a dónde más ir. Pero tenía que seguir buscando.
Al salir de casa caminaba por las calles, las personas estaban algo alborotadas porque comenzó a llover algo fuerte, pero ahora mismo eso era lo de menos para mí. Sin pensarlo, antes de voltear a una esquina seguí de frente, algunas personas tropezaban conmigo y hasta mi insultaban como si eso me interesará. Y cuando llegué miré hacía arriba. Estaba igual que la última vez, o parecido.
Me detuve frente a un edificio. Era uno de esos edificios antiguos de ladrillo rojizo, con ventanas grandes y una pequeña entrada que daba directamente a la calle.
Me acerqué lentamente, observando cada detalle. La pequeña grieta junto a la puerta, las escaleras, el buzón que se encontraba a un costado.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—No puede ser…
Sabía que no estaba loco, mi madre nunca podría creerme esto, por fín, había podido recordar un poco y encontrar mi antiguo departamento con Nara.
Saqué el teléfono y revisé las notas que había escrito durante las últimas semanas. Había anotado todo lo que recordaba de ella, incluso los detalles más insignificantes, por miedo de olvidarme de ella, los últimos días había estado algunas cosas de Nara, por ello también la he comenzado a dibujar a ella y a Liam. Como si los recuerdos comenzarán a desvanecerse
El número del edificio coincidía. Me quedé mirando la entrada durante unos segundos antes de subir las escaleras.
Uno.
Dos.
Tres.
Me detuve frente a la puerta, la puerta 234. No sabía qué iba a decirle cuando la viera. Ni siquiera sabía si estaría en casa, los nervios jugaban en mi contra, una parte de mí quería que me reconociera al menos algo. Levanté la mano y toqué el timbre, retrocedí un poco. Escuché pasos.
—¿Sí?, ¿busca a alguien?. —No era Nara, ni se parecía a ninguna de sus amigas. Atrás de la señora pude ver algunas cosas que no eran como las recordaba en mi departamento. El recibidor era distinto. Había un perchero junto a la pared y una pequeña planta sobre un mueble que no recordaba.
—Disculpe, ¿usted vive aquí?.
—Sí, ¿por qué?.
—¿Desde hace mucho?.
—Unos tres años.
tres años…
—Cuando se mudo aquí, hubo alguna pareja, alguna ¿chica?, llamada…¿Nara?. —La mujer parecía confundida con mis respuestas.
—No, la verdad que no, cuando llegué a vivir aquí el departamento estaba desocupado, me parece que durante uno dos meses.
—¿Está segura?.