Volveré, pero tal vez en otra vida

12

Que parezca que no hay nadie en interior,
que las 12 parpadeen en el reloj...

 

Jos y yo nos contentamos. Una reunión en la casa de la abuela para ver la final de Master Chef, basto para olvidar nuestro pleito.

Organizamos una cita doble, desde muy temprano los cuatro estuvimos en un spa. Nos hicimos una linda manicure, pedicura y hasta recibimos un masaje que me acomodo toda la espalda. Fuimos al cine, a comer, a pelearnos como señoras por el precio de unos zapatos y terminamos cerca del muelle bebiendo en la cajuela de la camioneta de Jeremy.

No estábamos ebrios, los cuatro seguíamos conscientes y en cinco sentidos. Lo sabía porque Jeremy se controló para poder llevarnos de regreso a casa, Jos no andaba de mala copa, tú reías con naturalidad y yo no estaba llorando.

─Sin mentir, ¿con quién de los que estamos aquí harían un trío?

De acuerdo, Jos sí había bebido un poco más que los demás. Si no se estaba peleando con alguien, buscaba sacar chisme y verdades para usarlas en tu contra en un momento dado.

─¿La verdad? Con nadie ─fui la primera en responder─. A ti y Jeremy los quiero como si fueran mis hermanos, no podría. Ni siquiera quiero pensarlo y mucho menos imaginarlo.

─Tienes razón, qué asco. ¿Y qué tal un beso de cuatro?

─Uy, yo le entro ─dijo Jeremy, su novio lo miro de forma coqueta.

No hicimos beso de cuatro. Jos y Jeremy se devoraron entre ellos. Por supuesto que no podíamos quedarnos atrás, tu lengua estaba dentro de mi boca y viceversa, de pronto ya estaba sobre ti, lo que reducía el espacio para las muestras de amor.

Jos solicitaba más espacio para estar sobre su hombre, yo necesitaba más espacio para estar sobre el mío. La cajuela de una camioneta no era apta para cuatro chicos que solo pensaban en desnudar a su pareja.

─¿No creen que ya es tarde? ­─dijo Jeremy, en medio de un beso feroz, Jos le susurraba cosas que, sin querer escuche, eran detalles específicos de lo que harían una vez que nos arrumbaran en casa y regresaran a su apartamento.

Tardamos diez minutos para que nuestros labios suplicaran por una pausa. Tenía calor, los cuatro sudábamos y teníamos la cara roja.

Sería otra buena noche.

─Que les parece si antes de irnos, hacemos un brindis ─propuso Jos, llenando los vasos con lo poco que quedaba de la botella─. Hay que hacer una promesa, que el día de nuestras respectivas bodas, nos daremos un beso de cuatro. Lo segundo, que no importe lo que pase, siempre seremos mejores amigos.

─¡Por los besos de cuatro y los mejores amigos! ─alce mi vaso junto al de los demás, bebí todo el contenido en segundos.

La abuela me mataría en cuanto entrara por la puerta y le llegara el olor a no sé cómo se llama esa cosa de tamarindo que sabe estupendamente bien.

Jos agarraba la mano de Jeremy mientras este conducía. Se miraban de una forma única, se sonreían como dos locos amantes. Son mis mejores amigos, diría que mis hermanos de otra madre. Siguen siendo mi soporte, ellos recogieron mis pedazos y me dan motivos para intentarlo de nuevo.

Durante el camino, tus manos me sostenían con fuerza. Miraba por la ventana como las estrellas, la luna y las luces de la ciudad nos perseguían. Mi corazón estaba bien, me sentía en paz. Era feliz. Mi vida tenía sentido. Con In the Ghetto de fondo y mi cuerpo pegado al tuyo, había luz en la oscuridad. No todo estaba tan mal. Muy pronto veríamos el cielo en otro lugar, solo seríamos tú y yo. Nuestro camino se pintó en la misma dirección, todo parecía un sueño, tus labios siempre me confirmaron que lo nuestro era más que amor.

─Te amo, Tate.

Te lo decía a diario, y nunca fue suficiente.

─¿Alguna vez te he dicho que esta es la parte favorita de mi día? Iluminas mi corazón, me haces amarte cada vez más de lo que ya te amo.

Mi actividad favorita consistía en quitar esos mechones rebeldes de tu frente y besarte. Cada uno de esos besos siguen en mis labios, cada uno de tus Te amo están guardados entre las heridas y los pedazos rotos de mi débil corazón.

─Buenas noches, mis amores ─se despidió Jos, los dos no esperaban el momento para llegar al departamento a devorarse.

─Gracias por todo, nos vemos el lunes de regreso en la escuela ─ambos pusimos la misma expresión de no querer saber nada de la escuela─. Descansen, tengan cuidado.

─Em… ─me detuve acercándome a la ventana─. No olvides que siempre voy a estar para ti. Llámame si necesitas cualquier cosa.

─Sí… lo sé. Te quiero, Jos.

No respondió mi sonrisa. Él lo sabía, desconozco el tiempo que guardo ese secreto y si conocía todos los detalles. Al final fueron tantas emociones que mi mente bloqueó parte de ese día, no pude procesar por completo todo lo que paso.

Las luces estaban apagadas, ya era algo tarde. Supuse que la abuela ya estaba dormida, aun así, toqué su puerta para avisarle que habíamos llegado.

─Abuela, ya estamos aquí. ¿Estás dormida? ─no obtuve respuesta─. ¿Abuela?

En otra ocasión, no le hubiera tomado importancia e iría a mi habitación a besarte, quitarnos la ropa y dormir. Esa vez, no pude darme la vuelta, volví a llamar a su puerta. De nuevo, no tuve ninguna respuesta. La abuela tenía el sueño ligero, se despertaba con el más mínimo estornudo. Las veces que me dolía algo o no podía dormir, la llamaba y respondía al tercer segundo.




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