Volví al Mundial para Ganar Todo

Capítulo 16: La periodista

Lucía Vidal apareció en la oficina de prensa de La Masia un jueves. Yo estaba obligado por Gerard a dar una entrevista a un medio local. No quería estar ahí. La espalda todavía me molestaba y tenía la cabeza en otro lado. En Iker y sus 48% de confianza. En Torres y sus líneas negras en el cuello. En la moneda de 1930 que pesaba en mi bolsillo como una piedra.

Ella entró con una grabadora en la mano y una libreta bajo el brazo. Pelo oscuro recogido en una cola de caballo. Ojos color avellana. En la solapa, un clavel rojo. La reconocí al instante. La chica del estacionamiento.

—Soy Lucía Vidal. De Mundo Deportivo.

—Mateo Figueroa.

—Sé quién sos.

Se sentó enfrente. Encendió la grabadora. Empezó con preguntas de manual: cómo era jugar en La Masia, cómo me adaptaba a España, qué sentía al ser argentino en el Barça. Respondí con monosílabos. No estaba de humor para entrevistas.

Pero Lucía no era una periodista de manual. A la tercera pregunta, cambió el tono. Apoyó la lapicera y me miró fijo.

—Vos no corrés hacia el arco. Corrés hacia el compañero que está en mejor posición. Incluso cuando tenés la chance de definir. ¿Por qué?

—Porque el gol no es lo más importante.

—¿Y qué es lo más importante?

—Que todos salgan vivos.

Lucía anotó algo en su libreta. No me miró como si estuviera loco. Me miró como si entendiera.

—Esa frase es rara para un delantero.

—Soy un delantero raro.

Sonrió. Una sonrisa chica, apenas una curva en los labios.

—No vine solo por la entrevista —dijo, apagando la grabadora—. Ya te lo dije en el estacionamiento. Veo números. Desde los doce años. Sobre la gente. Pero hay algo que no te dije entonces.

—¿Qué?

—Tu número. Cuatro mil trescientos veintisiete. No sé qué significa. Pero sé que es importante. —Se inclinó hacia adelante—. La mayoría de la gente tiene números de dos o tres dígitos. Mi abuela tenía un tres. Mi padre, un siete. Pero vos... vos tenés más de cuatro mil.

—¿Días? ¿Horas?

—No sé. Pero es mucho. Muchísimo. —Hizo una pausa—. Y cambia. Cuando estás cerca de alguien que te importa, sube. Cuando estás solo, baja. Como si tu tiempo dependiera de la gente que te rodea.

—Como un ecosistema.

—Como una familia.

La piel se me erizó. Cada poro. Cada vello del brazo. Nadie me había hablado así de la marca. Nadie fuera de La Familia.

—Hay algo más, ¿no? —dijo Lucía—. Algo que tiene que ver con esa marca que tenés en la nuca.

Me llevé la mano al cuello. La cuarta línea palpitaba.

—¿Cómo sabés lo de la marca?

—Porque yo también la tengo. —Se bajó el cuello de la blusa. Ahí estaba. Una línea. Gris. Delgada. Justo en la base del cuello—. Me apareció a los doce años. El mismo día que vi el primer número.

—¿Y qué número ves ahora? Sobre vos.

—No me miro. No desde hace años. —Sus dedos temblaron alrededor de la grabadora—. La última vez que lo hice, tenía dieciséis. Vi un diecisiete. Diecisiete días después, mi padre murió. Desde entonces, rompí todos los espejos de mi habitación.

Se hizo un silencio largo. Afuera, alguien pateaba una pelota contra la pared. Toc. Toc. Toc. El sonido de siempre.

—¿Por qué me contás esto? —pregunté.

—Porque sos el único que puede entenderme. Porque cuando estoy cerca de vos, mi número baja. —Me miró fijo—. Y porque creo que juntos podemos cambiar lo que sea que está pasando.

Terminó la entrevista. Lucía guardó la grabadora. Antes de irse, se dio vuelta en la puerta.

—Mi artículo sale mañana. Si querés, lo leemos juntos. Tomando un café. Sin grabadora.

—¿Es una cita?

—Es una excusa.

Sonrió y se fue. Sus pasos resonaron en el pasillo vacío.

Esa noche, en el espejo del baño, las letras mostraron algo que nunca había visto:

VÍNCULO EMOCIONAL DETECTADO.

ENTIDAD: LUCÍA VIDAL. PERIODISTA.

TIPO DE MARCA: PRECOGNICIÓN NUMÉRICA (VARIANTE FEMENINA).

ESTADO: NO MALDITA. NO PORTADORA CONVENCIONAL.

EL SISTEMA NO TIENE PROTOCOLO PARA ESTA VARIANTE.

Y después, una línea que me dejó helado:

ESTA VARIANTE SOLO SE ACTIVA EN MUJERES DE LINAJES MARCADOS. SU FUNCIÓN NO ES ADVERTIR MUERTES. ES IDENTIFICAR AL PORTADOR PRINCIPAL.

ELLA ES LA PRIMERA DE SU TIPO EN SER DETECTADA POR EL SISTEMA. NO HAY PROTOCOLO PREVIO. APRENDERÁS SOBRE LA MARCHA.

ELLA TE ENCONTRÓ PORQUE ESTABA PROGRAMADA PARA ENCONTRARTE.

Toqué el vidrio. Las letras ondularon. Lucía no era una víctima. Era una aliada. Alguien que el sistema no podía clasificar pero que yo necesitaba.

En mi nuca, la cuarta línea palpitó. No con frío. Con calor. Por primera vez desde que la marca apareció, no dolía. Ardía. Como una brújula que acababa de encontrar el norte.



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En el texto hay: maldicion, renacimiento, futbol

Editado: 22.06.2026

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